Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre vivencias, cada ser percibe a su modo:
las músicas, matices y fragancias de la vida.
Algunos, ni siquiera reparan en ellas, otros,
sólo le dan su importancia elemental, y otros,
las exaltan en demasía: esos, son los artistas.
Yo, enredado un poco en cada género y ceñido
por mis limitaciones culturales, atrevidamente
aspiro a rapsoda; ya que las músicas, matices
y fragancias de la vida, se me hacen cada vez
más elocuentes y me llenan la testa irrebatibles.
No sé, ni sabré bien como expresarlos, pero,
como a fiereza de trueno y sosiego de lluvia,
o a rasgueo de viento en arbóreas guitarras,
amo la singular cadencia de tu voz, amor,
hasta cuando te ríes asomada a mis ansias.
Exalto entonces, mi discutible don poético,
(siempre tenaz en su intención épico-lirica)
y los portentos que me ofrenda tu persona:
Sacudiendo mis ínfulas canoras, como gallo,
nos dedico a vago oficio, un par de estrofas:
Me gusta lo que pinta el Careador, y, sumiso,
en tosco ejemplo metafórico: del pez obtengo
su chispazo de escamas, y en tus lomas, con él,
enciendo los mil pabilos instintivos de tu sexo
y mis perlas vertidas sobre el lienzo de tu piel.
Disfruto los perfumes que alternas insinuante:
el que vehemente emanas cual fragante astilla,
el de las uvas en el parral, (con que me besas)
el sugestivo de limonero en flor, (sobre tu seno)
y el entusiasta de este amor que nos impregna.
En definitiva: te canto como puedo. Cada cual...
las músicas, matices y fragancias de la vida.
Algunos, ni siquiera reparan en ellas, otros,
sólo le dan su importancia elemental, y otros,
las exaltan en demasía: esos, son los artistas.
Yo, enredado un poco en cada género y ceñido
por mis limitaciones culturales, atrevidamente
aspiro a rapsoda; ya que las músicas, matices
y fragancias de la vida, se me hacen cada vez
más elocuentes y me llenan la testa irrebatibles.
No sé, ni sabré bien como expresarlos, pero,
como a fiereza de trueno y sosiego de lluvia,
o a rasgueo de viento en arbóreas guitarras,
amo la singular cadencia de tu voz, amor,
hasta cuando te ríes asomada a mis ansias.
Exalto entonces, mi discutible don poético,
(siempre tenaz en su intención épico-lirica)
y los portentos que me ofrenda tu persona:
Sacudiendo mis ínfulas canoras, como gallo,
nos dedico a vago oficio, un par de estrofas:
Me gusta lo que pinta el Careador, y, sumiso,
en tosco ejemplo metafórico: del pez obtengo
su chispazo de escamas, y en tus lomas, con él,
enciendo los mil pabilos instintivos de tu sexo
y mis perlas vertidas sobre el lienzo de tu piel.
Disfruto los perfumes que alternas insinuante:
el que vehemente emanas cual fragante astilla,
el de las uvas en el parral, (con que me besas)
el sugestivo de limonero en flor, (sobre tu seno)
y el entusiasta de este amor que nos impregna.
En definitiva: te canto como puedo. Cada cual...
©Juan Oriental
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