No sé escribir poemas de amor ni de fluidos
que se arrastran lentos como los gusanos,
los amores que yo veo se esconden secretamente
en las ratoneras bajo el negro resoplido de las estrellas.
Alguien imagina un queso en la puerta
y se traga el blanco obstáculo
esperando llegar hacia el espejismo deseado.
La luz llega de rebote, viéndola
también es otra forma de llegar del amante;
también golpea de esquina a esquina
y una vocecita de no sé qué diente de espera
pregunta
como si la voz fuera de compras
esperando el cambio:
"¿Eres tú?"
entonces
todo se vuelve puente
y el hombre resbala.