Bravo Coronado
Poeta recién llegado
Canción para los que quieren
A punto está
la marea huir del mar,
Y en el viento van
dos alas descolgadas,
perdida una mirada,
y un adios desde lejos
mañana volveré.
Ya no hay tiempo que perder,
el puente arde tras mis pasos,
las aguas se abren ante mí;
hoy te daré un abrazo
y dormiré en tu regazo,
quiero verte sonreir.
No importan los sortilegios del mundo
prendidos entre tus cabellos,
pero tus ojos, esos ojos sí me importan,
ya no me hacen daño.
Son lunas de día,
nimbos en la noche.
Y tus manos no duelen ya
en el recuerdo,
si enjugan tus lágrimas
o bailan al viento;
sin duda vendrá la lluvia,
sin duda florecerá el desierto.
Y es que no sé nada sobre mí,
sólo sé que se sucede un florecer
cuando un cauce soy de mí,
y dormida en una barca navegas
río abajo por mis aguas,
suspiran las piedras.
Y veo la muerte venir
mil veces a cada paso,
me recibe entre sus brazos
eres tú niña el porvenir.
Santifícame las alas
que temo ser colgajos de nube rancia,
prefiero ser fragancia
de agualuna
en tu flor.
A punto está
la marea huir del mar,
Y en el viento van
dos alas descolgadas,
perdida una mirada,
y un adios desde lejos
mañana volveré.
Ya no hay tiempo que perder,
el puente arde tras mis pasos,
las aguas se abren ante mí;
hoy te daré un abrazo
y dormiré en tu regazo,
quiero verte sonreir.
No importan los sortilegios del mundo
prendidos entre tus cabellos,
pero tus ojos, esos ojos sí me importan,
ya no me hacen daño.
Son lunas de día,
nimbos en la noche.
Y tus manos no duelen ya
en el recuerdo,
si enjugan tus lágrimas
o bailan al viento;
sin duda vendrá la lluvia,
sin duda florecerá el desierto.
Y es que no sé nada sobre mí,
sólo sé que se sucede un florecer
cuando un cauce soy de mí,
y dormida en una barca navegas
río abajo por mis aguas,
suspiran las piedras.
Y veo la muerte venir
mil veces a cada paso,
me recibe entre sus brazos
eres tú niña el porvenir.
Santifícame las alas
que temo ser colgajos de nube rancia,
prefiero ser fragancia
de agualuna
en tu flor.