Café Extravagante Ville Valo.

Jugar

Me gusta jugar
con las hormigas rojas,
las ratas y las serpientes
porque ellas son tan dulces
tan inocentes

Me gusta verlas
jugar a las escondidas
y después querer
huir desesperadas
cuando son descuartizadas

Me gusta rociarlas
con alquitrán
y sentir cómo crujen
al arder

Pero ahora estoy triste
acabo de matar
la última rata

Amor ...
quieres jugar ahora conmigo ?
prometo no lastimarte

 
Cuando te levantas a jugar, yo duermo pero aún así espero

Espero como quien no sabe esperar, con las manos desnudas y el corazón lleno de esas pausas que nunca terminan. Tú corres entre las sombras del amanecer, desarmando el silencio con tus risas, mientras yo me deslizo entre sueños rotos, caídos como hojas de un árbol que nunca creció del todo.

El juego para ti es una conquista; para mí, es un eco. Te escucho, a pesar de estar lejos, a pesar de que mis ojos, cerrados, buscan entre pestañas la imagen de un sol que aún no me pertenece. Tus pasos son un idioma antiguo que mis sueños no descifran, pero que mi alma entiende.

El tiempo se detiene en tus manos, esas que no toco pero que siento. ¿Cómo lo explico? Es como si mi espera no tuviera forma, como si mi ser entero se desmoronara en una espera que nunca supo ser otra cosa. Tú te elevas con cada salto, y yo caigo un poco más profundo en esa quietud que llamamos noche.

Cuando ríes, creo que el día me espía desde las rendijas del sueño, burlándose de mí. "Todavía no", dice, y yo me someto. Porque no es el juego lo que me duele, sino el abismo de no alcanzarte, de saber que al abrir los ojos solo quedará el eco de lo que fuiste mientras yo dormía.

Y espero, aún así, como quien sabe que la espera no tiene final, pero tampoco principio. Espero porque el amor también es esto: mirar el vacío y saber que, al otro lado, juegas tú.
 
Yo la rana y tú el escorpión

Cruzas mi espalda como quien cruza un puente frágil, pero no titubeas. Yo te sostengo porque así me fue escrito, porque la corriente es mía y el río también, aunque a veces me ahogue en la certeza de lo inevitable. Tú, escorpión, llevas la daga incrustada en el alma; no necesitas blandirla, basta tu naturaleza para que el filo exista.

Avanzamos, uno sobre el otro, en un pacto tan absurdo que hasta el agua se detiene a mirarnos. ¿Quién soy yo, sino la rana, para cargar con tu peso? ¿Y quién eres tú, sino el escorpión, para desconocer que lo llevas? No hay mentira en esto; nos dijimos la verdad desde el principio. Pero la verdad es un arma que no perdona, y tu aguijón sabe demasiado bien cómo usarla.

El río se ensancha, se agita, y yo pienso en el final. No porque lo quiera, sino porque sé que llegará. Tú también lo sabes, lo siento en la firmeza de tus patas, en el veneno que palpita callado, esperando el momento justo, el punto exacto en el que mi piel será tu ofrenda.

"Es mi naturaleza", dirás, y yo no podré contradecirte. Mi naturaleza también me trajo aquí, me hizo sumergirme en estas aguas que ahora serán testigos de nuestra caída. Somos, al final, un acto de poesía maldita, una alegoría que sabe demasiado de las palabras y muy poco de la salvación.

Y cuando lo hagas, cuando el aguijón sea una verdad definitiva entre nosotros, no gritaré. No porque no duela, sino porque el dolor es lo único que nos queda: un instante de pureza compartida antes de hundirnos juntos, tú con tu veneno, yo con mi río.
 
