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Burbujas ( 2)

Julius 12

Poeta que considera el portal su segunda casa
Busqué un sendero y hallé el más sinuoso:
el del latido frágil,
latido acorazado de espadas,
de ensueños enrarecidos y maltrechos
espantos,
el de una respuesta excesiva a los zarandeos
del alma
el de las imperdonables horas de zozobras
sumergidas
hundidas en el propio desencanto.
Por esas horas irrita mi cuerpo la madrugada
y para que no destruya tus horas,
hago este disparo de botella consumida
en un cuarto lejano.
Al memorar la vibración vital y el sudor precoz
que ardió con la prisa de un fuego fatuo,
como la espuma salobre que derramó besos
( ya que los ojos cansados hacen lo suyo),
imagino al captar lágrimas imperceptibles
un reciente amor.
Y puesto que a un amante le espera siempre
la ceguera,
la inutilidad de los vanos paseos por callejas
no lo embriagan porque quien ama nunca pide perdón.
Pero fatalmente en las sábanas húmedas de la pasión
es adonde la arena derrama y muere con el alma.
En ellas, en el voraz silencio, deberé dejar rodar
el límite y la vana inoperante aventura de los
juegos mentales
y el vano escarnio del desconcierto y el aturdimiento.
La compasiòn de nada sirve si un adiós destruye
y si otro adiós, lento y hondo, responde a otro adiòs.
Ya sin resistencia y encadenado a mis espaldas
beberè de tu copa la hermosura desgarrada de estos
sueños, de esta copa tan bella y tan manchada
de fragancias raras y de olores inolvidables
y del transcurso de caricias que velaron
absolutamente hasta dormir tu pelo suave,
siempre acariciados con tu mano pegada a mi regazo.
En algunos de esos instantes supremos de la almohada
Donde el amor rodó sobre la roca de profundos suspiros,
y el destierro ya no fue la flor roja del amanecer,
ya no fue un disparo de pasión desatada que se desintegra,
ni la entrega incondicional e inescrutable de la esencia ,
ya no fue siquiera un poema vislumbrado por el miedo,
o por el huracán que rumiando el desenfreno
que ni aún hechizado, ya partido en dos nunca se salva.
 
Última edición:
Busqué un sendero y hallé el más sinuoso:
el del latido frágil,
latido acorazado de espadas,
de ensueños enrarecidos y maltrechos
espantos,
el de una respuesta excesiva a los zarandeos
del alma
el de las imperdonables horas de zozobras
sumergidas
hundidas en el propio desencanto.
Por esas horas irrita mi cuerpo la madrugada
y para que no destruya tus horas,
hago este disparo de botella consumida
en un cuarto lejano.
Al memorar la vibración vital y el sudor precoz
que ardió con la prisa de un fuego fatuo,
como la espuma salobre que derramó besos
( ya que los ojos cansados hacen lo suyo),
imagino al captar lágrimas imperceptibles
un reciente amor.
Y puesto que a un amante le espera siempre
la ceguera,
la inutilidad de los vanos paseos por callejas
no lo embriagan porque quien ama nunca pide perdón.
Pero fatalmente en las sábanas húmedas de la pasión
es adonde la arena derrama y muere con el alma.
En ellas, en el voraz silencio, deberé dejar rodar
el límite y la vana inoperante aventura de los
juegos mentales
y el vano escarnio del desconcierto y el aturdimiento.
La compasiòn de nada sirve si un adiós destruye
y si otro adiós, lento y hondo, responde a otro adiòs.
Ya sin resistencia y encadenado a mis espaldas
beberè de tu copa la hermosura desgarrada de estos
sueños, de esta copa tan bella y tan manchada
de fragancias raras y de olores inolvidables
y del transcurso de caricias que velaron
absolutamente hasta dormir tu pelo suave,
siempre acariciados con tu mano pegada a mi regazo.
En algunos de esos instantes supremos de la almohada
Donde el amor rodó sobre la roca de profundos suspiros,
y el destierro ya no fue la flor roja del amanecer,
ya no fue un disparo de pasión desatada que se desintegra,
ni la entrega incondicional e inescrutable de la esencia ,
ya no fue siquiera un poema vislumbrado por el miedo,
o por el huracán que rumiando el desenfreno
que ni aún hechizado, ya partido en dos nunca se salva.
Muy bueno tu poema. Me encantó.
Saludos.
 
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