Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cada amor vivido
tiene una banda sonora.
Un lugar especial
por ambos recorrido.
Olores. Deseos. Sueños
tejidos bajo las estrellas.
Todo recuerdo extasiado
se etiqueta y delimita.
Se archiva con esmero
en la memoria del latido.
Cuando el final llega,
-. y llega porque la eternidad
es una maldita utopía.-
y el dolor es tan intenso
que te supura en la mirada,
en vez de desterrar música,
parajes y aromas,
te sorprendes tarareando
las mismas notas.
Paseando por aquel jardín
a la búsqueda de sus huellas.
Impregnándote del perfume
de aquella primavera
en la que os jurasteis,
para no perder la costumbre,
que os amaríais siempre.
Esas canciones malditas,
plañideras de tu duelo
que te flagelan el alma,
acuden sin llamarlas a tu mente
y de tu mente, se vierten en tu boca.
Y mientras sigues desandando
el laberinto de tu nostalgia
vas regando a cada paso,
el aroma de las rosas.
tiene una banda sonora.
Un lugar especial
por ambos recorrido.
Olores. Deseos. Sueños
tejidos bajo las estrellas.
Todo recuerdo extasiado
se etiqueta y delimita.
Se archiva con esmero
en la memoria del latido.
Cuando el final llega,
-. y llega porque la eternidad
es una maldita utopía.-
y el dolor es tan intenso
que te supura en la mirada,
en vez de desterrar música,
parajes y aromas,
te sorprendes tarareando
las mismas notas.
Paseando por aquel jardín
a la búsqueda de sus huellas.
Impregnándote del perfume
de aquella primavera
en la que os jurasteis,
para no perder la costumbre,
que os amaríais siempre.
Esas canciones malditas,
plañideras de tu duelo
que te flagelan el alma,
acuden sin llamarlas a tu mente
y de tu mente, se vierten en tu boca.
Y mientras sigues desandando
el laberinto de tu nostalgia
vas regando a cada paso,
el aroma de las rosas.
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