La mariposa azul

Cuenta la leyenda...que en un pueblito lejano vivía un hombre que enviudo y quedó sólo en el mundo con sus dos hijas, las niñas eran inteligentes y muy curiosas, nunca se cansaban de aprender. Cada día le hacían miles de preguntas a su padre y si bien el tenía algo de sabiduría y podía responderlas, algunas veces no era capaz de hacerlo y las niñas no podían satisfacer sus deseos de saber más.
Él padre resolvió entonces enviarlas a vivir por un tiempo con su abuelo pues pensó que él sería capaz de resolver todas sus dudas.
Ellas atosigaban de preguntas al pobre anciano pero él respondía todas y cada una con simpleza y ejemplos sin embargo eran tan pero tan curiosas y juguetonas, las niñas, que le propusieron un reto le harían una pregunta tan difícil que ni siquiera el más sabio de todos los ancianos sería capaz de responderla.
Y así pasaron toda la noche en vela pensando la pregunta perfecta y cuando llego la mañana pusieron manos a la obra.
Una de las niñas fue al bosque a buscar una mariposa azul, la puso en su manito y le explicó a su hermana cuál sería la pregunta. Le preguntaría al sabio si la mariposa en su mano estaba viva o muerta. “Si responde que está viva, apretaré la mano y la mataré. Si responde que está muerta, la dejaré libre”. Respondiera lo que respondiera, el abuelo estaría equivocado y las niñas tendrían su victoria.
Llegado el momento, las hermanas le preguntaron al anciano si la mariposa en su mano estaba viva o estaba muerta. El sabio, sonriente y tranquilo, simplemente les respondió: "Depende de ti, ella está en tus manos. "
 
¿Mi vida depende de ti?

No, mi vida no depende de ti,
pero a veces, en el eco de tus palabras,
parece que sí.

No, mi vida no depende de ti,
aunque hay días en que el viento susurra tu nombre
y el aire se siente más ligero al respirar.

No, mi vida no depende de ti,
pero cómo negarlo:
cuando estás, el sol encuentra rincones que creía oscuros
y las sombras, tímidas, retroceden ante tu luz.

No, mi vida no depende de ti,
pero en la música del mundo,
tu risa es el acorde que equilibra mi canción,
esa melodía que no deja de bailar en mi pecho.

No, mi vida no depende de ti,
pero tus manos,
esas manos que no sostienen mi existencia,
han aprendido a dibujar caminos que antes no veía.

No, mi vida no depende de ti,
pero contigo,
la vida pesa menos
y el horizonte se siente más cerca.

Así que no, mi vida no depende de ti,
pero no sé si sabría
querer vivirla sin tu
sombra danzando junto a la mía.
 
Mi mariposa azul

Mi musa azul,
esa frágil mariposa,
llamada ilusión ,
que es sólo el reflejo
que dejas del otro lado del espejo,
esa que brilla con tu luz,
que teje con tus palabras,
que vive de tu aliento,
esa dice que estás equivocado,
que los sueños de su mente loca,
esos que alborotan sus neuronas
esos sueños se alimentan de ti,
que si te vas,
va sufrir,
como las águilas
se arrancará
las plumas a picotazos,
se romperá las uñas
contra los peñascos
quizás morirá de pena,
en un par de semanas ...
pero volverá a renacer
como el fénix de las cenizas,
para seguir viviendo
en los ojos que la leen,
sólo por tí.
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Porque hablamos de muerte,
si vivir en ti es mejor,
si tus manos deshacen el invierno
y tus ojos invitan al sol.

La muerte es solo un rumor lejano
cuando tu risa llena el cuarto,
cuando tus pasos dibujan caminos
que siempre me llevan a casa.

¿Por qué hablar de ausencia,
si tu presencia basta?
Si en el roce de tus dedos
despierta un bosque
y en tu voz se refugian las aves.

Hablar de muerte es negarte,
y eso sería el verdadero final.
Porque vivir en ti no es solo vida,
es eternidad.
 
Última edición:
23:34 Argentina ;)

La recaída

Y aquí estamos...

Y aquí estamos...
entre las hojas de un libro y un beso deseado.

Tu mirada encendiendo estrellas en mi noche
provocando el temblor de volcanes y cielos
entre mis deseos.

En un tiempo a temporal
las semillas se escabullen
abriendo un sendero de luz
entre las brumas.

Tu mano enciende estrellas en las mías
la ternura se desliza zigzagueando por la carne desnuda
los fantasmas navegan entre el adiós y el quedarse
con ángeles bañados en sangre sobre el abismo.

Y aquí estamos...
entre las hojas de un libro y un beso deseado.

el viento contemplando asombrado nuestros miedos
enloquecido por el dolor
de ver mis manos peregrinas
queriendo naufragar en tu piel
impotente ante el deseo
de tus besos descalzos
que no se atreven a internarse
en mis huellas mas allá del destierro.
 
