Carrlos Yescas
Poeta recién llegado
Las campanas suenan-dicen los sordos-
a un solo tiempo, un solo día.
Tú y yo tenemos un campanario diferente,
que canta a diversos ritmos,
que canta a diario.
Te busco,
me buscaste,
te encontré,
te cansaste.
Voy a regalarte una cajita,
llena de dragones quemados,
para incendiar tu sonrisa,
para cegar mis manos,
para buscarte en lo oscuro,
tras las cortinas.
Voy a congelar el fuego
que hierve en el vientre del amor
antes que empiece a parir miserias
No soy tú, pero somos ambos,
por los rincones, por la soledad,
en el hambre, en el abrazo seco
de la verdad y las malas mañas.
Ha sonado una campana,
¿qué dirá en su lenguaje metálico?
¿hablará de la esperanza,
de los arroyos,
o de lo que no quieres
y yo no tengo?
¡Sácame tú entonces-
de mi impaciencia!
Sí, ya sé que las campanas
tocaron varias veces a mi puerta,
sé ahora- que el silencio
no es un acto heroico sino poesía...
No, no sé, no te conozco
pero te reconozco,
es que solo estoy mudo y no sordo,
sólo estoy en estos atardeceres,
sólo entre campanarios,
sólo en este destiempo desatinado.
Ven esta noche que es tuya-
déjame a mí las tardes
y mi amargura,
déjame las campanas
y su melancolía,
deja tu alma y sus espadas.
Ven esta noche sin miedo
y hagamos rechinar nuestras pieles
mientras la cama,
absorta, muda,
se revuelca y se regocija
en quién sabe qué loco sueño
Hasta mañana.
Escrito por Carlos Yescas Alvarado, de noche.
a un solo tiempo, un solo día.
Tú y yo tenemos un campanario diferente,
que canta a diversos ritmos,
que canta a diario.
Te busco,
me buscaste,
te encontré,
te cansaste.
Voy a regalarte una cajita,
llena de dragones quemados,
para incendiar tu sonrisa,
para cegar mis manos,
para buscarte en lo oscuro,
tras las cortinas.
Voy a congelar el fuego
que hierve en el vientre del amor
antes que empiece a parir miserias
No soy tú, pero somos ambos,
por los rincones, por la soledad,
en el hambre, en el abrazo seco
de la verdad y las malas mañas.
Ha sonado una campana,
¿qué dirá en su lenguaje metálico?
¿hablará de la esperanza,
de los arroyos,
o de lo que no quieres
y yo no tengo?
¡Sácame tú entonces-
de mi impaciencia!
Sí, ya sé que las campanas
tocaron varias veces a mi puerta,
sé ahora- que el silencio
no es un acto heroico sino poesía...
No, no sé, no te conozco
pero te reconozco,
es que solo estoy mudo y no sordo,
sólo estoy en estos atardeceres,
sólo entre campanarios,
sólo en este destiempo desatinado.
Ven esta noche que es tuya-
déjame a mí las tardes
y mi amargura,
déjame las campanas
y su melancolía,
deja tu alma y sus espadas.
Ven esta noche sin miedo
y hagamos rechinar nuestras pieles
mientras la cama,
absorta, muda,
se revuelca y se regocija
en quién sabe qué loco sueño
Hasta mañana.
Escrito por Carlos Yescas Alvarado, de noche.