Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
El cielo surca,
el cielo surcará mares de entornos de hechizos de puntos,
el aparte es el comienzo y todo vuelve hacia adelante.
El cielo surcará los mares, como un invitado a cenar con mi delirio,
pero esta vez tus ojos llenos de pálidos recuerdos y pasiones abrazadas al desnudo serán la sentencia para todos tus otro pretendientes. De ahí en adelante todo el cabello que vive en tu cuerpo, tus manos y pechos, tu pubis eterno, tu espalda llena de roces como el tuyo, serán la sinfonía de tus días, y de los míos.
Sucesos serán esos,
situaciones, nociones,
grandes tribulaciones.
Alcancías de la CIA, para el bolsillo de traficantes,
montones de polvo drogadicto,
diminutos vestigios cristalinos,
subir al cielo y caer al infierno,
todo en una tarde,
una noche o muchas noches.
Si corres, no llores,
persigo tu vestigio, tu semblante relleno de historias,
tus manos que desean tocar mis emociones.
Toda llena de ti,
estoy entero,
ligado, formado y deformado para ti y hacia ti,
no hay descanso,
pero el silencio se llena de epitafios,
y la cumbre se acerca y tú la tocas,
confiado en que has llegado,
has vencido y de paso me has tenido,
en un momento de huraño malhumor.
No te espero, ni te explico,
pero pronto llegarás a mil vacíos,
llorando a la entrada del infierno,
y nadie te ayudará a entrar,
lo harás tú mismo.
Vestigio desgarrado de su vientre,
tu madre revierte mil corrientes,
deja a su hijo amordazado,
herido,
lleno de sangre y encerrado en ella.
Santiago amanece nublado,
mil soles se fueron cuando llegaron,
y a lo lejos se escuchan los disparos,
detonaciones que desgarran uno y mil cuerpos,
orgías de sangre preparadas,
para el festín de la victoria inmerecida.
Buenas noches, mil cuerpos,
hasta mañana, diez miles.
Es una historia que comienza con otra, con otra mujer un año antes.
Es una historia que comienza de rodillas, y termina con un cuerpo devorando a otro, a esa "ella" que soportó mil seducciones, pero no pudo con la siembra,
ni pudo con ese hombre.
el cielo surcará mares de entornos de hechizos de puntos,
el aparte es el comienzo y todo vuelve hacia adelante.
El cielo surcará los mares, como un invitado a cenar con mi delirio,
pero esta vez tus ojos llenos de pálidos recuerdos y pasiones abrazadas al desnudo serán la sentencia para todos tus otro pretendientes. De ahí en adelante todo el cabello que vive en tu cuerpo, tus manos y pechos, tu pubis eterno, tu espalda llena de roces como el tuyo, serán la sinfonía de tus días, y de los míos.
Sucesos serán esos,
situaciones, nociones,
grandes tribulaciones.
Alcancías de la CIA, para el bolsillo de traficantes,
montones de polvo drogadicto,
diminutos vestigios cristalinos,
subir al cielo y caer al infierno,
todo en una tarde,
una noche o muchas noches.
Si corres, no llores,
persigo tu vestigio, tu semblante relleno de historias,
tus manos que desean tocar mis emociones.
Toda llena de ti,
estoy entero,
ligado, formado y deformado para ti y hacia ti,
no hay descanso,
pero el silencio se llena de epitafios,
y la cumbre se acerca y tú la tocas,
confiado en que has llegado,
has vencido y de paso me has tenido,
en un momento de huraño malhumor.
No te espero, ni te explico,
pero pronto llegarás a mil vacíos,
llorando a la entrada del infierno,
y nadie te ayudará a entrar,
lo harás tú mismo.
Vestigio desgarrado de su vientre,
tu madre revierte mil corrientes,
deja a su hijo amordazado,
herido,
lleno de sangre y encerrado en ella.
Santiago amanece nublado,
mil soles se fueron cuando llegaron,
y a lo lejos se escuchan los disparos,
detonaciones que desgarran uno y mil cuerpos,
orgías de sangre preparadas,
para el festín de la victoria inmerecida.
Buenas noches, mil cuerpos,
hasta mañana, diez miles.
Es una historia que comienza con otra, con otra mujer un año antes.
Es una historia que comienza de rodillas, y termina con un cuerpo devorando a otro, a esa "ella" que soportó mil seducciones, pero no pudo con la siembra,
ni pudo con ese hombre.
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