constantine
Poeta recién llegado
Camino entre la niebla
en el espesor de la oscuridad
miro al cielo ¡no hay estrellas!
y me llega de golpe la soledad.
Un agradable perfume
me envuelve de momento
miro... y una rosa me
promueve tu recuerdo.
Entre la nada, la noche
el desvelo, pienso
-a llegado la hora-
-que muera mi tiempo-
y me es licito imaginar
un reencuentro.
Mas ni muero ni te veo
y sigue siendo Enero
en contra de mi voluntad
sigue en pie mi cuerpo
con aliento, mi corazón
aún crea sentimientos
y el tiempo no se detiene
minutos lentos, muy lentos.
No me queda mas que resignarme
pues esta noche la muerte
no quiere besarme
que Dios me de consuelo para
aguantar el impacto del universo
ya sin tus labios, tus besos, tus brazos,
tu espacio.
Gritare y espero escuches
desde donde estés
no importa el tiempo que aún
tenga que recorrer, te extraño
y te extrañare.
Tu fotografía me insinuara tu
presencia
con un tequila ahogare tu ausencia
Y ansioso esperare el día, la noche
en que venga la barca y me lleve
(sin reproche)
hasta donde estés,
y así poder mirarte,
abrazarte,
y vivir otra vez.
en el espesor de la oscuridad
miro al cielo ¡no hay estrellas!
y me llega de golpe la soledad.
Un agradable perfume
me envuelve de momento
miro... y una rosa me
promueve tu recuerdo.
Entre la nada, la noche
el desvelo, pienso
-a llegado la hora-
-que muera mi tiempo-
y me es licito imaginar
un reencuentro.
Mas ni muero ni te veo
y sigue siendo Enero
en contra de mi voluntad
sigue en pie mi cuerpo
con aliento, mi corazón
aún crea sentimientos
y el tiempo no se detiene
minutos lentos, muy lentos.
No me queda mas que resignarme
pues esta noche la muerte
no quiere besarme
que Dios me de consuelo para
aguantar el impacto del universo
ya sin tus labios, tus besos, tus brazos,
tu espacio.
Gritare y espero escuches
desde donde estés
no importa el tiempo que aún
tenga que recorrer, te extraño
y te extrañare.
Tu fotografía me insinuara tu
presencia
con un tequila ahogare tu ausencia
Y ansioso esperare el día, la noche
en que venga la barca y me lleve
(sin reproche)
hasta donde estés,
y así poder mirarte,
abrazarte,
y vivir otra vez.