Canillas rotas

Solaribus

Poeta veterano en el portal
Al Cangrejo Ermitaño
(de Susana Villalba)

Estamos buscando algo sin nombre.
Como si el universo fuera un pajar
un inmenso pajar perdido en una aguja.
Buscamos una virtud que brille en mitad del vicio
para evitar que el tiempo desangre y devore lo inocente
como una oruga obesa
implacable
mórbida.
Hoy estás acá, pero no siempre.
A veces no sos lo que quisieras.
Respirás por debajo de la capacidad de tus pulmones.
Sos una caricia venenosa que se hiere a sí misma.
Entonces asisto a tu martirio autografiado
como si fueras un atardecer sanguíneo.
No quiero que pienses que voy a permanecer impasible
frente al daño que te hacés con las palabras
esas serpientes blancas
escondidas como flechas en la niebla.
Sin embargo, a veces no puedo evitar pensar igual que vos
el vocablo preciso
la soledad a cuestas
el reclamo inconcluso.
Yo también estoy desesperado.
Arrastro el cuerpo sobre púas de trincheras embarradas
y no sé dónde queda el norte o el sur.
Por eso sentís que ya no sabés quién soy. Porque me ausento. Porque no voy a estar acá
el día de tu muerte, a menos que nos encuentre abrazados.
Dejame pasar. Quiero entrar. Te lo pido.
O quizás querrías dejar en una taza escondida en tu alacena de jarrones y búhos
tu marca labial
para que yo la reconozca
y así emprender un viaje de regreso en peldaños sutiles
volver a enamorarnos con señales y ojos adolescentes.
Yo dejaría una rosa sobre la cama. Una rosa roja sobre la cama tendida
pero no sé si quisieras permanecer conmigo en esa tierra que abandonamos hace tanto.
Aquella noche, cuando el reloj estalló y las sábanas se humedecieron hasta escurrir
y el gemido continuo despertó a la gata y a los seres inanimados de la casa
a cada búho de cerámica, los jarrones y los espejos
las sillas, las mesas, los cuadros y hasta los artefactos del baño
tampoco ahí, ninguno de los dos
dijo te amo.
Estoy cansado de pelear con tu lengua.
Que al lanzar las palabras al aire
signifiquen tantas cosas diferentes
como si no fueras, acaso
la otra cara de una misma moneda.
La cara que abre la boca y canta
y habla
y llora
esperando, como yo, un silencio.
Estamos cayendo. Estamos cayendo por un túnel húmedo.
El agua putrefacta permanece bendecida
por algunos peces pequeños.
Una ballena pasa de a ratos y engulle el krill de la angustia.
Eso me esperanza.
A veces la gata pregunta por mí.
Le contestás que estoy al caer, pero no quiero hacerlo sobre vos
como un náufrago que te hunde para salvarse.
Ni mezclar tu voz con la mía con tal de no oírte.
Por eso pongo en la orilla la débil luz de una lámpara de agua
como si fuera una estrella que viaja.
Ese cometa merecería tocarte.
Merecería partir tu corazón en dos mitades perfectas, lustrosas
una a cada lado de la historia.
Los recuerdos son pies que no caminan pero aplastan
tampoco esperan que estés menos sensible.
Me cansé de pedirte que no me buscaras en el tarot.
Que me preguntes a mí dónde estoy
¿te acordás?
Ya no sé donde estoy.
Creo que me perdí en alguna bocanada de humo.
Me cansé de pedirte que no fumés después del amor
es el momento de abrazar al otro
y proyectar el futuro. El momento más débil y sagrado.
Pero no voy a hacerte reproches. Prefiero seguir buscando algo imposible de mirar.
Una gorgona de cabellos horrendos que me haga salir corriendo a buscarte
donde todavía no hayas llegado.
O quizás un palacio de columnas jónicas blanquísimas
un patio de mármol a cielo abierto
donde me veas y recuerdes cuando andábamos unidos por el centro de los cuerpos.
Pero no sé. La tarde se fue. La gata maúlla y vos no le prestás atención.
Sabés que ella ve y conoce las cosas como yo.
Aunque ahora no hay ceniceros esparcidos por la casa
quizás es señal de que algo está cambiando un poco.
Hoy arreglé la canilla que perdía. No fue sencillo.
El vástago no se consigue
tuve que hacer que tornearan uno nuevo.
En el fondo conozco tu respuesta a mis pequeños esfuerzos.
Nada alcanza para rearmar los pedazos de lo que rompió el agua.
Tiendo la mano y no te encuentro.
Y siento el alma flotar entre los desechos.
Te pierdo y nos perdemos.
Te pierdo y nos perdemos

te pierdo
y nos perdemos.
 
