Callecita que me llevas de la mano hasta la casa adorada,
tan silente cuando ella duerme y tan alegre cuando ella pasa;
que indiferente miras el apresurado mundo transitar
y que mis pasos lentos cuentas al caminar;
no le digas que una tarde de éstas, sin avisar,
silencioso a su puerta me detendré, sin llamar,
y le dejaré el beso y la flor que nunca antes le pude dar:
jamás será demasiado tarde porque eterno es mi querer
y no será la última vez porque siempre pienso volver,
tan silente cuando ella duerme y tan alegre cuando ella pasa;
que indiferente miras el apresurado mundo transitar
y que mis pasos lentos cuentas al caminar;
no le digas que una tarde de éstas, sin avisar,
silencioso a su puerta me detendré, sin llamar,
y le dejaré el beso y la flor que nunca antes le pude dar:
jamás será demasiado tarde porque eterno es mi querer
y no será la última vez porque siempre pienso volver,