rafael tato
Poeta fiel al portal
La vi llegar,
con ojos de jardín florido;
como hoja solitaria buscando abrigo;
quería acompañar la pena,
abrazar la escondida tristeza,
mirarlo a sus ojos y decirle todo,
con una sonrisa de esperanza, de fuerza.
Así llegaba al mundo de las rejas,
de la muerte en vida,
de la caminata sin camino...
Sus lágrimas eran el saludo fatídico
de aquel destino que todo lo pudo.
Ahí estaba junto a él...Los dos,
como persiguiendo fantasmas
en un triángulo encadenado,
sin futuro...
Pero aún respiraban,
¡Se amaban!
Cada semana llegaba
con las manos abiertas
y su mirada profunda...
Era para él,
como el seno maternal al niño;
así los veía...
¡Días!...¡Meses!...¡Años!
y las rejas se hacían más duras;
aún había en él una sonrisa,
lejana perdida...¡Pero existía!
Un día como todos los días,
la vi partir con sus ojos cansados
y perfil de hoja seca;
así la vi, distraída, lejana,
fría como el iceberg,
inútil como el hacha partida;
sus ojos húmedos
¡Vidriosos se morían!
En una tarde de triste lluvia,
naufragaba la ilusión que sentía...
Nunca más la volví a ver,
sólo a él...
Como cactus abandonado,
¡Sin palabras!
¡Sin sonrisas!
¡Sin vida!
Tato Ospina
DRA
Colombia
con ojos de jardín florido;
como hoja solitaria buscando abrigo;
quería acompañar la pena,
abrazar la escondida tristeza,
mirarlo a sus ojos y decirle todo,
con una sonrisa de esperanza, de fuerza.
Así llegaba al mundo de las rejas,
de la muerte en vida,
de la caminata sin camino...
Sus lágrimas eran el saludo fatídico
de aquel destino que todo lo pudo.
Ahí estaba junto a él...Los dos,
como persiguiendo fantasmas
en un triángulo encadenado,
sin futuro...
Pero aún respiraban,
¡Se amaban!
Cada semana llegaba
con las manos abiertas
y su mirada profunda...
Era para él,
como el seno maternal al niño;
así los veía...
¡Días!...¡Meses!...¡Años!
y las rejas se hacían más duras;
aún había en él una sonrisa,
lejana perdida...¡Pero existía!
Un día como todos los días,
la vi partir con sus ojos cansados
y perfil de hoja seca;
así la vi, distraída, lejana,
fría como el iceberg,
inútil como el hacha partida;
sus ojos húmedos
¡Vidriosos se morían!
En una tarde de triste lluvia,
naufragaba la ilusión que sentía...
Nunca más la volví a ver,
sólo a él...
Como cactus abandonado,
¡Sin palabras!
¡Sin sonrisas!
¡Sin vida!
Tato Ospina
DRA
Colombia
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