Ahí estaba yo, en ese estupor de debilidad, la fiebre me minaba las fuerzas, pero no fué un sueño lo sé. El llegó no lo vi, peor lo presentía...esa fuerza, energía...negativismo. Afuera llovía a cántaros. maquinalmente le seguí.
El Infierno no llamea sabes?...Es suburbial, alpino y siempre llueve, lo que provoca que haya un barro espeso que se te pega a todo el cuerpo, viscoso, desagradable.
Yo el seguí, en el estado debilitado ene que me hallaba, a él...ese ente que quizas ahora...si, ahora ya podía ver...pero más que su visión, su forma...su olor y su repulsivo magnetismo de maldad, era lo que me atraían a seguirlo.
Así viajamos un buen rato. Mi curiosidad de escritor, me impelía, y se imponía a mi instinto de sobrevivencia. Huelga decir que aún en mi estadio febril, el corazón parecía quererseme reventar, el miedo me comía a lengüetazos, pese a todo , como dije seguía tras él.
El infierno se me presentaba como caserones antigüos, mansiones derruidas, y callejuelas de tierra mal trazadas, innumerables charcos, que chapaleaban a mi paso, Yo a cada momento resbalaba, iba completamente empadado, de sudor, de curiosidad, de barro y miedo.
Él, se paró en uno de los grandes portones de vetusta madera, este abrío haciendo chirríar sus oxidados goznes, el me miró de soslayo como para asegurarse que iba tras de él. Luego de lo cual ingresó al recinto.
Al llegar ahí recibí una desagradable bocanada de aire caliente, que contrastaba con el frío de afuera. La humedad se sentía repulsiva en ese contraste de calor frío.
En el díntel de la puerta, miré dentro, de un gran foso círcular, sobresalia un promontorio dodne yacía él, como gran Súltan, abanicado por plumas de avestruz, vaya estampa estúpida y surrealista. En el foso había gente de todas las razas del mundo vestidas de todas las fromas y de todos los tiempos. Sus ojos fosforecía semejantes a ratas, sus miradas por un momento se centraron en ese intruso que era yo...a la vez que me dejaron ver sus sonrisas sardonicas.
Él levantó una mano y todos se postrarón de rodillas. Complacido, me dirigió una mirada, desafiante, altanera..a mí, a un infeliz escritor?...y para que pensé yo?...
Su manod escendió, señal para pornse de pie. Un murmullod e espectación general barrio el atrio. Yo apenas podía sostenerme sobre mis temblorosas piernas, una terible nausea me invadía, sin poderlo evitar más...vomité...
pensamientos negros
bílis de locura
estertores de impotencia
voz vacilante de la razón
sinrazón de vida
humenate engañod e dioses.
Somos esos animales
que se engañan
por no querer aceptar su mortalidad
somos esos "humanos"
que juegan a ser inmortales...
somos esos mentirosos
que inventamos el cielo
somos esos chapuceros
que inventamos el infierno...
tan sólo
animales
solos.
Una vez más levantó su mano pero esta vez en ella había un libro algo grueso, al cual la iluminación del lugar provista por lumbreras hacia parecer rojizo y en su carátula portaba algo similar a una cruz. Y sucedió, que al verle alguna de la gente del pozo, esta inmediatamente chillo como ratas, ys epostro frotandose los ojos , como si un rayo los hubiese dejado ciegos empezarón a revolcarse...y los demás ahí presentes empezarona mofarse de ellos. Luego, él, metió la mano a un bolso y tomó un puñado de su contenido,
mismo que esparció entre la gente. La cual empezó a disputarse la posesión en sangrientas peleas. Quienes lograban hacerse con algo de aquello al aprecer tan preciado, lo llevaban a su boca y empezaban a masticarlo, pero era tan duro que sus dientes se quebraban y la sangre manaba incontenible. Una visión brutal aquella. Lo que él les había arrojado...¡era oro!.
Yo miraba incredulo la escena, que se repitió más veces. Él siempre levantando un libro diferente, hasta más de veinte. y cada que izaba alguno, una parte de de la gente, se incaba, lloraba, se postraba y entraba en histeria colectiva. Algunos e golpeaban el pecho, otros se cosian los labios, unos más se atravezaban los parpados cone spinas...algunos más parecía orar. Eso hacian aquellos para quienes el libro levantado parecía significar algo, en tanto que los demas solo se mofaban riendo estupidamente, pero la escena final siempre era la misma...él arrojaba el oro y sonriendo burlón, de cuando en cuando me dirigía la mirada, como diciendo...si hay poder en esta tierra sobre los hombres: ¡es mío!...
Después el oro era disputado por la gente , parecían cerdos de boca sangrante comiendo esos dorados granos entre sus miserables chillidos.
Así ví, un libro con caracteres ojivales, alguno tenia un dragón, otro más un ojo, alguno un sol...muchos libros...
Los golpes de la casera queriendo derribar mi puerta, resonaron como martillos sobre láminas en mi sienes que querian explotar. mi cuerpo entero yacía totalmente empado en sudor.
- Isacc perdona que te moelste, pero es día de que me pague la renta...
uffffff
nada malo?
jajaja
aún pueod escribir, pensé que lo había olvidado. Y bueno son primicia estas letras...jajaja..en realidad todo loq ue cuelgo en este apartado sale al instante...y me esta gustando jajaja...escribir online...mire que nos eme da jajaja...
letras fresquecitas jajaja...
Dios si que estoy recargado...
Dimitri Reload...
En fin curese pronto... y gusta café...jajaja
Hospital Ville Valo...
jajaja