Roman Vieira
El cuervo rojo que te observa en silencio.
Canción de amor y dos pingüinos.
Caben en mis palmas las mañanas
de un amor de frutas y sabor,
el beso tibio de la almohada,
y la mujer, mi gran amor.
Su bello rostro es melodía,
su cuerpo entero la pasión
y en mi guitarra, guitarra mía,
mi voz se hizo canción.
Mulata, mulata mía,
en pos de tu latido hay
brisas frescas en el mar,
en las palmas de mis manos,
en tu piel al navegar.
En las olas de tu pelo hay caracolas,
espuma de amor, amor al mar,
y en tu sonrisa encantadora…
mujer, están mis ganas de besar.
Amapolas florecen por tu pecho,
fina seda rumbo al mar,
más, abajo, en el confín de tu universo…
florecen juncos negros, una laguna,
un manantial.
Mulata, mulata mía,
no me dejes solo, ven al mar.
Y así, como se aman los pingüinos…
mulata, mulata mía, una pareja,
dos pingüinos, el amor…
y nadie más.
Mulata, mulata mía…
blanca eres, como la arena sobre el mar.
-Canción de amor y dos pingüinos-
Caben en mis palmas las mañanas
de un amor de frutas y sabor,
el beso tibio de la almohada,
y la mujer, mi gran amor.
Su bello rostro es melodía,
su cuerpo entero la pasión
y en mi guitarra, guitarra mía,
mi voz se hizo canción.
Mulata, mulata mía,
en pos de tu latido hay
brisas frescas en el mar,
en las palmas de mis manos,
en tu piel al navegar.
En las olas de tu pelo hay caracolas,
espuma de amor, amor al mar,
y en tu sonrisa encantadora…
mujer, están mis ganas de besar.
Amapolas florecen por tu pecho,
fina seda rumbo al mar,
más, abajo, en el confín de tu universo…
florecen juncos negros, una laguna,
un manantial.
Mulata, mulata mía,
no me dejes solo, ven al mar.
Y así, como se aman los pingüinos…
mulata, mulata mía, una pareja,
dos pingüinos, el amor…
y nadie más.
Mulata, mulata mía…
blanca eres, como la arena sobre el mar.
-Canción de amor y dos pingüinos-
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