R i g o
Poeta reconocido.
Mira,
acércate,
asómate a esta cajita musical,
que encontré triste tirada y maltrecha
De ella sale un ritmo sincopado y luces neón.
No hay nada nuevo aquí dentro, pero mira
Fíjate, siéntela.
De nuevo hay hermoso fuego en sus calles,
De nuevo T.V.,
radio,
las rancheras,
la cumbia,
el tequila y los tacos.
De nuevo eyaculaciones en el metro,
violaciones en la pobreza,
hijos bastardos.
Los hombres más viejos siguen quejándose de la vida,
esperando a la muerte que no llega,
Las putas siguen llorando
paradas en medio de las mañanas grises de septiembre,
Viejos jipitecas de ojos muertos comen hongos sentados en ruinas
que ellos mismos alimentan,
mirando al cielo/muralla que impedirá el paso del viejo,
cansado dios.
Los hombres jóvenes
siguen pareciendo vergas henchidas en sangre por las calles,
parados con miradas locas,
acariciándose los huevos en avenida central,
o en plaza satélite,
o en la triste alameda de oriente,
o en el confesionario,
erectos en santa María la Rivera,
sacudiéndose demencialmente
pensando en la mujer más cercana.
Los niños caminan limpios y bien peinados a sus escuelas de odio,
Y sus maestros piensan angustiados en los años perdidos dentro del aula de la apatía,
Acariciándose el alma
con la confortable idea del suicidio.
Mira a Las avenidas
que siguen pobladas de mausoleos tristes de las causas justas,
mientras sus calles centrales son un colosal auto viejo
que corre a seis mil demonios de fuerza
por la carretera polvorienta de la historia oficial.
O mira allá a los hombres del poder;
elegantes, graciosos, juveniles, incluyentes,
Atascándose,
atragantándose con sus mentiras,
embriagando al pueblo con retórica
(y de esto, fíjate bien, son culpables unos y otros, es un pueblo enano).
Algunos hombres siguen gritando ¡no pasarán!,
joder, siempre pasan.
Esos mancos de la orilla se desgañitan ladrando
este puño sí se ve,
pobres hombres
Por allá los poetas siguen empeñados en ahogarse en sus juegos abstractos, creando volúmenes monumentales
de mierda de autoconsumo,
novelistas bebedores de martinis
y comedores de bocadillos,
escriben enfurecidos pastosas novelas para asustar a las abuelas,
para deslumbrar a adolescentes mentales.
Elites podridas, sin duda.
Jóvenes furiosos siguen creyéndose héroes de cabaret,
Siguen brotando bukowskis
de cada bar apestoso que los escupe a las calles
como gargajos,
Todos se creen artistas,
escritores,
los más grandes cabrones fabulosos borrachos
Haciéndose los malos por las calles húmedas de julio,
¡puta escoria!,
creándose corazas de metal, alcohol, Anfetaminas, Heroína, todo sirve.
Bukowski y Ginsberg y Miller seguramente ríen de todos ellos.
Pero en las oficinas,
en los despachos,
en las fabricas es peor,
y todo ha sido así desde el comienzo,
Mira a esos hijos de puta aplastándose como cerdos,
mostrando sus colmillos de palabras,
gruñendo con los ojos,
todo sea para tragar el maíz rancio
que les arroja el respetable patrón
desde su cerdo pesebre de aluminio y plata.
Mira también esas,
las Universidades,
templos muertos de sabiduría de cubículo,
Y sus jóvenes estudiantes,
atragantándose con la basura que les dan,
Peleándose,
mordiéndose.
No son muy diferentes de las serpientes,
Hablando de realidades ficticias,
bestias de aula,
dicen que ellos son el futuro.
