Oscar Distéfano
Poeta recién llegado
CAMINABA SOBRE LA OTRA ACERA
Nada dura en esta vida.
Aquel vocablo preferido de poetas,
desprendido en pétalos de sílabas,
agoniza en el nuevo diccionario de arcaísmos.
Vuelo efímero
el de las aves muertas.
Giros orbitales sin sentido
el de las estrellas sin luz.
Memoria que se repite
en tus ojos aburridos de mirarme.
Ni tu amor ni mi amor
pudieron recordar su aroma de humus
en el húmedo bosque de las sábanas.
No buscaron insistir
sobre las olas de la risa,
y serios como la agonía
se desataron piel a piel
de las cadenas rojas del deseo.
Aquella tu existencia
que usurpaba su belleza
al ánfora alumbrada por la luna,
que amarraba
mis bruscos tedios de la vida
amordazándolos a puros besos,
y que todo el tiempo
mostraba su blanca dentadura de nácar
bajo la carne roja de tus labios...,
aquella existencia, amada mía,
hoy he visto
derramar sonrisas sobre la otra acera
como una lluvia ajena a mi sequía.
Y detuve mis pasos
como un pájaro que, rotas sus alas,
te observa volar el cielo entero.
Nada dura en esta vida.
Aquel vocablo preferido de poetas,
desprendido en pétalos de sílabas,
agoniza en el nuevo diccionario de arcaísmos.
Vuelo efímero
el de las aves muertas.
Giros orbitales sin sentido
el de las estrellas sin luz.
Memoria que se repite
en tus ojos aburridos de mirarme.
Ni tu amor ni mi amor
pudieron recordar su aroma de humus
en el húmedo bosque de las sábanas.
No buscaron insistir
sobre las olas de la risa,
y serios como la agonía
se desataron piel a piel
de las cadenas rojas del deseo.
Aquella tu existencia
que usurpaba su belleza
al ánfora alumbrada por la luna,
que amarraba
mis bruscos tedios de la vida
amordazándolos a puros besos,
y que todo el tiempo
mostraba su blanca dentadura de nácar
bajo la carne roja de tus labios...,
aquella existencia, amada mía,
hoy he visto
derramar sonrisas sobre la otra acera
como una lluvia ajena a mi sequía.
Y detuve mis pasos
como un pájaro que, rotas sus alas,
te observa volar el cielo entero.