Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Cadenas
Escondo las cadenas que aprisionan mis miembros,
queriendolas cubrir con mi falsa alegría.
Se vuelven opresivas, con un sentir malsano;
las escondo de todos, menos del alma mía.
Despues de largo tiempo, y solo que me encuentro,
¿por qué aún las tengo si renegaba de ellas?
Pero el dolor que ciega, al cuerpo lo envilece,
no crece la grandeza en un páramo agreste,
y he morado mil veces en ámbitos extraños.
Si en ellos he sentido del mal la cofradía,
me amparo en el silencio en vez de queja;
y al mirar mis cadenas, quisiera que cayeran
cual deslizante arena en mis palmas abiertas.
Y que al caer se cuelen entre mis sucios dedos
medrosos, lacerados, para que así me libre,
para que tú me creas, para que tú comprendas
todo lo que me oprimen, dueña del alma mía.
Escondo las cadenas que aprisionan mis miembros,
queriendolas cubrir con mi falsa alegría.
Se vuelven opresivas, con un sentir malsano;
las escondo de todos, menos del alma mía.
Despues de largo tiempo, y solo que me encuentro,
¿por qué aún las tengo si renegaba de ellas?
Pero el dolor que ciega, al cuerpo lo envilece,
no crece la grandeza en un páramo agreste,
y he morado mil veces en ámbitos extraños.
Si en ellos he sentido del mal la cofradía,
me amparo en el silencio en vez de queja;
y al mirar mis cadenas, quisiera que cayeran
cual deslizante arena en mis palmas abiertas.
Y que al caer se cuelen entre mis sucios dedos
medrosos, lacerados, para que así me libre,
para que tú me creas, para que tú comprendas
todo lo que me oprimen, dueña del alma mía.
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