Lamento

Lamento que el deseo no se haga realidad,
pero no es mi culpa,
ni la tuya,
ni siquiera del viento que nos arrastra a soñar.

El deseo tiene su propio idioma,
sus propias reglas absurdas,
y a veces pide más de lo que podemos dar,
o da menos de lo que merecemos.

No es mi culpa que tus ojos
me hayan enseñado el hambre,
que tus manos hayan dibujado mapas
donde no sé cómo llegar.

Lamento que el deseo nos haya mentido,
que prometiera jardines y nos diera espejismos,
que inventara un futuro que nunca existió.

Pero no es mi culpa,
ni tuya,
ni de los días que se desmoronan
como castillos de arena.

El deseo no entiende de caminos rectos,
se pierde, se cansa,
nos deja en esta encrucijada
donde solo queda lamentar
y seguir andando.
 
Pero..
Podamos imaginar

Podamos imaginar, amor,
hacer el amor como si el tiempo fuera un suspiro,
como si la tierra no tuviera peso
y nuestras manos fueran raíces buscándose.

Podamos imaginarnos, desnudos de sombras,
enredados como las ramas de un árbol
que no sabe de fronteras ni de límites,
solo de crecer hacia el cielo.

Hacer el amor como hacen los ríos,
desbordándose en silencio,
dejando que el agua encuentre su cauce
en la curva precisa de tu cuerpo.

Podamos imaginarnos respirando al unísono,
como dos fuegos que se abrazan y se consumen
sin saber dónde empieza el uno
y termina el otro.

Hacer el amor no como un acto,
sino como un lenguaje,
una palabra susurrada al oído de la noche
que no necesita traducción.

Podamos imaginar, amor,
porque en la imaginación también vivimos,
también ardemos,
también somos eternos.
 
Última edición:
La puerta

Busco la puerta
que me lleve a vos
a tu abrigo
y el silencio me envuelve
en el deseo inconfeso
de tus brazos invisibles

Sin tacto, sin saliva, sin piel
tus letras me incitan a volar
llegar hasta el océano de tu boca
mordiendo tu nombre en el recuerdo

Cubierta de olas rojas
por vos desafío a la tormenta,
engarzada en tules negros
solamente con tus alas

Deseos ,versos y besos
de mar y fuego.
 
Mi puerta

Eras el viento que llamaba a mi puerta,
un susurro que rozaba las bisagras
del alma, esa madera vieja,
gastada por inviernos y ausencias.
Te presentaste como un eco
de lluvias pasadas,
como un río buscando cauce,
y yo, un umbral que no sabía abrirse.

El amor llegó desnudo,
sin pompas ni ruidos,
como la luz que se filtra entre grietas,
como la raíz que encuentra tierra fértil
sin preguntar por permisos.
Tu mano, un verano tímido,
acarició la cerradura oxidada
y el cerrojo cedió ante el calor
de tu mirada.

Abrí mi puerta y el mundo cambió.
El afuera dejó de ser distancia,
el adentro dejó de ser soledad.
Trajiste contigo un aroma
a jazmines y fuego,
y de pronto, todo mi hogar
se llenó de ventanas.

Eres la llegada y el quedarse,
la madera que cruje bajo nuestros pasos,
la llave que no sabía que buscaba.
Hoy mi puerta no teme abrirse,
porque sé que tras ella,
siempre estará el horizonte
que tus manos dibujaron.
 
Llegaste como una gata,
silenciosa y cautelosa,
con pasos que eran susurros
y ojos que eran secretos.
Te deslizaste en mi vida
como quien conoce el camino,
como si cada rincón de mi ser
hubiera sido tuyo desde siempre.

Tu amor no era estruendo,
era un ronroneo cálido
en las noches más largas,
un roce delicado que hablaba
de confianza ganada,
de caricias prometidas
bajo la luz de la luna.

Amarnos era ser dos gatos
bajo el mismo cielo,
respetando la libertad del otro
pero buscando siempre
el refugio de nuestras sombras.
No hacían falta palabras,
nos bastaban los silencios,
el lenguaje sin voz
de miradas profundas
y suspiros compartidos.

