Unidas nuestras manos,
por peligrosa que sea la senda
o por pedregoso que sea el camino,
sobre corceles de platino
guiados por doradas riendas
cabalgamos.
Estrechados nuestros lazos,
por violenta que sea la tormenta
o por caótico que sea el vendaval,
con marfíleas sillas de montar
azuzando con plateadas espuelas
cabalgamos.
por peligrosa que sea la senda
o por pedregoso que sea el camino,
sobre corceles de platino
guiados por doradas riendas
cabalgamos.
Estrechados nuestros lazos,
por violenta que sea la tormenta
o por caótico que sea el vendaval,
con marfíleas sillas de montar
azuzando con plateadas espuelas
cabalgamos.