jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
ninguno de los treintaitantos cabrones que he matado
en el jodido kentucky
resultó ser mi padre
cincuentón de aspecto hundido
blanco, 5 pies 11, pelambrera escasa
ojos azules como esos cielos de mediodía
que se tienden sobre las planicies de minnesota en abril
el hijo de puta mató a mi madre hace 12 años
y se oculta desde entonces entre malvivientes y drogadictos
que le dan a la puta botella en callejones perdidos y edificios abandonados
de cualquier ciudad lo suficientemente grande para que
nadie repare en un jodido zumbado de mirada desorbitada
que gesticula y habla solo en las esquinas
le rebanó el cuello en la cocina con el filo
de una lata de cerveza budweiser
y me encerró en el cuarto y yo no pude hacer nada
mientras ella se desangraba y el cabrón
terminaba de ver el puto superbowl en la tele
-y después huyó en el chevy y mi madre se quedó tiesa
y yo pasé los siguientes 7 años en un puto albergue para huérfanos-
llevo ya 4 buscándolo
en cada estado del midwest americano
hombre blanco, caucasoide, complexión mediana
barriga cervecera, mirada turbia como las ventiscas que asolan
las llanuras nevadas de minnesota en invierno
hace 4 años, a la luz de las farolas
miré a uno con su misma jeta
tumbado en un parque de lincoln, nebraska
le abrí la boca a la fuerza y sin pensarlo mucho
le metí el cañón de la 38 entre los dientes y disparé dos veces
-pero tenía el color de ojos equivocado-
una semana después, en una parada de autobús de omaha
un desharrapado se acercó a pedirme un cigarrillo
y sus ojos adquirieron un brillo tan cabronamente azul a la llama del encendedor
que no me quedó más remedio que volver a usar la puta 38
-pero mi padre aborrecía el tabaco-
ya ni siquiera me molesto en llevar la cuenta
de las veces que el hijo de puta se me ha confundido con otro
y mi récord perfecto de cagadas crece día con día
me he vuelto descuidado y soy como aquellos pistoleros del viejo oeste
que primero te llenaban el cuerpo de plomo y luego
te preguntaban el nombre
hace dos noches, a las afueras de richmond
en el parking de un jodido bar de camioneros
me cargué a un puto negro de casi 2 metros
que estaba meando junto a las ruedas traseras de un kenworth con remolque refrigerado
sabrá dios en qué mierda estaría yo pensando
.
en el jodido kentucky
resultó ser mi padre
cincuentón de aspecto hundido
blanco, 5 pies 11, pelambrera escasa
ojos azules como esos cielos de mediodía
que se tienden sobre las planicies de minnesota en abril
el hijo de puta mató a mi madre hace 12 años
y se oculta desde entonces entre malvivientes y drogadictos
que le dan a la puta botella en callejones perdidos y edificios abandonados
de cualquier ciudad lo suficientemente grande para que
nadie repare en un jodido zumbado de mirada desorbitada
que gesticula y habla solo en las esquinas
le rebanó el cuello en la cocina con el filo
de una lata de cerveza budweiser
y me encerró en el cuarto y yo no pude hacer nada
mientras ella se desangraba y el cabrón
terminaba de ver el puto superbowl en la tele
-y después huyó en el chevy y mi madre se quedó tiesa
y yo pasé los siguientes 7 años en un puto albergue para huérfanos-
llevo ya 4 buscándolo
en cada estado del midwest americano
hombre blanco, caucasoide, complexión mediana
barriga cervecera, mirada turbia como las ventiscas que asolan
las llanuras nevadas de minnesota en invierno
hace 4 años, a la luz de las farolas
miré a uno con su misma jeta
tumbado en un parque de lincoln, nebraska
le abrí la boca a la fuerza y sin pensarlo mucho
le metí el cañón de la 38 entre los dientes y disparé dos veces
-pero tenía el color de ojos equivocado-
una semana después, en una parada de autobús de omaha
un desharrapado se acercó a pedirme un cigarrillo
y sus ojos adquirieron un brillo tan cabronamente azul a la llama del encendedor
que no me quedó más remedio que volver a usar la puta 38
-pero mi padre aborrecía el tabaco-
ya ni siquiera me molesto en llevar la cuenta
de las veces que el hijo de puta se me ha confundido con otro
y mi récord perfecto de cagadas crece día con día
me he vuelto descuidado y soy como aquellos pistoleros del viejo oeste
que primero te llenaban el cuerpo de plomo y luego
te preguntaban el nombre
hace dos noches, a las afueras de richmond
en el parking de un jodido bar de camioneros
me cargué a un puto negro de casi 2 metros
que estaba meando junto a las ruedas traseras de un kenworth con remolque refrigerado
sabrá dios en qué mierda estaría yo pensando
.