Última edición:
Celebro encontrarte Solaribus, he disfrutado de un buen poema.
Gracias el buen talento que compartes amigo. Saludo con afecto.
Al Cangrejo Hermitaño
(de Susana Villalba)

Estamos buscando algo sin nombre.
Como si el universo fuera un pajar
un inmenso pajar perdido en una aguja.
Buscamos una virtud que brille en mitad del vicio
para evitar que el tiempo desangre y devore lo inocente
como una oruga obesa
implacable
mórbida.
Hoy estás acá, pero no siempre.
A veces no sos lo que quisieras.
Respirás por debajo de la capacidad de tus pulmones.
Sos una caricia venenosa que se hiere a sí misma.
Entonces asisto a tu martirio autografiado
como si fueras un atardecer sanguíneo.
No quiero que pienses que voy a permanecer impasible
frente al daño que te hacés con las palabras
esas serpientes blancas
escondidas como flechas en la niebla.
Sin embargo, a veces no puedo evitar pensar igual que vos
el vocablo preciso
la soledad a cuestas
el reclamo inconcluso.
Yo también estoy desesperado.
Arrastro el cuerpo sobre púas de trincheras embarradas
y no sé dónde queda el norte o el sur.
Por eso sentís que ya no sabés quién soy. Porque me ausento. Porque no voy a estar acá
el día de tu muerte, a menos que nos encuentre abrazados.
Dejame pasar. Quiero entrar. Te lo pido.
O quizás querrías dejar en una taza escondida en tu alacena de jarrones y búhos
tu marca labial
para que yo la reconozca
y así emprender un viaje de regreso en peldaños sutiles
volver a enamorarnos con señales y ojos adolescentes.
Yo dejaría una rosa sobre la cama. Una rosa roja sobre la cama tendida
pero no sé si quisieras permanecer conmigo en esa tierra que abandonamos hace tanto.
Aquella noche, cuando el reloj estalló y las sábanas se humedecieron hasta escurrir
y el gemido continuo despertó a la gata y a los seres inanimados de la casa
a cada búho de cerámica, los jarrones y los espejos
las sillas, las mesas, los cuadros y hasta los artefactos del baño
tampoco ahí, ninguno de los dos
dijo te amo.
Estoy cansado de pelear con tu lengua.
Que al lanzar las palabras al aire
signifiquen tantas cosas diferentes
como si no fueras, acaso
la otra cara de una misma moneda.
La cara que abre la boca y canta
y habla
y llora
esperando, como yo, un silencio.
Estamos cayendo. Estamos cayendo por un túnel húmedo.
El agua putrefacta permanece bendecida
por algunos peces pequeños.
Una ballena pasa de a ratos y engulle el krill de la angustia.
Eso me esperanza.
A veces la gata pregunta por mí.
Le contestás que estoy al caer, pero no quiero hacerlo sobre vos
como un náufrago que te hunde para salvarse.
Ni mezclar tu voz con la mía con tal de no oírte.
Por eso pongo en la orilla la débil luz de una lámpara de agua
como si fuera una estrella que viaja.
Ese cometa merecería tocarte.
Merecería partir tu corazón en dos mitades perfectas, lustrosas
una a cada lado de la historia.
Los recuerdos son pies que no caminan pero aplastan
tampoco esperan que estés menos sensible.
Me cansé de pedirte que no me buscaras en el tarot.
Que me preguntes a mí dónde estoy
¿te acordás?
Ya no sé donde estoy.
Creo que me perdí en alguna bocanada de humo.
Me cansé de pedirte que no fumés después del amor
es el momento de abrazar al otro
y proyectar el futuro. El momento más débil y sagrado.
Pero no voy a hacerte reproches. Prefiero seguir buscando algo imposible de mirar.
Una gorgona de cabellos horrendos que me haga salir corriendo a buscarte
donde todavía no hayas llegado.
O quizás un palacio de columnas jónicas blanquísimas
un patio de mármol a cielo abierto
donde me veas y recuerdes cuando andábamos unidos por el centro de los cuerpos.
Pero no sé. La tarde se fue. La gata maúlla y vos no le prestás atención.
Sabés que ella ve y conoce las cosas como yo.
Aunque ahora no hay ceniceros esparcidos por la casa
quizás es señal de que algo está cambiando un poco.
Hoy arreglé la canilla que perdía. No fue sencillo.
El vástago no se consigue
tuve que hacer que tornearan uno nuevo.
En el fondo conozco tu respuesta a mis pequeños esfuerzos.
Nada alcanza para rearmar los pedazos de lo que rompió el agua.
Tiendo la mano y no te encuentro.
Y siento el alma flotar entre los desechos.
Te pierdo y nos perdemos.
Te pierdo y nos perdemos

