Un tibio adiós y callaste tu vista,
los huesos se acurrucan en un cuerpo desbastado,
el pensar se vuelve un asesino,
las palabras ya pronunciadas se convierten en un abismó,
cuando los ojos titubeantes se transforman en mutismo.
Recordar las orillas y repasar tu sonrisa será lo cotidiano,
pensar que el frío de julio por algunos instantes fue ameno,
sentir que jugamos a lo imposible,
tratar de resolver los engranajes del dolor será mi trabajo,
esperarte cada anochecer será en vano,
a morir cada instante estaré acostumbrado.