Maito ruiz
Poeta recién llegado
Dicen que los sueños son la razón de existencia de una persona, los únicos
capases de transportar a la gloria y infinitamente satisfactorios al verlos
realizados.
La vida y el destino jugaron distintos juegos, truncando la suerte,
y bastardeando al amor.
Sujeto a la orilla por miedo a naufragar en mares sin costas y barcos sin
destinos, fui acostumbrándome a la soledad, mis manos vacías abrazadas por
el desvarió solo me hicieron llorar.
Debajo de mil lunas supe cantar mi desdicha, y sin respuestas las estrellas
encantadas escucharon, con los ojos llenos de lagrimas trate de
amotinármele a la suerte sin poder lograrlo.
Ya no encuentro recurso alguno, tanto he buscado, tanto probar los elixires
de la maldad y no he podido encontrar mi manantial.
No pude encontrar quien beba el fuego de mis labios y con dulces caricias
alivie mi pesar, fracase nuevamente caminado en calles sin luz, sin afán de
encontrar lo que tanto he buscado, sin saber de donde vengo y con la
incertidumbre de hacia donde voy, seré quien nadie quiera que sea.
Ya no esperare la primavera, no dejare que el tiempo pase, nunca será tarde,
nunca viviré una guerra, no deseo ser parte de ninguna farsa, no seré
cómplice de ninguna muerte y ya no prestare mi cuerpo para la deseosa y
apasionante lujuria.
Hoy partiré, hoy empezara el final, en mi búsqueda me encontré frustrado
frente a la muerte, pero no, ya no he de huir.
Encontrare en su fatigado abrazo la tranquilidad de no ser nada más que un
recuerdo, un recuerdo que nadie llorara, un llanto que nadie escuchara.
En estas horas de muerte donde la cordura no perdura, y se impone la
impotencia, se que nada puedo hacer, si el vació se siente tan parecido a
esto, que asusta.
MR
capases de transportar a la gloria y infinitamente satisfactorios al verlos
realizados.
La vida y el destino jugaron distintos juegos, truncando la suerte,
y bastardeando al amor.
Sujeto a la orilla por miedo a naufragar en mares sin costas y barcos sin
destinos, fui acostumbrándome a la soledad, mis manos vacías abrazadas por
el desvarió solo me hicieron llorar.
Debajo de mil lunas supe cantar mi desdicha, y sin respuestas las estrellas
encantadas escucharon, con los ojos llenos de lagrimas trate de
amotinármele a la suerte sin poder lograrlo.
Ya no encuentro recurso alguno, tanto he buscado, tanto probar los elixires
de la maldad y no he podido encontrar mi manantial.
No pude encontrar quien beba el fuego de mis labios y con dulces caricias
alivie mi pesar, fracase nuevamente caminado en calles sin luz, sin afán de
encontrar lo que tanto he buscado, sin saber de donde vengo y con la
incertidumbre de hacia donde voy, seré quien nadie quiera que sea.
Ya no esperare la primavera, no dejare que el tiempo pase, nunca será tarde,
nunca viviré una guerra, no deseo ser parte de ninguna farsa, no seré
cómplice de ninguna muerte y ya no prestare mi cuerpo para la deseosa y
apasionante lujuria.
Hoy partiré, hoy empezara el final, en mi búsqueda me encontré frustrado
frente a la muerte, pero no, ya no he de huir.
Encontrare en su fatigado abrazo la tranquilidad de no ser nada más que un
recuerdo, un recuerdo que nadie llorara, un llanto que nadie escuchara.
En estas horas de muerte donde la cordura no perdura, y se impone la
impotencia, se que nada puedo hacer, si el vació se siente tan parecido a
esto, que asusta.
MR