te pierdo
y nos perdemos.
 
Estamos buscando algo sin nombre.
Como si el universo fuera un pajar
un inmenso pajar perdido en una aguja.
Buscamos una virtud que brille en mitad del vicio
para evitar que el tiempo desangre y devore lo inocente
como una oruga obesa
implacable
mórbida.
Hoy estás acá, pero no siempre.
A veces no sos lo que quisieras.
Respirás por debajo de la capacidad de tus pulmones.
Sos una caricia venenosa que se hiere a sí misma.
Entonces asisto a tu martirio autografiado
como si fueras un atardecer sanguíneo.
No quiero que pienses que voy a permanecer impasible
frente al daño que te hacés con las palabras
esas serpientes blancas
escondidas como flechas en la niebla.
Sin embargo, a veces no puedo evitar pensar igual que vos
el vocablo preciso
la soledad a cuestas
el reclamo inconcluso.
Yo también estoy desesperado.
Arrastro el cuerpo sobre púas de trincheras embarradas
y no sé dónde queda el norte o el sur.
Por eso sentís que ya no sabés quién soy. Porque me ausento. Porque no voy a estar acá
el día de tu muerte, a menos que nos encuentre abrazados.
Dejame pasar. Quiero entrar. Te lo pido.
O quizás querrías dejar en una taza escondida en tu alacena de jarrones y búhos
tu marca labial
para que yo la reconozca
y así emprender un viaje de regreso en peldaños sutiles
volver a enamorarnos con señales y ojos adolescentes.
Yo dejaría una rosa sobre la cama. Una rosa roja sobre la cama tendida
pero no sé si quisieras permanecer conmigo en esa tierra que abandonamos hace tanto.
Aquella noche, cuando el reloj estalló y las sábanas se humedecieron hasta escurrir
y el gemido continuo despertó a la gata y a los seres inanimados de la casa
a cada búho de cerámica, los jarrones y los espejos
las sillas, las mesas, los cuadros y hasta los artefactos del baño
tampoco ahí, ninguno de los dos
dijo te amo.
Estoy cansado de pelear con tu lengua.
Que al lanzar las palabras al aire
signifiquen tantas cosas diferentes
como si no fueras, acaso
la otra cara de una misma moneda.
La cara que abre la boca y canta
y habla
y llora
esperando, como yo, un silencio.
Estamos cayendo. Estamos cayendo por un túnel húmedo.
El agua putrefacta permanece bendecida
por algunos peces pequeños.
Una ballena pasa de a ratos y engulle el krill de la angustia.
Eso me esperanza.
A veces la gata pregunta por mí.
Le contestás que estoy al caer, pero no quiero hacerlo sobre vos
como un náufrago que te hunde para salvarse.
Ni mezclar tu voz con la mía con tal de no oírte.
Por eso pongo en la orilla la débil luz de una lámpara de agua
como si fuera una estrella que viaja.
Ese cometa merecería tocarte.
Merecería partir tu corazón en dos mitades perfectas, lustrosas
una a cada lado de la historia.
Los recuerdos son pies que no caminan pero aplastan
tampoco esperan que estés menos sensible.
Me cansé de pedirte que no me buscaras en el tarot.
Que me preguntes a mí dónde estoy
¿te acordás?
Ya no sé donde estoy.
Creo que me perdí en alguna bocanada de humo.
Me cansé de pedirte que no fumés después del amor
es el momento de abrazar al otro
y proyectar el futuro. El momento más débil y sagrado.
Pero no voy a hacerte reproches. Prefiero seguir buscando algo imposible de mirar.
Una gorgona de cabellos horrendos que me haga salir corriendo a buscarte
donde todavía no hayas llegado.
O quizás un palacio de columnas jónicas blanquísimas
un patio de mármol a cielo abierto
donde me veas y recuerdes cuando andábamos unidos por el centro de los cuerpos.
Pero no sé. La tarde se fue. La gata maúlla y vos no le prestás atención.
Sabés que ella ve y conoce las cosas como yo.
Aunque ahora no hay ceniceros esparcidos por la casa
quizás es señal de que algo está cambiando un poco.
Hoy arreglé la canilla que perdía. No fue sencillo.
El vástago no se consigue
tuve que hacer que tornearan uno nuevo.
En el fondo conozco tu respuesta a mis pequeños esfuerzos.
Nada alcanza para rearmar los pedazos de lo que rompió el agua.
Tiendo la mano y no te encuentro.
Y siento el alma flotar entre los desechos.
Te pierdo y nos perdemos.
Te pierdo y nos perdemos
una poesía al estilo vanguardista y una recriminación al destino.
 
