Ania Kupuri
Poeta recién llegado
Me envuelves entre olas.
De tus ires y venires soy la eterna huésped,
entre tus altas y bajas, deambulo
como sombra, como brisa, como amor...
En cada amanecer sin luna me das vida eterna
y al anochecer con tus dudas
¡Me dejas seca de tus sabores frescos¡
Niegas a mi alma un solo suspiro.
Y muero de a poco...
Dejas que te ame de sol a sol en verano
y me clavas las estacas de tu invierno.
Sofocada busco de tu abrazo
un roce, una gota de rocío, un sueño,
pero tu lejanía es larga,
es terrible al hueco que hacen mis besos,
a mis ojeras sin luz natural
y a mi entrega de veinticuatro horas...
Y sin embargo...
Me sigues los pasos y me buscas los ojos,
das cuenta de mi risa
y estás simplemente...Ahí...
Tomas mi mano fría entre tus calores,
me haces caminar tus sendas,
me haces besarte la esencia entre paredes,
entre esperanzas tenues, casi niñas,
y me regalas un tiempo, un lugar.
¡Abarcas mi todo y me sueltas alada¡
Y al llegar los medios días, esos,
que dan vida a tus celos, a tu agonía gratuita,
a tu lucha de Don Quijote
contra molinos de viento...Haces de mí
una Dulcinea triste pero amorosa,
que se refugia en el anhelo
de que la noche estrellada regrese,
junto con tu pasión en mi cuerpo.
Y todo pinta colores nuevos...
Entonces me visitas con canto,
te metes en mis venas y gozas de mi piel,
atesoras las caricias de durazno
y me envuelves en ellas como ráfaga,
como marea alta...Se olvidan los molinos.
Te miras en mis ojos y vivo...¡Solo vivo¡.
Soy néctar de tu sed y vives...¡Solo vives¡
©
De tus ires y venires soy la eterna huésped,
entre tus altas y bajas, deambulo
como sombra, como brisa, como amor...
En cada amanecer sin luna me das vida eterna
y al anochecer con tus dudas
¡Me dejas seca de tus sabores frescos¡
Niegas a mi alma un solo suspiro.
Y muero de a poco...
Dejas que te ame de sol a sol en verano
y me clavas las estacas de tu invierno.
Sofocada busco de tu abrazo
un roce, una gota de rocío, un sueño,
pero tu lejanía es larga,
es terrible al hueco que hacen mis besos,
a mis ojeras sin luz natural
y a mi entrega de veinticuatro horas...
Y sin embargo...
Me sigues los pasos y me buscas los ojos,
das cuenta de mi risa
y estás simplemente...Ahí...
Tomas mi mano fría entre tus calores,
me haces caminar tus sendas,
me haces besarte la esencia entre paredes,
entre esperanzas tenues, casi niñas,
y me regalas un tiempo, un lugar.
¡Abarcas mi todo y me sueltas alada¡
Y al llegar los medios días, esos,
que dan vida a tus celos, a tu agonía gratuita,
a tu lucha de Don Quijote
contra molinos de viento...Haces de mí
una Dulcinea triste pero amorosa,
que se refugia en el anhelo
de que la noche estrellada regrese,
junto con tu pasión en mi cuerpo.
Y todo pinta colores nuevos...
Entonces me visitas con canto,
te metes en mis venas y gozas de mi piel,
atesoras las caricias de durazno
y me envuelves en ellas como ráfaga,
como marea alta...Se olvidan los molinos.
Te miras en mis ojos y vivo...¡Solo vivo¡.
Soy néctar de tu sed y vives...¡Solo vives¡
©