BURBUJAS DE CHAMPAN
Hay días en los que todas las horas son noche
y la sentina de mi barco sin destino
se llena de lujurias y peces de morralla
y hoy sin mayor razón de luminosas burbujas de champán.
Hay días sin horas relumbrantes
sin amaneceres ni ocasos días que son nada
aunque como hoy, sin que yo sepa el porqué
los inunden inesperadas burbujas de champán.
Entonces me debato en la sombra del no ser
y busco la más alta de las araucarias
para que de sombra al acantilado insondable
el elegido por mí para recuerdo de mis triunfos.
Entonces, también, me recreo en aquellas doradas
burbujas del champán recuerdo de plácidas noches
perfectas burbujas que ascendían hasta su muerte
sin la mínima protesta, como mujeres enamoradas
conjuradas por los automóviles de lujo.
Todo esto sucedía en tardes de un apagado dulzor
teñidas de matices de bronce sobre las casas azules
en los días que son nada en la nada del recuerdo
aunque hoy el tiempo se me ha disuelto como un río sin orillas
y sólo quede el paisaje de aquellas burbujas de champán.
Paseo arrastrando pesadamente la oscura mácula
de mi sombra con su aureola de penumbra
con que la que mi cuerpo, sin conciencia de su culpa
mancha el suelo flameante por la canícula redentora
sobre austeros enlosados como lápidas funerarias.
Vuelos presagiantes de las gaviotas graznívoras
me aterran pues auguran podredumbres y festines antropófagos
alrededor de las hogueras de una noche inmaculada
allí donde de la ciudad no llegan ni siquiera sus estertores
pero puedo ver en la espuma evanescente de las olas burbujas de champán.
Soy, quiero ser, una dorada burbuja de champán
que ascienda ingrávida hasta su muerte cierta
una burbuja esferoidal trepidante en su locura
esas dóciles burbujitas aceptando su destino
que parecen gráciles rostros de sirenas o medusas asesinas.
Placeres vagorosos en las doradas burbujas
jóvenes hechizadas en sus formas por el fuego de sus miradas
tardes de arena y calma en la destrucción de las olas
mar, compendio de formas femeninas, sueño
fermento de algún verso en el fragor de la noche.
Como las burbujas que mueren rectilíneas
en tranquilas oleadas de ardor y geometría
como los dorados cuerpos de las muchachas
que se disuelven tras el incienso humeante.
Así mis sueños de amor, con la claridad de un cilicio
mis noches de pasión rasgadas y vacías de poemas,
se marchitan como hermosas flores de cactus
y mueren en las tardes fronterizas del silencio.
Hay días en los que todas las horas son noche
y la sentina de mi barco sin destino
se llena de lujurias y peces de morralla
y hoy sin mayor razón de luminosas burbujas de champán.
Hay días sin horas relumbrantes
sin amaneceres ni ocasos días que son nada
aunque como hoy, sin que yo sepa el porqué
los inunden inesperadas burbujas de champán.
Entonces me debato en la sombra del no ser
y busco la más alta de las araucarias
para que de sombra al acantilado insondable
el elegido por mí para recuerdo de mis triunfos.
Entonces, también, me recreo en aquellas doradas
burbujas del champán recuerdo de plácidas noches
perfectas burbujas que ascendían hasta su muerte
sin la mínima protesta, como mujeres enamoradas
conjuradas por los automóviles de lujo.
Todo esto sucedía en tardes de un apagado dulzor
teñidas de matices de bronce sobre las casas azules
en los días que son nada en la nada del recuerdo
aunque hoy el tiempo se me ha disuelto como un río sin orillas
y sólo quede el paisaje de aquellas burbujas de champán.
Paseo arrastrando pesadamente la oscura mácula
de mi sombra con su aureola de penumbra
con que la que mi cuerpo, sin conciencia de su culpa
mancha el suelo flameante por la canícula redentora
sobre austeros enlosados como lápidas funerarias.
Vuelos presagiantes de las gaviotas graznívoras
me aterran pues auguran podredumbres y festines antropófagos
alrededor de las hogueras de una noche inmaculada
allí donde de la ciudad no llegan ni siquiera sus estertores
pero puedo ver en la espuma evanescente de las olas burbujas de champán.
Soy, quiero ser, una dorada burbuja de champán
que ascienda ingrávida hasta su muerte cierta
una burbuja esferoidal trepidante en su locura
esas dóciles burbujitas aceptando su destino
que parecen gráciles rostros de sirenas o medusas asesinas.
Placeres vagorosos en las doradas burbujas
jóvenes hechizadas en sus formas por el fuego de sus miradas
tardes de arena y calma en la destrucción de las olas
mar, compendio de formas femeninas, sueño
fermento de algún verso en el fragor de la noche.
Como las burbujas que mueren rectilíneas
en tranquilas oleadas de ardor y geometría
como los dorados cuerpos de las muchachas
que se disuelven tras el incienso humeante.
Así mis sueños de amor, con la claridad de un cilicio
mis noches de pasión rasgadas y vacías de poemas,
se marchitan como hermosas flores de cactus
y mueren en las tardes fronterizas del silencio.