Me ha gustado. Poéticamente extraordinario. Fuera de toda norma.

Un placer leerlo Solabarius.

Un abrazo.

Jon
Al Cangrejo Hermitaño
(de Susana Villalba)

Estamos buscando algo sin nombre.
Como si el universo fuera un pajar
un inmenso pajar perdido en una aguja.
Buscamos una virtud que brille en mitad del vicio
para evitar que el tiempo desangre y devore lo inocente
como una oruga obesa
implacable
mórbida.
Hoy estás acá, pero no siempre.
A veces no sos lo que quisieras.
Respirás por debajo de la capacidad de tus pulmones.
Sos una caricia venenosa que se hiere a sí misma.
Entonces asisto a tu martirio autografiado
como si fueras un atardecer sanguíneo.
No quiero que pienses que voy a permanecer impasible
frente al daño que te hacés con las palabras
esas serpientes blancas
escondidas como flechas en la niebla.
Sin embargo, a veces no puedo evitar pensar igual que vos
el vocablo preciso
la soledad a cuestas
el reclamo inconcluso.
Yo también estoy desesperado.
Arrastro el cuerpo sobre púas de trincheras embarradas
y no sé dónde queda el norte o el sur.
Por eso sentís que ya no sabés quién soy. Porque me ausento. Porque no voy a estar acá
el día de tu muerte, a menos que nos encuentre abrazados.
Dejame pasar. Quiero entrar. Te lo pido.
O quizás querrías dejar en una taza escondida en tu alacena de jarrones y búhos
tu marca labial
para que yo la reconozca
y así emprender un viaje de regreso en peldaños sutiles
volver a enamorarnos con señales y ojos adolescentes.
Yo dejaría una rosa sobre la cama. Una rosa roja sobre la cama tendida
pero no sé si quisieras permanecer conmigo en esa tierra que abandonamos hace tanto.
Aquella noche, cuando el reloj estalló y las sábanas se humedecieron hasta escurrir
y el gemido continuo despertó a la gata y a los seres inanimados de la casa
a cada búho de cerámica, los jarrones y los espejos
las sillas, las mesas, los cuadros y hasta los artefactos del baño
tampoco ahí, ninguno de los dos
dijo te amo.
Estoy cansado de pelear con tu lengua.
Que al lanzar las palabras al aire
signifiquen tantas cosas diferentes
como si no fueras, acaso
la otra cara de una misma moneda.
La cara que abre la boca y canta
y habla
y llora
esperando, como yo, un silencio.
Estamos cayendo. Estamos cayendo por un túnel húmedo.
El agua putrefacta permanece bendecida
por algunos peces pequeños.
Una ballena pasa de a ratos y engulle el krill de la angustia.
Eso me esperanza.
A veces la gata pregunta por mí.
Le contestás que estoy al caer, pero no quiero hacerlo sobre vos
como un náufrago que te hunde para salvarse.
Ni mezclar tu voz con la mía con tal de no oírte.
Por eso pongo en la orilla la débil luz de una lámpara de agua
como si fuera una estrella que viaja.
Ese cometa merecería tocarte.
Merecería partir tu corazón en dos mitades perfectas, lustrosas
una a cada lado de la historia.
Los recuerdos son pies que no caminan pero aplastan
tampoco esperan que estés menos sensible.
Me cansé de pedirte que no me buscaras en el tarot.
Que me preguntes a mí dónde estoy
¿te acordás?
Ya no sé donde estoy.
Creo que me perdí en alguna bocanada de humo.
Me cansé de pedirte que no fumés después del amor
es el momento de abrazar al otro
y proyectar el futuro. El momento más débil y sagrado.
Pero no voy a hacerte reproches. Prefiero seguir buscando algo imposible de mirar.
Una gorgona de cabellos horrendos que me haga salir corriendo a buscarte
donde todavía no hayas llegado.
O quizás un palacio de columnas jónicas blanquísimas
un patio de mármol a cielo abierto
donde me veas y recuerdes cuando andábamos unidos por el centro de los cuerpos.
Pero no sé. La tarde se fue. La gata maúlla y vos no le prestás atención.
Sabés que ella ve y conoce las cosas como yo.
Aunque ahora no hay ceniceros esparcidos por la casa
quizás es señal de que algo está cambiando un poco.
Hoy arreglé la canilla que perdía. No fue sencillo.
El vástago no se consigue
tuve que hacer que tornearan uno nuevo.
En el fondo conozco tu respuesta a mis pequeños esfuerzos.
Nada alcanza para rearmar los pedazos de lo que rompió el agua.
Tiendo la mano y no te encuentro.
Y siento el alma flotar entre los desechos.
Te pierdo y nos perdemos.
Te pierdo y nos perdemos

