AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
CADENAS DE MI CORAZÓN…
CASTIGADO como Prometeo con el alma
encadenada abandonada por las flores, y
las sirenas que en otros tiempos, fueron
pianos de colores para que mi canto fuera
mejor que el de las hespérides azules, que
enloquecían con mi paso por los bosques
y esos saxofones verdes, iluminando estancias
que transformaba los vinos de mi joven corazón,
en instancias en que la vida solicitaba dioses
para engañar a los niños azures de toda la historia.
Dolores y hechizos; cadenas y luces, arco iris
oscuros, sin tesoros ni pasiones, violines amaritos
que me hablaban en Re Mayor, para que yo
cantará la canción que más te gustó y que yo
recitaba con el viento de madrugada, para que
te antojaras un poquito más y me hicieras el
amor después de un café con chocolá y crema.
Campanas quebradas, musgo, historias repetidas,
mímesis de odaliscas, que como cobras rojas,
danzaban a la luz de un candil y de una llama,
en donde se prendían puros aromáticos, que
emboban a Hemingway ; Habanas y sabanas
quemadas, con crepúsculos que inspiraban
a las flotas de miles y millones de mariposas
canadienses y alas guitarras peruanas, que
siempre quisieron hablar por mí en sus vals.
Todo eso y las cadenas de mi corazón envueltas
en versos que nunca pude escribir, porque ya
no era necesario; habían muerto las flores y la
licencia del poeta para reencarnar tu historia…
augus 25 agotos 2015.
CASTIGADO como Prometeo con el alma
encadenada abandonada por las flores, y
las sirenas que en otros tiempos, fueron
pianos de colores para que mi canto fuera
mejor que el de las hespérides azules, que
enloquecían con mi paso por los bosques
y esos saxofones verdes, iluminando estancias
que transformaba los vinos de mi joven corazón,
en instancias en que la vida solicitaba dioses
para engañar a los niños azures de toda la historia.
Dolores y hechizos; cadenas y luces, arco iris
oscuros, sin tesoros ni pasiones, violines amaritos
que me hablaban en Re Mayor, para que yo
cantará la canción que más te gustó y que yo
recitaba con el viento de madrugada, para que
te antojaras un poquito más y me hicieras el
amor después de un café con chocolá y crema.
Campanas quebradas, musgo, historias repetidas,
mímesis de odaliscas, que como cobras rojas,
danzaban a la luz de un candil y de una llama,
en donde se prendían puros aromáticos, que
emboban a Hemingway ; Habanas y sabanas
quemadas, con crepúsculos que inspiraban
a las flotas de miles y millones de mariposas
canadienses y alas guitarras peruanas, que
siempre quisieron hablar por mí en sus vals.
Todo eso y las cadenas de mi corazón envueltas
en versos que nunca pude escribir, porque ya
no era necesario; habían muerto las flores y la
licencia del poeta para reencarnar tu historia…
augus 25 agotos 2015.