Café Extravagante Ville Valo.

Un poema que solo tú, mi amor, puedes entender
¿Y antes del Edén, me preguntas?
Lo cierto es que yo nunca supe de mujeres
y mucho menos de anémonas
ni antes ni tampoco después.
Nacimos en una playa,
desnudos, no existían hojas
ni manzanas para tapar el pudor.
Desnudos y lo único que le hacía sombra
a nuestra vergüenza era nuestros gordos vientres
borrachos de cerveza.
—¿Y antes…?— Pues, te digo que antes
no existía el concepto del romanticismo
ni los estereotipos. Solo existía
la desnudez y la necesidad:
pescábamos y cazábamos, vivíamos y moríamos
con toda la anatomía a flor de piel,
con mi miembro al alcance de tu mano,
con tu vientre rozando mi boca,
y entre abrazos de oso
temblábamos “siempre desnudos”
ante el rocío matinal.
Y el esperma al igual que la espuma marina
era solo una idea preconcebida del suicidio.
Del suicidio de aquellas anémonas y bártulos viejos
que no entendían un carajo
de la marea roja y de la puta menstruación.
 
Espantapájaros ―al alcance de todos― Oliverio Girondo
No sé, me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.
Oliverio Girondo
 
A Cortázar, a su Maga y su Cronopio
Las horas vestidas de nicotina
son la contracara del mate amargo sin fondo
la angustia deja surcos en el espejo
la risa escrachada quedó jugando en offside
por el maquillaje del destino
y sus fingidos payasos
siempre anhelamos mirar desde arriba
pero cuando llega la hora del abismo
y nos toca mirar desde abajo/ desde ese agujero sin piso
en el que caemos
y todo por pisar
sobre un cielorraso
quebrantado y desteñido por el thinner
entre saltos de nubes quemadas por los fuegos de los siglos
y los ángeles no nos rescatan porque son…
¡AY LOS ÁNGELES!
simples mitos desfallecidos
de una fábula extinta
alguien tendrá la culpa
Maga
alguien siempre la tiene que tener
y los errores al cruzar un camino restringido
un río sin puente
la mar sin timón ni salvavidas
el tifón de corazones de oleajes/ resacas y vendavales
son la usura
de lo poco que queda de la sangre perdida
la inocencia
y las tardes de rayuelas
la amnesia sería una sana manera de extirparte
Maga
pero bien sabes
que los fantasmas de tu sombra me aterrorizan
con sicarios besos de humedad fría
punzantes caricias
crueles nanas que mecen la cuna
en donde duerme
el eterno niño
son espectros sísmicos del llanto
son marismas de islas
sin tutoras sin Magas
que nos libren con sus hechizos
esclavos somos de la historia y de ese pozo sin fondo
¿qué podemos hacer…?
ya sabemos que los puentes no nos conducen al paraíso
o que los verbos son ineficaces en el momento de la acción
o que la mañana sólo es una cara más
de la soledad/ el café y los cigarrillos
el amor es cancerígeno
y su cáncer es el corazón
goteando
abortos
duendes verdes sin alegría
huérfanos infantes
oscuridades sin dejos rosáceos ni lilas
¿y dónde está el punto o la coma?
vieja pausa que dormía un poco a la aflicción
y calmaba la fiebre con todo
y sus convulsiones de huesos
Hoy admito que no quiero verte desde abajo
Maga
no quiero mirarte más desde aquí
no quiero ser una mancha en la distancia que jamás podrá ser un paisaje
o ni siquiera una borroneada línea
Maga
añoro tus abrazos
los necesito
no quiero ser más un cronopio de la soledad
me niego a mirar la vida desde abajo
con estos ojos verdes y chinos
vuelve con tu varita y has un conjuro de esos de los que tú sabes
para volverme otra vez un niño
(...)
por favor
a usted Don Julio
se lo pido
concédame una Maga para pasar los largos ratos
de este cronopio.
 
