David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
El dulce amor hallado
--tan pronto preso y fiel-- ha desistido,
y ahora abandonado
por el amante huïdo
pereces, solo, lóbrego y herido.
Feliz que te encontrabas
por disfrutar de toda la belleza
que amablemente amabas,
y ahora la tristeza
te inunda de los pies a la cabeza.
¡Oh, enamorado triste
antes capaz de controlar los vientos!
La amarga hiel te viste,
y solo los lamentos
encuentran en tu ser sus fundamentos.
¡Entre tus soledades
pasarán el minuto y el segundo,
y luego las edades,
pero un distinto mundo
será sin el amor claro y fecundo!
Mas, ya verás que luego
el amor volverá con su alegría,
aplacará tu fuego
que en tu interior ardía,
tapando lo que antes te dolía.
--tan pronto preso y fiel-- ha desistido,
y ahora abandonado
por el amante huïdo
pereces, solo, lóbrego y herido.
Feliz que te encontrabas
por disfrutar de toda la belleza
que amablemente amabas,
y ahora la tristeza
te inunda de los pies a la cabeza.
¡Oh, enamorado triste
antes capaz de controlar los vientos!
La amarga hiel te viste,
y solo los lamentos
encuentran en tu ser sus fundamentos.
¡Entre tus soledades
pasarán el minuto y el segundo,
y luego las edades,
pero un distinto mundo
será sin el amor claro y fecundo!
Mas, ya verás que luego
el amor volverá con su alegría,
aplacará tu fuego
que en tu interior ardía,
tapando lo que antes te dolía.