Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Y es que tus ojos eran crisálidas inmortales,
que, petrificadas,
se convirtieron en joyas
sobre las que se reflejaban todos los colores del mundo
lamidos por las llamas.
En esos ojos me ahogué,
y tratando de escapar,
me tragué su néctar caleidoscópico,
de forma que quedé atrapada en el centenar de luces
que vagan sobre tu iris sin pertenecer a nada ni a nadie.
que, petrificadas,
se convirtieron en joyas
sobre las que se reflejaban todos los colores del mundo
lamidos por las llamas.
En esos ojos me ahogué,
y tratando de escapar,
me tragué su néctar caleidoscópico,
de forma que quedé atrapada en el centenar de luces
que vagan sobre tu iris sin pertenecer a nada ni a nadie.