marycry
Poeta recién llegado
Café Literario
Estaba muy confundida, ¿ir o no ir?, he allí el dilema. Mi esposo e hijo llegarían temprano a casa para tomar once, así que los esperé hasta las 19:30 con mi hija menor. Luego, sirviéndome apresuradamente un café, decidí partir en ese mismo momento.
Llovía copiosamente y hacía mucho frío. Tomé un paraguas y comencé a caminar cabizbaja, con pasos lentos y firmes, pensando que tal vez mi decisión no era correcta. Anochecía y estaba obscuro ya, ¡cómo no iba a ser así si era un día de pleno invierno!
¿Qué haría allí? Alguien como yo, acostumbrada a sentirme la persona más dura del mundo. O un tanto enmarcada en lo material, según mi esposo. ¿Por qué dudaba tanto?
Finalmente, llegué a la Junta de Vecinos. Tímidamente, empujé esas puertas pesadas y difíciles de abrir; eran dos hojas rojas atiborradas de letreros dispersos en forma desordenada y poco estética. Rápidamente pensé: “¡Uf! Me equivoqué, no es acá”; cerré la puerta, volteé hacia atrás y busqué mirando todo el entorno. La noche hacía distinto el lugar.
De pronto, se abrió la puerta con brusquedad, apareció Horacio sonriente como siempre; miré hacia el centro del salón y seguía sintiendo que no era allí. Estaban todos en ruedo, con música ambiental y yo allí, clavada en la entrada, confundida. Tímidamente, hice una revisión acelerada de todo lo que allí sucedía; entonces, sentí el aroma suave y penetrante del vino navegado. “¿Qué es ese olor, Horacio?”. “No sé”, me respondió, “yo no he tomado nada”, dijo riendo.
Por el hombro de Horacio, pude ver al tranquilo y alegre Julio, la sonrisa divertida de Lucía y a Erika, quien me había invitado a su café literario. Para mí, todo fue un mar de confusiones, dónde estaban las mesas, el café, los libros, etc. Claramente no sabía lo que era un café literario. En fin, me dije: “Ya estoy aquí, veremos qué pasa ahora”. En todo, caso sólo estaba allí apoyando a una amiga, quien por primera vez reunía poetas que pertenecían a una página llamada Mundo Poesía.
Fueron presentándose uno a uno, yo los veía a todos como poetas, y seguía preguntándome “¿qué hago aquí? Solamente escribo cuando estoy triste, cuando estoy feliz, pero no hago versos”, etc.
¿Cómo se hace un poeta? De niña fui sólo una admiradora ferviente de Gabriela Mistral, recitaba uno a unos sus poemas. Luego, de adolescente, me llamaban ratón de biblioteca. Y eso hacía que me sintiera un bicho raro, incomprendida por todos y hasta por mi yo interior.
A pesar de que leía tanto, no era una buena alumna, todo mi tiempo lo ocupaba en leer cuanto libro se cruzara en mi camino. Floja me llamaban, porque la lectura para mí era más importante que todo a mi alrededor.
Después, llegó el tiempo de ir a la Universidad, pero decidí quedarme en casa para formar un hogar con padres presentes, educar yo misma a mis hijos, bien o mal, no podía saberlo, pero estar allí presente cuando me necesitaran.
¿Dónde estaba hoy? ¿Dónde estaba la admiradora de Gabriela Mistral? ¿Escribiendo y botando todo cuanto escribía? ...
Retomando lo que viví, en ese lluvioso atardecer de sentimientos encontrados, donde mi pasado y presente se hicieron uno solo, las personas presentes en el Café Literario ya pasaban a ser una parte de mí. No sentí que era extraña para a ellos ni ellos para mí, ya sentía que pertenecía, amaba sin pensarlo a ese grupo de cálidas personas, que iluminaban el entorno como mariposas en un día primaveral.
Después de un día frío y lluvioso se asoma una hermosa y enorme cordillera, blanca e imponente solamente comparada con Dios. Resplandeciente a los ojos de todo el que la desee observar. Pensé: “así los veo ahora; después de asistir al café, todo resplandeció, los ojos de mis compañeros tenían una luz que antes no podía percibir”.
Lo que allí se vivió no tiene hoy explicación, solamente dar gracias a Dios, quien me dio la vida y me brindó la posibilidad de conocerles en esta hermosa reunión.
Marycry
Santiago, 05 de agosto de 2011.
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