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Canción a una nueva despedida

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.
 
Última edición:
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.

Si digo que me ha encantado este poema me quedaría corta, pero así son las palabras que a veces ni las más sublimes sirven para hacer ver la grandiosidad.

Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.


No son pocas las veces que sentimos la soledad tan cercana que la imposibilidad se convierte en una opción.

Un saludo y un abrazo.


 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.
Escribes maravilloso querido amigo!!!!
Y cuanta razón, cuando eleva el vuelo una despedida, sólo vemos éso...
Quiero destacar un verso, pero no es posible. TODOS gozan de un elevado lirismo y profundo sentimiento.
Y el cierre, ah! el cierre, a veces somos tan minúsculos, tercos, ilusos, en fin... que no vemos más allá de nuestras narices, pues siempre queremos ver lo que nos conviene, o por el contrario nos cegamos tanto, que no logramos mirar lo verdaderamente importante.

Encantada y mucho recorrer este bello trabajo poético que nos compartes...
Un abrazo gigante con todo mi cariño
Camelia
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.


Quiero imaginar la sensación de tener piel de rana, de saberse palabra en una garganta sin voz y más ignoto aún para mi neurona es sentirse preso en una playa vacía... eso me cuesta un poco más porque esa soledad se me antoja fantástica. Como lo es el silencio de las piedras o el caer de ciervos infinitos... quiero imaginar y todo es posible amigo mío, porque tu capacidad para hacer de la fantasía una subida de telón es única.

Un placer recibir la luz que creas.
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Guauuu prisi, me dejas sin palabras, tus letras son un idioma que yo quisiera poder aprender.
Abrazotes!!!
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.

Prisionero inocente
A partir de tu hermosa y sentida poesía pienso que hay que detenerse a ver el vuelo del pájaro, para alimentarnos con la magia del instante, hay que besar las cicatrices que se guarda dentro para no convocar al silencio de las piedras, quizá hay que pasar por esta nueva despedida, para salir a un nuevo espacio en donde la aurora tenga sentido y donde enriquecidos por los fracasos se pinte un nuevo puerto.
Te felicito por tu excelente versar.
Un abrazo del tamaño de mis alas
Ana
 
En mi opinión este espléndido poema no encaja bien en el foro "surrealismo", pues aún teniendo imágenes y resplandores propios del surrealismo, su sentido y su tema son más propios de la poesía metafísica:
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.
Un poema esencialmente pesismista, en la línea desesperanzada de Cioran o Celan, maestros ambos en este tipo de poesía. La soledad como objeto de culto, pura idolatría en sí misma, impregna la mayoría del cuerpo del poema. La soledad, ese recurrente camino hacia la nada. Pero es que la sociedad actual tampoco ofrece muchas alternativas. El nihilismo se instala como elemento nutriente en el subsuelo del que el hombre alimenta sus raíces. Y naturalmente, como se dice vulgarmente, de donde no hay nada se puede sacar. Salvo que nos quedemos con estas muestras magníficas de poesía fulgurante, tal vez con la sola luz del fuego fatuo, pero Belleza en definitiva.
Magnífico poema, compañero; si es fruto de la inocencia de tu prisión, no seré yo quien te libere.
miguel
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.

Un poema esencialmente pesismista, en la línea desesperanzada de Cioran o Celan, maestros ambos en este tipo de poesía.
Magnifica obra donde se adora a la soledad. ella es el contexto y
esas racies que quedan sin luz, belleza en la contemplacion y
extasis enesa prision donde el fuego se diluye. excelente.
saludos amables de luzyabsenta
 
Tus poemas son como las buenas canciones, Marius, mientras más se escuchan más gustan (nada que ver con las comerciales canciones del verano :)). Un trabajo verdaderamente magnífico y hermoso.
Un abrazo, querido amigo.
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.

Enhorabuena amigo prisionero inocente... un placer disfrutar de tu talento leyendo tus obras. Un abrazo, que cvaya todo muy bien.
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.

Bellísimo Marius, cada verso se hace sentir a través de las inmensas visiones que propone la poesía con paisajes nunca vistos pero posibles en nuestro interior. Me ha encantado este viaje poético. Un saludo y gran abrazo hoy día.
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.


Disfrutando un Cabernet tinto.

Leyendo buena poesía.

Salud


RJL
 
No me imaginaba sentirme tan solo
y eso que tengo ángeles
que se inyectan la morfina de mis ideas
para mantener su piel de rana.
Pero me siento solo como una palabra
que quisiera ser voz
en la garganta de los mudos.
Tal vez porque comprendí que mi más temida prisión
es una playa vacía.
No me acostumbro a vivir entre la arena y las gaviotas hambrientas.
Demasiados idiomas para la misma soledad.
Buscando en los cajones de tu ropa, encontré recuerdos
que siempre estuvieron fuera del pensamiento,
recuerdos que resisten a la podedumbre mental.
El pueblo tiene una calma extraña.
La tesitura de la noche es una mezcla de pasos enamorados
y de conchas de caracol molidas por los coches que pasan a toda velocidad.
La vida seguirá siendo simple, pero no se puede obviar su simpleza.
¡Qué peldaños de oro tienes, mansión de la desdicha,
y sin embargo tus jardines se marchitan aleatoriamente!
Me acuesto con las ventanas abiertas y me late el corazón
en el escombro de todo lo que no pudo ser.
Entre las cicatrices que uno guarda dentro
hay gestos repetidos que convocan la aurora.
¿La aurora? Es más bien un silencio a piedras,
un caer de ciervos infinitos
en la proximidad de las tres tumbas del tiempo
que llevan inscrito el nombre de todos los fracasos
con colores de un puerto en ruinas.
Para qué tanta luz
si apenas vemos el pájaro
y nunca su vuelo.

Compañero es bueno reencontrarte aunque no encontré una obra actual tuya...
Espero que este bien.
Un abrazo.
 

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