te pierdo
y nos perdemos.
 
Hermoso... sensible, sobrecogedor y hermoso...
Un gusto volver a leerte querido amigo...te abrazo con todo mi cariño...
Hermoso... sensible, sobrecogedor y hermoso...
Un gusto volver a leerte querido amigo...te abrazo con todo mi cariño...
Gracias Nancy. Es bueno volver a casa de vez en cuando y encontrar la sonrisa de los antiguos amigos. Abrazo desde Buenos Aires. Dani.
 
Te leo.
te leo
te leooooo...!!!
-yo también-
(al únisono)
mi poeta preferido
mi soñador indivisible.

gracias por estar aquí...
con tus "canillas rotas"
y ese cangrejo ermitaño.
por compartir nuevamente.
Besos
 
Al Cangrejo Ermitaño
(de Susana Villalba)

Estamos buscando algo sin nombre.
Como si el universo fuera un pajar
un inmenso pajar perdido en una aguja.
Buscamos una virtud que brille en mitad del vicio
para evitar que el tiempo desangre y devore lo inocente
como una oruga obesa
implacable
mórbida.
Hoy estás acá, pero no siempre.
A veces no sos lo que quisieras.
Respirás por debajo de la capacidad de tus pulmones.
Sos una caricia venenosa que se hiere a sí misma.
Entonces asisto a tu martirio autografiado
como si fueras un atardecer sanguíneo.
No quiero que pienses que voy a permanecer impasible
frente al daño que te hacés con las palabras
esas serpientes blancas
escondidas como flechas en la niebla.
Sin embargo, a veces no puedo evitar pensar igual que vos
el vocablo preciso
la soledad a cuestas
el reclamo inconcluso.
Yo también estoy desesperado.
Arrastro el cuerpo sobre púas de trincheras embarradas
y no sé dónde queda el norte o el sur.
Por eso sentís que ya no sabés quién soy. Porque me ausento. Porque no voy a estar acá
el día de tu muerte, a menos que nos encuentre abrazados.
Dejame pasar. Quiero entrar. Te lo pido.
O quizás querrías dejar en una taza escondida en tu alacena de jarrones y búhos
tu marca labial
para que yo la reconozca
y así emprender un viaje de regreso en peldaños sutiles
volver a enamorarnos con señales y ojos adolescentes.
Yo dejaría una rosa sobre la cama. Una rosa roja sobre la cama tendida
pero no sé si quisieras permanecer conmigo en esa tierra que abandonamos hace tanto.
Aquella noche, cuando el reloj estalló y las sábanas se humedecieron hasta escurrir
y el gemido continuo despertó a la gata y a los seres inanimados de la casa
a cada búho de cerámica, los jarrones y los espejos
las sillas, las mesas, los cuadros y hasta los artefactos del baño
tampoco ahí, ninguno de los dos
dijo te amo.
Estoy cansado de pelear con tu lengua.
Que al lanzar las palabras al aire
signifiquen tantas cosas diferentes
como si no fueras, acaso
la otra cara de una misma moneda.
La cara que abre la boca y canta
y habla
y llora
esperando, como yo, un silencio.
Estamos cayendo. Estamos cayendo por un túnel húmedo.