Pero mira más abajo,
Indígenas vendiéndose como adornos de aparador en pueblos kitsh
Inventados para judíos taimados, norteamericanos retardados,
europeos oligofrénicos y orientales hiperactivos.
síndrome de Estocolmo sin duda,
Pero esfuerza la mirada,
escarba con los ojos,
mira más abajo,
bajo los vagos violentos ,
bajo los niños callejeros hinchados de pegamento,
bajo las alcantarillas/hogar,
bajo periférico,
bajo río churubusco,
bajo el bordo de Xochiaca,
ahí enterrada,
en las raíces mismas de la caja
Quetzalcoatl yace cadáver sepultada por la ciudad,
asfixiada por escombros de monotonía y desesperanza,
bajo franquicias de Mc. Donalds,
bajo el Palacio Nacional,
bajo falsos danzantes aztecas que agitan sus cascabeles por dólares,
bajo todo esto yace la serpiente,
mientras la Coatlicue llora de rabia y espera su momento,
el momento en que la tierra retemblará de nuevo desde su centro,
como ladra un viejo himno de guerra y muerte.
Mira como todo jira, jira,
todo ese movimiento,
toda la disonancia,
todos los gritos apagados,
mira todas las niñas muertas en el Bordo,
todos los cadáveres en camionetas,
todos los vendedores de ataúdes,
todas las mujeres lavando ropa en las azoteas de vecindades,
todos los niños chillando en el parque,
todas las secretarias promiscuas de satélite,
todos los mariachis borrachos en garibaldi,
todos los indígenas con acordeón perdidos en el metro La Raza,
todos los traficantes de tepito y de la guerrero,
todos los secuestradores en las Lomas,
todos los marchantes de Jamaica,
los abajofirmantes de Proceso y La Jornada,
todos los catedráticos sicóticos de la UNAM,
todos los atletas ciegos en la Deportiva,
todos los ambulantes,
todos los sin empleo,
todos los inadaptados,
todas las vedettes de los ochentas,
todas las sirvientas de la alameda,
todos los punks atrincherados en el Chopo,
todas las putas de San Pablo,
los perros,
los taxistas,
las panaderas,
los ancianos jugadores de ajedrez,
los porteros,
los delanteros,
los adictos,
los de la basura,
los empleados,
todos mantienen un retorcido orden,
un caótico,
frágil,
perfecto,
enfermo orden
y Así ha sido desde el comienzo.
Y cada año todos,
hombres y mujeres,
niños, vagos, putas, poetas, borrachos,
marchan juntos,
y cantan ante la cumbre de la hipocresía materializada en trapo multicolor, ¡viva!,
¡viva todo!,
¡batamos las campanas!
¡viva esto! ¡viva la masa!
¡Viva la amnesia selectiva! ¡ viva! ¡viva la muere, señores!.
Silencio,
Hay un hedor,
El olor que escurre de la caja
y que escarba en nuestras narices es terrible,
dicen unos que es el drenaje,
dicen otros que es la puta gente pobre
que quiere cambiar las cosas desde la calle.
Esquizofrenia colectiva.
Nada de eso,
escucha hermana,
escucha hermano,
ese hedor terrible que nos perfora surge porque
E s t a cajita de música
es el alegre ano del mundo.
Y esto, se supone,
es bello de una irracional manera,
Es bello,
se dice, a pesar de la terrible soledad en la que se muere en las megalópolis,
es bello,
se dice,
a pesar del odio,
de la traición,
de la mentira,
y claro,
a pesar del olor,
Es bello se supone,
a pesar de la zozobra matutina que se puede palpar en las calles,
En los metros,
en las avenidas atascadas de cacharros de ultima generación,
Es bello se supone,
a pesar de que nadie se gusta,
es bello se repiten,
es bello de una retorcida,
enferma forma.
Y así ha sido desde el comienzo.
Quien soy yo, se dicen los habitantes de la cajita,
soy el hijo de todos ellos,
¿Qué autoridad tengo?, increpan
No he conocido otra cosa les grito
No he conocido otra cosa más que esta;
La guerra más despiadada.
Y estas letras pringosas que saltan a tus oídos,
estas ruidosas letras con temática de fotocopia,
estas letras de ritmo monótono,
estas letras que no son nada nuevo
Estas letras
Dan un giro más a la cuerda
de la cajita
Y la música y la muñequita siguen su retorcida, alegre marcha estrambótica
por el tiempo, expandiéndose, creciendo, latiendo
Todos tienen razón,
Escucha
es hermoso,
hermoso,
sonrían.
acércate,
asómate a esta cajita musical,
que encontré triste tirada y maltrecha
De ella sale un ritmo sincopado y luces neón.
