Cambiamos los océanos primeros
en los que acomodaron nuestra orilla,
el reciente oleaje
con la misma costumbre en su marea
por la postura insólita del aire
que antecede a las noches imprevistas,
despreocupadas de su azar efímero.
Cambiamos la palabra. Del susurro
pasamos a los gritos, los perfectos,
los que asumen la amnesia en su salida
de los atardeceres, y convocan
los plurales sin brújulas ni excusas.
Luego,
en la mitad oscura fuimos
hacia el lugar de las bahías, fuimos
al testimonio húmedo y salado
que desprenden las rocas por su rostro
a pesar de la hondura del paisaje
y de la madrugada. Parecían
manantiales ficticios de las lágrimas,
porque su realidad es el deseo,
y resbalan las voces del acuífero
en la extraña estampida de las olas.
Luego,
maduro el cuerpo, y amarillo
como un sol contundente,
no comprendimos la verdad del viento
que nos comprometía hasta la muerte
en la amistad, la idónea envergadura
del afecto, del alma de los mares
porque el amor no es más que pura conveniencia
entre el agua y la playa,
y la noche es un paso obligatorio
del camino a otro día.
en los que acomodaron nuestra orilla,
el reciente oleaje
con la misma costumbre en su marea
por la postura insólita del aire
que antecede a las noches imprevistas,
despreocupadas de su azar efímero.
Cambiamos la palabra. Del susurro
pasamos a los gritos, los perfectos,
los que asumen la amnesia en su salida
de los atardeceres, y convocan
los plurales sin brújulas ni excusas.
Luego,
en la mitad oscura fuimos
hacia el lugar de las bahías, fuimos
al testimonio húmedo y salado
que desprenden las rocas por su rostro
a pesar de la hondura del paisaje
y de la madrugada. Parecían
manantiales ficticios de las lágrimas,
porque su realidad es el deseo,
y resbalan las voces del acuífero
en la extraña estampida de las olas.
Luego,
maduro el cuerpo, y amarillo
como un sol contundente,
no comprendimos la verdad del viento
que nos comprometía hasta la muerte
en la amistad, la idónea envergadura
del afecto, del alma de los mares
porque el amor no es más que pura conveniencia
entre el agua y la playa,
y la noche es un paso obligatorio
del camino a otro día.