Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Estoy ciego
ante mí solo se extiende
la blancura agreste
de un odio inmenso,
en un vaivén estigio
de amargas brumas
teñidas de pieles carmesí.
Solamente esto,
el odio embravecido
conjura mi sustancia
pues las caretas han caído,
desolladas al frio pendón de la luna
(el vil amor, la grotesca esperanza)
y ahora solo soy
un monolito ennegrecido,
la dura empuñadura de una daga
presta a verter la vida
en torrentes de ansia enrojecida.
Solo queda esto,
un odio sin contorno ni silencio,
una rabia impaciente y enfangada,
un bosque de suicidios enteleridos.
Y ahora encuentro en ti
el cáliz para mi impía eucaristía,
donde, en postrer holocausto,
beberé la amarga vid de tu mentira
y consumiré tu carne vana
hasta que tú y yo seamos
el excremento vil de mi derrota.
ante mí solo se extiende
la blancura agreste
de un odio inmenso,
en un vaivén estigio
de amargas brumas
teñidas de pieles carmesí.
Solamente esto,
el odio embravecido
conjura mi sustancia
pues las caretas han caído,
desolladas al frio pendón de la luna
(el vil amor, la grotesca esperanza)
y ahora solo soy
un monolito ennegrecido,
la dura empuñadura de una daga
presta a verter la vida
en torrentes de ansia enrojecida.
Solo queda esto,
un odio sin contorno ni silencio,
una rabia impaciente y enfangada,
un bosque de suicidios enteleridos.
Y ahora encuentro en ti
el cáliz para mi impía eucaristía,
donde, en postrer holocausto,
beberé la amarga vid de tu mentira
y consumiré tu carne vana
hasta que tú y yo seamos
el excremento vil de mi derrota.