No hay nada nuevo aquí dentro, pero mira
Fíjate, siéntela.
De nuevo hay hermoso fuego en sus calles,
De nuevo T.V.,
radio,
las rancheras,
la cumbia,
el tequila y los tacos.
De nuevo eyaculaciones en el metro,
violaciones en la pobreza,
hijos bastardos.
Los hombres más viejos siguen quejándose de la vida,
esperando a la muerte que no llega,
Las putas siguen llorando
paradas en medio de las mañanas grises de septiembre,
Viejos jipitecas de ojos muertos comen hongos sentados en ruinas
que ellos mismos alimentan,
mirando al cielo/muralla que impedirá el paso del viejo,
cansado dios.
Los hombres jóvenes
siguen pareciendo vergas henchidas en sangre por las calles,
parados con miradas locas,
acariciándose los huevos en avenida central,
o en plaza satélite,
o en la triste alameda de oriente,
o en el confesionario,
erectos en santa María la Rivera,
sacudiéndose demencialmente
pensando en la mujer más cercana.
Los niños caminan limpios y bien peinados a sus escuelas de odio,
Y sus maestros piensan angustiados en los años perdidos dentro del aula de la apatía,
Acariciándose el alma
con la confortable idea del suicidio.
Mira a Las avenidas
que siguen pobladas de mausoleos tristes de las causas justas,
mientras sus calles centrales son un colosal auto viejo
que corre a seis mil demonios de fuerza
por la carretera polvorienta de la historia oficial.
O mira allá a los hombres del poder;
elegantes, graciosos, juveniles, incluyentes,
Atascándose,
atragantándose con sus mentiras,
embriagando al pueblo con retórica
(y de esto, fíjate bien, son culpables unos y otros, es un pueblo enano).
Algunos hombres siguen gritando ¡no pasarán!,
joder, siempre pasan.
Esos mancos de la orilla se desgañitan ladrando
este puño sí se ve,
pobres hombres
Por allá los poetas siguen empeñados en ahogarse en sus juegos abstractos, creando volúmenes monumentales
de mierda de autoconsumo,
novelistas bebedores de martinis
y comedores de bocadillos,
escriben enfurecidos pastosas novelas para asustar a las abuelas,
para deslumbrar a adolescentes mentales.
Elites podridas, sin duda.
Jóvenes furiosos siguen creyéndose héroes de cabaret,
Siguen brotando bukowskis
de cada bar apestoso que los escupe a las calles
como gargajos,
Todos se creen artistas,
escritores,
los más grandes cabrones fabulosos borrachos
Haciéndose los malos por las calles húmedas de julio,
¡puta escoria!,
creándose corazas de metal, alcohol, Anfetaminas, Heroína, todo sirve.
Bukowski y Ginsberg y Miller seguramente ríen de todos ellos.
Pero en las oficinas,
en los despachos,
en las fabricas es peor,
y todo ha sido así desde el comienzo,
Mira a esos hijos de puta aplastándose como cerdos,
mostrando sus colmillos de palabras,
gruñendo con los ojos,
todo sea para tragar el maíz rancio
que les arroja el respetable patrón
desde su cerdo pesebre de aluminio y plata.
Mira también esas,
las Universidades,
templos muertos de sabiduría de cubículo,
Y sus jóvenes estudiantes,
atragantándose con la basura que les dan,
Peleándose,
mordiéndose.
No son muy diferentes de las serpientes,
Hablando de realidades ficticias,
bestias de aula,
dicen que ellos son el futuro.
