Verónica- Luna
Poeta recién llegado
No recuerdo cuando empezó, en qué momento aquellas manos que me acariciaban se convirtieron en puños de acero. Los brazos que antes me abrazaban eran ahora mi cárcel; y las dulces palabras de amor, desprecios y gritos.
Cada golpe que tú me dabas, desfiguraba nuestros rostros; en el tuyo surgía la bestia.
Aquella noche no fue una de tantas. Mientras descargabas sobre mi quebrantado cuerpo lo que tú llamabas amor, no sé si por el destino, mis súplicas o el alcohol, caíste golpeándote certeramente.
Con tu muerte, creí quedar libre para siempre. No sabía entonces que algunas secuelas son para toda la vida. Como otra cadena perpetua.
Cada golpe que tú me dabas, desfiguraba nuestros rostros; en el tuyo surgía la bestia.
Aquella noche no fue una de tantas. Mientras descargabas sobre mi quebrantado cuerpo lo que tú llamabas amor, no sé si por el destino, mis súplicas o el alcohol, caíste golpeándote certeramente.
Con tu muerte, creí quedar libre para siempre. No sabía entonces que algunas secuelas son para toda la vida. Como otra cadena perpetua.
:: Así es, el respeto y la libertad esta por encima de todo.