Julius 1200
Poeta fiel al portal
Busqué un sendero y hallé el más sinuoso:
el del latido frágil,
Latido acorazado por espadas,por insomnios
y por maltrechos espantos.
El de una respuesta excesiva a los sarandeos
del alma,
En las imperdonables horas de zozobras
sumergidas en el propio desencanto...
Por estas horas irrita mi cuerpo la madrugada,
y para que no destruyan tus horas,
hago este disparo de botella consumida en el
propio desencanto de un cuarto lejano.
Al memorar la vibración vital y el sudor precoz,
que ardió con la prisa de un fuego fatuo,
como la espuma salobre que derramó besos,
pues los ojos cansados hacen lo suyo,
imagino al captar lágrimas imperceptibles
un reciente amor.
Y puesto que a un amante le espera siempre
la ceguera,
la inutilidad de los vanos paseos por callejas
ya no le embriagan porque quien ama nunca
pide perdón.
Pero, fatalmente en las sábanas húmedas de
la pasión,
es adonde la arena derrama y muere con el alma.
En ellas, en el voraz silencio, deberé dejar rodar
el límite y la vana e inoperante aventura de los
juegos mentales y el vano escarnio del desconcierto
y del aturdimiento.
La compasión de nada sirve si un adiós destruye y
si otro adiós lento, hondo, responde responde a otro adiós.
Ya sin resistencia encadenado a mis espaldas,
beberé de tu copa la hermosura desgarrada de estos sueños
de esta copa tan bella y manchada de fragancias verdes,
de olores inolvidables y del transcurso de caricias que velaron
hasta dormir absolutamente tu pelo suave, siempre acariciados
con tu mano pegada a mi regazo.
En algunos de esos instantes supremos de la almohada,
donde el amor rodó sobre la roca de profundos suspiros,
y donde el destierro ya no fue un flor roja del amanecer,
ya no fue un disparo de la pasión desatada que se desintegra
ni la entrega incondicional inescrutable de la esencia,
ya no fue siquiera un poema vislumbrado por el miedo
o por el huracán que rumiando el desenfreno, ni aún
hechizado, ya partido en dos nunca se salva...
el del latido frágil,
Latido acorazado por espadas,por insomnios
y por maltrechos espantos.
El de una respuesta excesiva a los sarandeos
del alma,
En las imperdonables horas de zozobras
sumergidas en el propio desencanto...
Por estas horas irrita mi cuerpo la madrugada,
y para que no destruyan tus horas,
hago este disparo de botella consumida en el
propio desencanto de un cuarto lejano.
Al memorar la vibración vital y el sudor precoz,
que ardió con la prisa de un fuego fatuo,
como la espuma salobre que derramó besos,
pues los ojos cansados hacen lo suyo,
imagino al captar lágrimas imperceptibles
un reciente amor.
Y puesto que a un amante le espera siempre
la ceguera,
la inutilidad de los vanos paseos por callejas
ya no le embriagan porque quien ama nunca
pide perdón.
Pero, fatalmente en las sábanas húmedas de
la pasión,
es adonde la arena derrama y muere con el alma.
En ellas, en el voraz silencio, deberé dejar rodar
el límite y la vana e inoperante aventura de los
juegos mentales y el vano escarnio del desconcierto
y del aturdimiento.
La compasión de nada sirve si un adiós destruye y
si otro adiós lento, hondo, responde responde a otro adiós.
Ya sin resistencia encadenado a mis espaldas,
beberé de tu copa la hermosura desgarrada de estos sueños
de esta copa tan bella y manchada de fragancias verdes,
de olores inolvidables y del transcurso de caricias que velaron
hasta dormir absolutamente tu pelo suave, siempre acariciados
con tu mano pegada a mi regazo.
En algunos de esos instantes supremos de la almohada,
donde el amor rodó sobre la roca de profundos suspiros,
y donde el destierro ya no fue un flor roja del amanecer,
ya no fue un disparo de la pasión desatada que se desintegra
ni la entrega incondicional inescrutable de la esencia,
ya no fue siquiera un poema vislumbrado por el miedo
o por el huracán que rumiando el desenfreno, ni aún
hechizado, ya partido en dos nunca se salva...
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