Pero mira más abajo,
Indígenas vendiéndose como adornos de aparador en pueblos kitsh
Inventados para judíos taimados, norteamericanos retardados,
europeos oligofrénicos y orientales hiperactivos.
síndrome de Estocolmo sin duda,
Pero esfuerza la mirada,
escarba con los ojos,
mira más abajo,
bajo los vagos violentos ,
bajo los niños callejeros hinchados de pegamento,
bajo las alcantarillas/hogar,
bajo periférico,
bajo río churubusco,
bajo el bordo de Xochiaca,
ahí enterrada,
en las raíces mismas de la caja
Quetzalcoatl yace cadáver sepultada por la ciudad,
asfixiada por escombros de monotonía y desesperanza,
bajo franquicias de Mc. Donalds,
bajo el Palacio Nacional,
bajo falsos danzantes aztecas que agitan sus cascabeles por dólares,
bajo todo esto yace la serpiente,
mientras la Coatlicue llora de rabia y espera su momento,
el momento en que la tierra retemblará de nuevo desde su centro,
como ladra un viejo himno de guerra y muerte.
Mira como todo jira, jira,
todo ese movimiento,
toda la disonancia,
todos los gritos apagados,
mira todas las niñas muertas en el Bordo,
todos los cadáveres en camionetas,
todos los vendedores de ataúdes,
todas las mujeres lavando ropa en las azoteas de vecindades,
todos los niños chillando en el parque,
todas las secretarias promiscuas de satélite,
todos los mariachis borrachos en garibaldi,
todos los indígenas con acordeón perdidos en el metro La Raza,
todos los traficantes de tepito y de la guerrero,
todos los secuestradores en las Lomas,
todos los marchantes de Jamaica,
los abajofirmantes de Proceso y La Jornada,
todos los catedráticos sicóticos de la UNAM,
todos los atletas ciegos en la Deportiva,
todos los ambulantes,
todos los sin empleo,
todos los inadaptados,
todas las vedettes de los ochentas,
todas las sirvientas de la alameda,
todos los punks atrincherados en el Chopo,
todas las putas de San Pablo,
los perros,
los taxistas,
las panaderas,
los ancianos jugadores de ajedrez,
los porteros,
los delanteros,
los adictos,
los de la basura,
los empleados,
todos mantienen un retorcido orden,
un caótico,
frágil,
perfecto,
enfermo orden
y Así ha sido desde el comienzo.
Y cada año todos,
hombres y mujeres,
niños, vagos, putas, poetas, borrachos,
marchan juntos,
y cantan ante la cumbre de la hipocresía materializada en trapo multicolor, ¡viva!,
¡viva todo!,
¡batamos las campanas!
¡viva esto! ¡viva la masa!
¡Viva la amnesia selectiva! ¡ viva! ¡viva la muere, señores!.
Silencio,
Hay un hedor,
El olor que escurre de la caja
y que escarba en nuestras narices es terrible,
dicen unos que es el drenaje,
dicen otros que es la puta gente pobre
que quiere cambiar las cosas desde la calle.
Esquizofrenia colectiva.
Nada de eso,
escucha hermana,
escucha hermano,
ese hedor terrible que nos perfora surge porque
E s t a cajita de música
es el alegre ano del mundo.
Y esto, se supone,
es bello de una irracional manera,
Es bello,
se dice, a pesar de la terrible soledad en la que se muere en las megalópolis,
es bello,
se dice,
a pesar del odio,
de la traición,
de la mentira,
y claro,
a pesar del olor,
Es bello se supone,
a pesar de la zozobra matutina que se puede palpar en las calles,
En los metros,
en las avenidas atascadas de cacharros de ultima generación,
Es bello se supone,
a pesar de que nadie se gusta,
es bello se repiten,
es bello de una retorcida,
enferma forma.
Y así ha sido desde el comienzo.
Quien soy yo, se dicen los habitantes de la cajita,
soy el hijo de todos ellos,
¿Qué autoridad tengo?, increpan
No he conocido otra cosa les grito
No he conocido otra cosa más que esta;
La guerra más despiadada.
Y estas letras pringosas que saltan a tus oídos,
estas ruidosas letras con temática de fotocopia,
estas letras de ritmo monótono,
estas letras que no son nada nuevo
Estas letras
Dan un giro más a la cuerda
de la cajita
Y la música y la muñequita siguen su retorcida, alegre marcha estrambótica
por el tiempo, expandiéndose, creciendo, latiendo
Todos tienen razón,
Escucha
es hermoso,
hermoso,
sonrían.