Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las calles desnudas
de ese bullicio colosal
de la rutina.
Miles de almas cruzan
de un lado a otro el cementerio,
entre mis manos la vida se esfuma
como cada banal pensamiento
que mi torpe mente desangra.
El verano agoniza
dándole paso al siniestro otoño
y ¿qué razón tengo para mirarme al espejo
si cada día me escupe el rostro?
y aquel puñetazo del tiempo
tan certero en el corazón.
Mi rostro y mi corazón
temen el paso de las golondrinas
y la oscuridad del bosque.
Tomo para olvidar que existo
para que el temor se estrelle
en una píldora de vicodin
y mi venas me griten ¡¡¡suicidio!!!
La amarga noche
atraviesa hasta mi alcantarilla
donde una manada de ratas devoran
las sobras de mi existencia,
soy un imbécil vomitando letras
con una vida pausada en un silla
con la mirada perdida atravesando las colinas.
Ahora llueven en mis ojos,
un espectro se aproxima a mi ventana
me sonríe y me tiende la mano
invitándome a caminar, sabe que no puedo,
que la depresión y el miedo
me esclavizaron
y entonces ríe ante mis temores
y puedo descubrir entre la espesura
retazos de mi piel que lo siguen
para entonces, cuando el otoño muera,
habré sido consumido
por el espectro en mi ventana.
y quedaran solo mis párpados atravesando el viento.
Sebastian Dusalgi.
de ese bullicio colosal
de la rutina.
Miles de almas cruzan
de un lado a otro el cementerio,
entre mis manos la vida se esfuma
como cada banal pensamiento
que mi torpe mente desangra.
El verano agoniza
dándole paso al siniestro otoño
y ¿qué razón tengo para mirarme al espejo
si cada día me escupe el rostro?
y aquel puñetazo del tiempo
tan certero en el corazón.
Mi rostro y mi corazón
temen el paso de las golondrinas
y la oscuridad del bosque.
Tomo para olvidar que existo
para que el temor se estrelle
en una píldora de vicodin
y mi venas me griten ¡¡¡suicidio!!!
La amarga noche
atraviesa hasta mi alcantarilla
donde una manada de ratas devoran
las sobras de mi existencia,
soy un imbécil vomitando letras
con una vida pausada en un silla
con la mirada perdida atravesando las colinas.
Ahora llueven en mis ojos,
un espectro se aproxima a mi ventana
me sonríe y me tiende la mano
invitándome a caminar, sabe que no puedo,
que la depresión y el miedo
me esclavizaron
y entonces ríe ante mis temores
y puedo descubrir entre la espesura
retazos de mi piel que lo siguen
para entonces, cuando el otoño muera,
habré sido consumido
por el espectro en mi ventana.
y quedaran solo mis párpados atravesando el viento.
Sebastian Dusalgi.