Caminar en la lluvia - minirrelato

Manolo Martínez

Poeta fiel al portal

Caminar en la lluvia era nuestra predilección; nada nos importaba mojarnos pues nos sabíamos empapados de amor.

Tu rostro era un espanto: tu boca y tus ojos despintados y ni que hablar de tu cabellera que momentos antes era ondulada y brillosa.

Salíamos del colegio y no dirigíamos a la plaza; en su retreta desierta de personas, uniendo nuestras manos como dos locos que éramos, juntábamos el agua cristalina que caía de sus aleros.

Te sacabas tus sandalias y como una niña en su plena infancia, saltabas contenta cada uno de los charcos y te acercabas a mí para colgarte de mi cuello y abrazarme.

Cuando podía, yo te cortaba un jazmín del cantero y tú lo apretabas en tu sostén, en el centro de tu pecho y de esa boca desalineada me regalabas un beso mojado y eterno.

Y volvíamos a tu casa con los pies descalzos tiritando como dos gorriones que mojaron cruelmente sus alas. Y tú recibías el reto de tus padres. Yo, mientras tanto, me ponía los zapatos, que para ese entonces eran dos canoas y me dirigía saltando a mi casa.

Éramos felices pues nos sabíamos empapados de amor.


Hoy, en tardes así, cuando el viento corre fresco, el cielo se oscurece y las gotas de lluvia empiezan a caer, recordarte a ti, mi querida Angélica, es mi única predilección…

 
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Caminar en la lluvia era nuestra predilección; nada nos importaba mojarnos pues nos sabíamos empapados de amor.

Tu rostro era un espanto: tu boca y tus ojos despintados y ni que hablar de tu cabellera que momentos atrás era ondulada y brillosa.

Salíamos del colegio y no dirigíamos a la plaza; en su retreta desierta de personas, uniendo nuestras manos como dos locos que éramos, juntábamos el agua cristalina que caía de sus aleros.

Te sacabas tus sandalias y como una niña en su plena infancia, saltabas contenta cada uno de los charcos y te acercabas a mí para colgarte de mi cuello y abrazarme.

Cuando podía, yo te cortaba un jazmín del cantero y tú lo apretabas en tu sostén, en el centro de tu pecho y de esa boca desalineada me regalabas un beso mojado y eterno.

Y volvíamos a tu casa con los pies descalzos tiritando como dos gorriones que mojaron cruelmente sus alas. Y tú recibías el reto de tus padres. Yo, mientras tanto, me ponía los zapatos, que para ese entonces eran dos canoas y me dirigía saltando a mi casa.

Éramos felices pues nos sabíamos empapados de amor.


Hoy, en tardes así, cuando el viento corre fresco, el cielo se oscurece y las gotas de lluvia empiezan a caer, recordarte a ti, mi querida Angélica, es mi única predilección…
Parece que el amor caía del cielo, como la lluvia.

Salud y ventura.
 
Caminar en la lluvia era nuestra predilección; nada nos importaba mojarnos pues nos sabíamos empapados de amor.

Tu rostro era un espanto: tu boca y tus ojos despintados y ni que hablar de tu cabellera que momentos antes era ondulada y brillosa.

Salíamos del colegio y no dirigíamos a la plaza; en su retreta desierta de personas, uniendo nuestras manos como dos locos que éramos, juntábamos el agua cristalina que caía de sus aleros.

Te sacabas tus sandalias y como una niña en su plena infancia, saltabas contenta cada uno de los charcos y te acercabas a mí para colgarte de mi cuello y abrazarme.

Cuando podía, yo te cortaba un jazmín del cantero y tú lo apretabas en tu sostén, en el centro de tu pecho y de esa boca desalineada me regalabas un beso mojado y eterno.

Y volvíamos a tu casa con los pies descalzos tiritando como dos gorriones que mojaron cruelmente sus alas. Y tú recibías el reto de tus padres. Yo, mientras tanto, me ponía los zapatos, que para ese entonces eran dos canoas y me dirigía saltando a mi casa.

Éramos felices pues nos sabíamos empapados de amor.


Hoy, en tardes así, cuando el viento corre fresco, el cielo se oscurece y las gotas de lluvia empiezan a caer, recordarte a ti, mi querida Angélica, es mi única predilección…
Estimado Manolo, que magnífica descripción de aquella tarde de lluvia, que imagino sería como bendición, para aquel amor que denoto aún sigue vivo en tu interior...inspira y emociona. Gracias por compartir la magia de amar
 
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Estimado Manolo, que magnífica descripción de aquella tarde de lluvia, que imagino sería como bendición, para aquel amor que denoto aún sigue vivo en tu interior...inspira y emociona. Gracias por compartir la magia de amar

Muchísimas gracias, mi estimada Laura Valeria, por estar siempre en todas mis presentaciones, y por dejar tu linda huella y gratas palabras...

Te envío un gran abrazo.
 

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