Renatto
Poeta recién llegado
Como caballo de pelo encrestado, no del fino sino del puro, lleva pegada en el pecho la sensación del horizonte, y sin camino marcado, lo asume y se va.
Cada paso un reto, cada vista un relinchar, beber del agua de aquel río que no conoce, que no existe para los demás.
Con cabeza altiva, solo para ver mejor, sintiendo las olas, sintiendo su voz, sus nobles ojos reflejan su corazón, paladar negro, sed contenida, campo abierto a la deriva, mantiene la calma, relincha dos por día, tres por paso y uno por recuerdo.
Renuncia a no llegar, aunque sea la mar el último aposento, solo Dios sabe en donde acabar, ¿Una señal? ¿Una mentira? ¿Un entusiasmo que no dura medio día? el mar, el camino, la verdad, la insolencia, la cobardía, el futuro, lo elogios, el sabor del pasado, no vale mirar atrás.
Azules y verdosos lo mares ve pasar, turbios unos pocos, aplauden, revientan azuzando al noble a continuar, galope y contra suelo, ritmo, estirpe, sollozos, recuerdos, brisas, lagrimas desentendidas pero firmes al final.
Inconsciente de lo que pasa, eleva su larga cabalgata, pierde el pánico a la realidad, de un mundo parco, mediocre y clandestino, eriazo, culposo, asesino, cobarde, nada cristalino.
Remonta sobre el paso sabiendo, he de llegar, distingue en su coraza fuerzas nobles de guerrero, derrota entre su llanto antiguas cobardías, y se impone.
Caballo de pelo encrestado, no del fino sino del puro, agitando los morros a su paso, perdiendo con cada estruendo la melena, y la herradura ya no mas que gastada uña, y sus muslos, ya no robustos, y sus ojos ahora tristes negros decaídos, y su alma, fija cóncava en su pecho, como si se arriesgara a no perderlo, aferrándose a él en un incontenible final.
Pierde el paso con cansancio, relincha, se asusta y medita, confunde sus miedos pero confía, estampa su huella como hierro en húmeda arcilla, remonta, perjura insolencias de malicias, calumnias, animas sin escrúpulos, pernoctes sin agua, adictos sin labia, presiente que está cerca
y se detiene.
Repasa el horizonte a un solo trazo, respira, contiene dolores no precisos, ansía, quiere, aviva, repudia la fuerza insuficiente y se entristece, tomando ganas de la soledad, forjando esperanza de lo desconocido, insolencias subidas del tirano son ahora su empuje, relámpagos y lluvia su mejor bastión, castiga el viento con su risa, y muere.
Cada paso un reto, cada vista un relinchar, beber del agua de aquel río que no conoce, que no existe para los demás.
Con cabeza altiva, solo para ver mejor, sintiendo las olas, sintiendo su voz, sus nobles ojos reflejan su corazón, paladar negro, sed contenida, campo abierto a la deriva, mantiene la calma, relincha dos por día, tres por paso y uno por recuerdo.
Renuncia a no llegar, aunque sea la mar el último aposento, solo Dios sabe en donde acabar, ¿Una señal? ¿Una mentira? ¿Un entusiasmo que no dura medio día? el mar, el camino, la verdad, la insolencia, la cobardía, el futuro, lo elogios, el sabor del pasado, no vale mirar atrás.
Azules y verdosos lo mares ve pasar, turbios unos pocos, aplauden, revientan azuzando al noble a continuar, galope y contra suelo, ritmo, estirpe, sollozos, recuerdos, brisas, lagrimas desentendidas pero firmes al final.
Inconsciente de lo que pasa, eleva su larga cabalgata, pierde el pánico a la realidad, de un mundo parco, mediocre y clandestino, eriazo, culposo, asesino, cobarde, nada cristalino.
Remonta sobre el paso sabiendo, he de llegar, distingue en su coraza fuerzas nobles de guerrero, derrota entre su llanto antiguas cobardías, y se impone.
Caballo de pelo encrestado, no del fino sino del puro, agitando los morros a su paso, perdiendo con cada estruendo la melena, y la herradura ya no mas que gastada uña, y sus muslos, ya no robustos, y sus ojos ahora tristes negros decaídos, y su alma, fija cóncava en su pecho, como si se arriesgara a no perderlo, aferrándose a él en un incontenible final.
Pierde el paso con cansancio, relincha, se asusta y medita, confunde sus miedos pero confía, estampa su huella como hierro en húmeda arcilla, remonta, perjura insolencias de malicias, calumnias, animas sin escrúpulos, pernoctes sin agua, adictos sin labia, presiente que está cerca
y se detiene.
Repasa el horizonte a un solo trazo, respira, contiene dolores no precisos, ansía, quiere, aviva, repudia la fuerza insuficiente y se entristece, tomando ganas de la soledad, forjando esperanza de lo desconocido, insolencias subidas del tirano son ahora su empuje, relámpagos y lluvia su mejor bastión, castiga el viento con su risa, y muere.