Tres etiquetas de puchos,
ya voy por la cuarta... y no me decido.
Como extraño aquella época
que tenía a los monos "de mi poesía"
redactando sobre máquinas de escribir,
exclavizados, fumando mis cigarrillos y tecleando,
escribiendo toda la maldita noche,
escribiendo mi novela preferida
o alguna puta novela de amor imperfecta.
Pero eran tiempos pasados.
Ah, pero la vida es así...
uno no tiene ni lo que quiere, ni lo que puede... no siempre.
Y luego aparece tu amante, tu única compañera,
la Soledad frente al espejo,
reflejando la apariencia de tu vejestorio ser.
Pues, ahí, tomas el primer vuelo que salga a Sevilla
para verla aunque sea por el cristal de la ventana a ella.
O por lo menos eso pensabas hacer
pues sabes que ya el tiempo no va a prorrogar un poco más tu juicio.
Y uno se conforma con "eso", con tal vez "aquello"
en donde ni tú eres ya un principe y ni ella una princesa.
Muy posiblemente somos escuerzos hinchados u horrendos sapos.
Y tenemos " esto" aunque ese "esto"
no sé sabe nunca ni lo que valió, fue o será.
Y hablo de ese vuelo que ni así, decidido, nunca tomé.
Cuatro cervezas rubias
y aún no me decido...
No me decido a redactar esta carta,
porque sé que te encanta el silencio, aún de vieja más
y cuando me ves hasta tus ojos se vuelven mudos, ciegos y sordos.
Y no soporto ese lacerante silencio,
esa discución sin palabras que arrasa nuestras almas
como si fueramos los dos sentandos en la barca de Caronte
yendo
vaya a saber a qué lugar
pero muy lejoz de la humanidad.
Yo no soy un ser inteligente, puedo ser pensante,
pero eso no te hace inteligente.
es más si piensas mucho dudas y temes,
jamás concretas, no vuelas hasta Sevilla.
La verdad es que ya cada vez más viejo,
ni me acerco un poco al poeta Luis De Cuenca:
"No puedo ir a verte a Marte
ni siquiera al cuarto de la plancha".
Y encima de no ser inteligente escribo por demás,
hablo tambien mucho, demasiado,
expulso vicios en forma de palabras,
y defeco, orino, hasta almuerzo,
todo junto mientras hablo.
Mientras tú, mi niña, solo me observas y callas.
Claramente la ventaja que me llevas es mucha.
Y ahora, ya, el tiempo pasa factura de los estragos de mi vida
y tú, mi amor, ni mis cartas ya lees.
Sinceramente, sé que la inteligencia se centra en callar,
callar como tú callas:
—¿pero cómo carajo se vive/ se siente sin gritar?—
—¿cómo se da un abrazo, un beso?—
—¿cómo se hace el amor sin pronunciar un te quiero?—
—¿cómo se anda por la vida sin tener el corazón en la boca?—
—¿cómo vuelo a sevilla en silencio?—
Y lo más jodido, —¿cómo te miro por el vidrio de la ventana estando mudo?—
Tal vez ahí, se centre nuestra más vil diferencia.
Es que el amor no es solo un músculo erecto
danzando en tu ingle
sino un intento de mueca expresiva y humana.
Un abrazo compasivo
que no nos deje pensar en la muerte.
Como le dije a mi viejo antes de morir en esa oxidada
cama de hospital:
—habla, grita... dime un te quiero, pá... que lo necesito—.
—Dime algo;
porque cuando el silencio llega
uno duerme para siempre—.
 