Eras misterio,
pero también hogar.
Eras la noche y su calma,
el salto audaz
y el reposo tibio
en un rincón de ternura.

Hoy, cuando te veo,
me siento como una gato
que ha encontrado su rincón al sol,
ese lugar donde el mundo se aquieta
y el amor es un espacio suave
entre tu piel y la mía.
 
Dice la leyenda; "La princesa de fuego, ardiente y apasionada, era conocida por su poder para iluminar los cielos y su espíritu indomable. Pero una noche, en un acto de sacrificio para salvar a su pueblo, ofreció su propia esencia al cosmos. Su fuego eterno se transformó en una luna roja, que cada cierto tiempo brilla en los cielos para recordar su valentía y amor eterno."
 
Gracias

En un lugar de ensueño donde las estrellas son lágrimas de felicidad
y las nubes son suspiros
multicolores con perfume a jazmín de luna me encontré con un río esmeralda que fluía hacia el infinito donde se veía reflejada mi alma después de conocerte.

En la orilla del río había un árbol de rubíes que cantaba con susurros y sus ramas bajaban formando peldaños que me invitaban a explorar el secreto de las hadas que habitan en mi imaginación.

En el árbol encontré un cálido rinconcito donde mis sueños
dibujan aves que cantan canciones de libertad y manos mágicas que cuentan historias bailando sobre un tapiz donde cada hilo es un deseo y cada color un sentimiento gracias a vos.
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De nada, princesa de fuego

Te digo "de nada" mientras el mundo arde.
Tu voz, un incendio que no apaga la lluvia,
me recorre como un río de lava que abraza
y quema sin piedad mis dudas.

No necesito tus gracias.
Ya las he encontrado en el temblor de tus pestañas,
en ese suspiro que incendia las paredes,
en tu risa que desarma los relojes.

Eres fuego en carne,
un resplandor que baila entre las sombras
y convierte lo ordinario en cenizas.
Tu presencia me convierte en humo,
en algo que no puede sostenerse
pero que, en tu aire, encuentra forma.

Te doy "de nada",
porque tus pasos ya dejaron huellas en mi arena,
porque tus palabras ya tejieron nidos en mi pecho.
No hace falta que digas más.
Tu existencia basta para alimentar
todas las hogueras de esta noche.

Y si me pierdo en tu fuego,
déjame ser ceniza.
Déjame renacer en cada chispa
que explota al roce de tus labios.
Porque contigo, princesa,
el fuego no quema; el fuego vive.
 
De nada, princesa de fuego

Te digo "de nada" mientras el mundo arde.
Tu voz, un incendio que no apaga la lluvia,
me recorre como un río de lava que abraza
y quema sin piedad mis dudas.

No necesito tus gracias.
Ya las he encontrado en el temblor de tus pestañas,
en ese suspiro que incendia las paredes,
en tu risa que desarma los relojes.

Eres fuego en carne,
un resplandor que baila entre las sombras
y convierte lo ordinario en cenizas.
Tu presencia me convierte en humo,
en algo que no puede sostenerse
pero que, en tu aire, encuentra forma.

Te doy "de nada",
porque tus pasos ya dejaron huellas en mi arena,
porque tus palabras ya tejieron nidos en mi pecho.
No hace falta que digas más.
Tu existencia basta para alimentar
todas las hogueras de esta noche.

Y si me pierdo en tu fuego,
déjame ser ceniza.
Déjame renacer en cada chispa
que explota al roce de tus labios.
Porque contigo, princesa,
el fuego no quema; el fuego vive.

Gracias por la compañía y la inspiración :oops:
 
Labios de Pecado

Son tus labios,
la culpa encarnada en un rojo imposible,
la tentación hecha carne en un vaivén de palabras y silencios.
Son ríos que arrasan voluntades,
que se abren como puertas prohibidas al borde de la medianoche.

Muerdo el peligro y me desangro en tus besos,
no hay cura para esta enfermedad que me habita,
este deseo que ruge,
este fuego que arde en el altar de tu boca.

Tienes la culpa de mis naufragios,
de mis huidas a ninguna parte,
de mis manos vacías buscando siempre tu ausencia.

Tus labios,
pecado que no redime,
caricia que desarma,
poema que nunca acabo de escribir,
porque se detiene siempre en el instante de caer rendido
en el abismo de tu sonrisa.

