Los poemas,
como ramitas que salen del corazón,
de esas que echan flores;
cuando la calidez de un café,
me evoca la calidez de sus manos…
esos redobles del tacto…
la graduación lírica,
y los aderezos de los tintes;
tras el papel, la voz, y las arenas…
esas ecuaciones de columpios,
y la gramática de esos abrigos,
donde se recogen los paisajes.
De los repertorios, que el trigo acuna…
de la musicalidad graciosa,
de su naricilla morena,
donde inspirar nuestra pluma...
letras para subrayar sus gestos;
consumir el tiempo,
de las tardes de ocio,
como ración de tarta de queso…
como efemérides de un taller de luciérnagas.
Con el viento en clave de sol,
el patito en el escaque
y algunos asteriscos de frambuesa…
las mesitas en los pentagramas,
con sus jardines trepadores
y el rasgo ornamental de la galaxia.
Herederos de las fortalezas en espora;
de la heráldica de las entrañas,
la plaza de las espadas de trapo…
los puentes de los cuentos,
que atravesábamos,
hacia esa cafetería,
de las grandes charlas,
y el piano marrón claro;
donde se atreve la luna a ser costado.
como ramitas que salen del corazón,
de esas que echan flores;
cuando la calidez de un café,
me evoca la calidez de sus manos…
esos redobles del tacto…
la graduación lírica,
y los aderezos de los tintes;
tras el papel, la voz, y las arenas…
esas ecuaciones de columpios,
y la gramática de esos abrigos,
donde se recogen los paisajes.
De los repertorios, que el trigo acuna…
de la musicalidad graciosa,
de su naricilla morena,
donde inspirar nuestra pluma...
letras para subrayar sus gestos;
consumir el tiempo,
de las tardes de ocio,
como ración de tarta de queso…
como efemérides de un taller de luciérnagas.
Con el viento en clave de sol,
el patito en el escaque
y algunos asteriscos de frambuesa…
las mesitas en los pentagramas,
con sus jardines trepadores
y el rasgo ornamental de la galaxia.
Herederos de las fortalezas en espora;
de la heráldica de las entrañas,
la plaza de las espadas de trapo…
los puentes de los cuentos,
que atravesábamos,
hacia esa cafetería,
de las grandes charlas,
y el piano marrón claro;
donde se atreve la luna a ser costado.