celiana
Esa soy yo, es lo que hay.
Dedicado a mi Mendigo de los Rizos de oro.
Un par de mensajes
y un poco de alcohol,
es lo que se puede resumir,
de todo esto.
Con estupideces que decir
y con la vergüenza mal puesta,
pasamos de una simple caminata
a dormir en una misma cama.
Describiendo un nombre que no era el mío,
y una historia de situaciones fortuitas,
aparecí en tu vida, y raudamente
tú desapareciste de la mía.
No hubo mucho tiempo, de contarte la verdad,
aunque se me pasó por la mente
manifestar algo de mi aburrida realidad.
Pero, que coincidencia
que tú no hicieras lo mismo,
y por mas que deseé entablar una conexión
entre mi mentira y tu corazón,
de eso no se habló.
Así, a sabiendas de mis malas intenciones
tu deseo no se quebró,
y en su defecto, el fuego nos consumió.
y en quemaduras, se convirtieron todas tus caricias.
Pero déjame decirte que aún duelen,
como en el momento cuando tú osaste
en penetrar mi mundo,
y como cuando yo te dejé hacerlo.
Ahora, la carne lleva tu letra escrita,
y el corazón, el mas confuso desazón
de lo que pasó y nunca fue,
y sin mas uñas que morder,
te grito que en mí, sí se sintió algo
a pesar de ese indiferente adiós.
Un par de mensajes
y un poco de alcohol,
es lo que se puede resumir,
de todo esto.
Con estupideces que decir
y con la vergüenza mal puesta,
pasamos de una simple caminata
a dormir en una misma cama.
Describiendo un nombre que no era el mío,
y una historia de situaciones fortuitas,
aparecí en tu vida, y raudamente
tú desapareciste de la mía.
No hubo mucho tiempo, de contarte la verdad,
aunque se me pasó por la mente
manifestar algo de mi aburrida realidad.
Pero, que coincidencia
que tú no hicieras lo mismo,
y por mas que deseé entablar una conexión
entre mi mentira y tu corazón,
de eso no se habló.
Así, a sabiendas de mis malas intenciones
tu deseo no se quebró,
y en su defecto, el fuego nos consumió.
y en quemaduras, se convirtieron todas tus caricias.
Pero déjame decirte que aún duelen,
como en el momento cuando tú osaste
en penetrar mi mundo,
y como cuando yo te dejé hacerlo.
Ahora, la carne lleva tu letra escrita,
y el corazón, el mas confuso desazón
de lo que pasó y nunca fue,
y sin mas uñas que morder,
te grito que en mí, sí se sintió algo
a pesar de ese indiferente adiós.