Hace dos días dejé el alcohol,
pero el hombre es de salir de una trampa
para caer
sobre un campo minado que puso algún ruso demente.
Y en este caso ese campo minado es una completa revolución
con nombre de mujer. Sí, con nombre de mujer ucraniana o rusa
pero es mucho más fácil llamarla Shara.
Shara, ese tipo de mujer que hace entrar en estado de paranoia a cualquiera
más allá de la poesía y todos los chinos que te hayas fumado.
Ya, si bastante tenía con la cirrosis biliar
y las shishas expeliendo una docena de chinos
vivitos y coleando en mis pulmones,
a eso hay que sumarle a Shara y sus poemas de amor.
Igual a un batido de anfetaminas y Valium en el marote
para que te creas un Rambo revolucionario
que con la única arma
de un birome bic y un block de notas
te atrincheras en el frente de Kiev.
Nadie dice que la vida de un poeta fracasado
u escribidor sería fácil y
mucho menos si conoces a Shara.
Claro; la rusa o ucraniana, aunque tengo mis dudas si es polaca,
cuando te hace el amor grita con todas sus fuerzas: “osen' Moskva”
y uno nunca comprende si es un grito de guerra o un orgasmo.
Pero lo que sí sabes es que la tensión arterial
desborda en un frenético cause azul y amarillo,
igualito a la ola en la Bombonera
en un pleno Boca vs River.
Y, a la mierda,
eso es lo que importa. Lo demás…
si es fascismo, proselitismo o incluso proxenetismo
es relleno
para esos artistas que solo saben decorar.
 
Lo peor es la costumbre…
como animalitos en un corral.
Bueno, se sabe que el hombre es un bicho de costumbres,
un bicho al que carnea, esquila y ordeña un único pastor.
Siempre acostumbrado a las mismas manos,
a esa ruda palabra que ordena.
Fieles corderos de un único Dios.
Allá vamos todos en hilera;
ni siquiera el flautista de Hamelín lo hubiese logrado mejor.
En fin, se puede decir que es la suerte de las ratas…
Y como se pueden imaginar, el hombre tiene mucho de rata.
Pero eso tanto no importa… lo que importa es elegir
y mientras nos quitan 2 tornillos de la nuca
para bajar la tapa de la casetera y así meter un viejo y gastado cassett
«es que no hubo tiempo todavía de inventar los implantes de chip» «el diseño está, pero no hay presupuesto» que repite, repite y repite…
“QUEDATE EN CASA”
por la salud de estar crónicamente enfermo,
por la dicha de andar tan desdichado,
por la inocencia de todos los pecados,
por esa pureza de ya no ser más puro
y por ese gran amor
con el cual más odiamos…
“QUEDATE EN CASA”
Pero… «siempre hay un pero»
¿Qué hacemos en una casa?
Hacemos una casa o más casitas,
tomamos el té
o simplemente tiramos nuestros últimos dados
o aún mejor
jugamos a la escondida
con las sombras de nuestras muertes.
Pero… «siempre hay un pero»
no importa,
lo que importa es que
tenemos sed, hambre y ansias;
y nos morimos para vivir…
Es que ya agotamos la paciencia de años
 
Y de golpe,
frente a la mesa,
sobre el plato
te miras
como un fulano
que se refleja a sí mismo
con esa sutil mueca
que indigesta hasta
los más menesterosos.
Te observas
matando una mosca
sin ninguna pizca de malicia.
Te observas
como un pedazo de carne
aún sin cocinar.
Desde tu estómago
evoluciona
un cantico villano
con el hambre
amurada a los huesos,
con la fatiga
de los largos años…
Te observas
alzando la vista
a un horizonte nacarado
sobre un plato vacío.
Tú sabes que
tienes un nombre propio
hambriento
de sombras,
luz,
ansias…
Un apetito voraz
de alboradas.
Pero las horas transcurren
para tu rosa de sangre
envejecida
por un cielo de grasa.
Y en un momento
sabes
que no va haber más
huérfanos de cenizas,
niños/lágrimas.
Mea culpa
del ojo tuerto
que nos mira.
Mea culpa
de la sonrisa rancia.
Mea culpa
de la noche
y sus nauseas.
¡Mea culpa!
—Oye, Muerte,
tú, también, sabes
que no hay otro
sobre este plato
más yo
engullendo estos ojos
y también los tuyos —.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba