Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Campanas
Campanita de cristal,
de alma quebradiza,
tu cristalina voz semeja de mi niño el llanto;
¿o él te imita a ti?
porque cuando él llora su voz es quebrantada
y su tristeza a mis oídos entra
y a mi espíritu enferma.
Campanita de barro,
de alma consistente,
tu repetida voz semeja de mi niño la risa;
¿o él te imita a ti?
pues cuando él ríe su voz es cantarina,
y su alegría a mis oídos entra
y a mi espíritu sana.
Campanita de metal,
de alma resistente,
tu sonora voz semeja de mi niño el habla;
¿o él te imita a ti?
pues cuando él se expresa, su voz es fuerte,
y su elocuencia a mis oídos entra
y a mi espíritu eleva.
Campanitas de ayer, de hoy campanas,
las mismas que con el tiempo cambian,
igual que él se ha transformado;
sólo tres lustros han pasado
y su voz de niño-adolescente
se ha vuelto tan sonora y grave
igual que las campanas que en la iglesia de mi pueblo
repican a vuelo y al oírlas me parece que a mí
que soy su viejo abuelo, llama.
Campanita de cristal,
de alma quebradiza,
tu cristalina voz semeja de mi niño el llanto;
¿o él te imita a ti?
porque cuando él llora su voz es quebrantada
y su tristeza a mis oídos entra
y a mi espíritu enferma.
Campanita de barro,
de alma consistente,
tu repetida voz semeja de mi niño la risa;
¿o él te imita a ti?
pues cuando él ríe su voz es cantarina,
y su alegría a mis oídos entra
y a mi espíritu sana.
Campanita de metal,
de alma resistente,
tu sonora voz semeja de mi niño el habla;
¿o él te imita a ti?
pues cuando él se expresa, su voz es fuerte,
y su elocuencia a mis oídos entra
y a mi espíritu eleva.
Campanitas de ayer, de hoy campanas,
las mismas que con el tiempo cambian,
igual que él se ha transformado;
sólo tres lustros han pasado
y su voz de niño-adolescente
se ha vuelto tan sonora y grave
igual que las campanas que en la iglesia de mi pueblo
repican a vuelo y al oírlas me parece que a mí
que soy su viejo abuelo, llama.
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