Debería huir.
Debería cerrar los ojos y rezar letanías de olvido.
Pero aquí estoy,
como un tonto bendecido por la herida,
como un mártir que ha encontrado la gloria en el dolor de tu mordida.

Y no me arrepiento.
 
Última edición:
Yo no quiero

Yo no quiero la sombra que al río se desliza,
ni el eco de tu nombre perdido entre las brisas.
No quiero las migajas del tiempo que agoniza,
ni el falso resplandor de estrellas tan sumisas.

Yo quiero la verdad que en tus ojos se enciende,
el fuego inextinguible que en tus labios se extiende.
Quiero la tempestad que tu alma me ofrece,
la flor que, en el abismo, del abismo florece.

No me hables de promesas tejidas por el viento,
ni de un futuro incierto cargado de lamentos.
Háblame del instante que en tu pecho respira,
del latido que llama y que nunca se retira.

Yo no quiero el azul de un cielo indiferente,
ni el oro de la tierra que al alma no trasciende.
Quiero la sangre viva que en tu risa se abisma,
el verso que desgarra y despierta el carisma.

Si he de morir un día, que sea entre tus brazos,
cercado por el tiempo y tus cálidos lazos.
Que me lleve la muerte, pero deje el instante
de haber vivido en ti, profundo y fulgurante.
 
Hola... holaaa cafeteros... Felices Fiestas... Feliz semana...


Magia

Danzo al suave crepitar de tu magia
Giro, giro y me disuelvo en el lenguaje tibio y húmedo de tus caricias.

Un tambor en el pecho
marca el pulso de tu presencia en el vaiven de las olas.

Te miro con los ojos cerrados sin tiempo
somos ceniza ahora esparcida por el viento.
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La danza del tambor

El tambor resuena en la penumbra,
como un corazón atrapado entre barrotes de luna.
Late por ti, por tu sombra que se desliza,
como un susurro en la frontera de lo imposible.

Te pienso, y el aire se quiebra en cristales,
los ecos de tu risa se vuelven aves
que huyen de mi pecho,
dejando plumas de ausencia.

El tambor, eterno cómplice,
marca el ritmo de un amor que no debe ser,
que en la claridad de los días calla,
pero en la noche ruge como oleaje hambriento.

Eres el río que no puedo cruzar,
el fuego que ilumina pero quema,
la flor prohibida que deshojo en sueños,
sabiendo que su aroma me envenena.

El tambor grita lo que mis labios silencian,
y en cada golpe suena tu nombre,
tu piel, un mapa indescifrable,
y mis manos náufragas que jamás llegarán.

¡Oh, amor mío!
Que la oscuridad sea testigo de este delirio,
y el tambor, el guardián eterno
de un secreto que el alba no puede romper.

Porque aunque prohibido,
te amo como el mar ama la roca,
rompiéndose en mil olas
por la esperanza de un roce imposible.
 
Casi te rozo

Duele...
Duelen los huesos enamorados,
tu aire que se entierra en mis oídos.

Duele la realidad que moja las mejillas,
las alas que se extienden en otro universo,
la sangre estremecida,
sin roces, solo aire y sombras,
ecos que acarician el alma.

A la deriva mi barca se entrega,
aguas azules, cielos extraños,
lágrimas crucificadas.

Duele amarte en la lejanía,
las letras revueltas,
en ríos verdes, florecen.

Te siento aquí en mi alma.

 
Pacto

Hagamos un pacto,
de esos que no necesitan firma,
ni testigos,
ni fechas en el calendario.
Un pacto que se dibuje
con la yema de los dedos,
en la frontera de tu piel y la mía.

Nos encontraremos en ese universo,
en el rincón secreto
que sólo conoce el lenguaje del roce,
donde los relojes se detienen
y el deseo respira al fin,
como si fuera la última vez.

Funda tu piel en la mía,
sin miedo al incendio,
sin temor a lo eterno.
Deja que las sombras
sean cómplices
y el silencio, testigo.

Ahí donde las palabras sobran,
donde tus manos son brújula
y mi cuerpo, camino.
Hagamos un pacto
que sólo entienda el amor
cuando es incendio,
y el deseo, cuando se calma.
 
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