¡Calla!; no pronuncies palabra,
deja que las saetas de imprudencia
en descuido casual colmen mis venas
del mustio licor que te embriago la razón.
¡Calla!; ¡no pronuncies palabra!,
imita al imponente mar,
nota que enmudeció su oleaje
y cambio su coraje por resignación.
¡Calla!; ¡agudiza tu oído, cierra tus labios!,
percibe la ausencia de graznidos del albatros,
cómo la brisa a dejado su cantar
para dejar este momento mudo e inalterado.
¡Calla!; ¡cierra los ojos!,
deja de ser palabra y escucha a lo lejos,
siente el melancólico latir,
El canto agonizante de natura.
¡Calla y perdona que te ame tanto!;
cierra tus ojos de negro encanto,
silencia el nácar adictivo de tus labios;
déjame creer que esa noche nada ha pasado.
¡Calla, solo calla!; no permitas que sufra,
que este corazón que enfrenta tu distancia
no desfallezca por la mortífera daga,
calla no des por sentada la premonición
de la noche anterior en la playa.
Sibelius
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