El agua putrefacta permanece bendecida
por algunos peces pequeños.
Una ballena pasa de a ratos y engulle el krill de la angustia.
Eso me esperanza.
A veces la gata pregunta por mí.
Le contestás que estoy al caer, pero no quiero hacerlo sobre vos
como un náufrago que te hunde para salvarse.
Ni mezclar tu voz con la mía con tal de no oírte.
Por eso pongo en la orilla la débil luz de una lámpara de agua
como si fuera una estrella que viaja.
Ese cometa merecería tocarte.
Merecería partir tu corazón en dos mitades perfectas, lustrosas
una a cada lado de la historia.
Los recuerdos son pies que no caminan pero aplastan
tampoco esperan que estés menos sensible.
Me cansé de pedirte que no me buscaras en el tarot.
Que me preguntes a mí dónde estoy
¿te acordás?
Ya no sé donde estoy.
Creo que me perdí en alguna bocanada de humo.
Me cansé de pedirte que no fumés después del amor
es el momento de abrazar al otro
y proyectar el futuro. El momento más débil y sagrado.
Pero no voy a hacerte reproches. Prefiero seguir buscando algo imposible de mirar.
Una gorgona de cabellos horrendos que me haga salir corriendo a buscarte
donde todavía no hayas llegado.
O quizás un palacio de columnas jónicas blanquísimas
un patio de mármol a cielo abierto
donde me veas y recuerdes cuando andábamos unidos por el centro de los cuerpos.
Pero no sé. La tarde se fue. La gata maúlla y vos no le prestás atención.
Sabés que ella ve y conoce las cosas como yo.
Aunque ahora no hay ceniceros esparcidos por la casa
quizás es señal de que algo está cambiando un poco.
Hoy arreglé la canilla que perdía. No fue sencillo.
El vástago no se consigue
tuve que hacer que tornearan uno nuevo.
En el fondo conozco tu respuesta a mis pequeños esfuerzos.
Nada alcanza para rearmar los pedazos de lo que rompió el agua.
Tiendo la mano y no te encuentro.
Y siento el alma flotar entre los desechos.
Te pierdo y nos perdemos.
Te pierdo y nos perdemos

te pierdo
y nos perdemos.
Hay imágenes tan potentes que traspasan esta pantalla y llegan al corazón, gracias por escribir así tan bonito, gracias por compartir esta triste obra gran poeta.

Nada alcanza para rearmar los pedazos de lo que rompió el agua.

Magistral abrabesos mi querido poeta.
 
Lástima que no leí Al Cangrejo Ermitaño Daniel, pero tu poema es una suerte de dolorosos
reproches, de una íntima insatisfacción, la búsqueda incesante de quien es y quien quisiera
ser en la otra persona que se aleja, es que es profunda esta declaración de invisibilidad que
hace el protagonista de tu inspiración, lo leo y lo siento como quebrándose, es un amor que
se estrena como esa casa nueva, llenos de ilusión y al final se va desmoronando ante la infinita
impotencia de quien aún con con ánimo de rescatarlo, entiende que será en vano el esfuerzo y
se conduele. Otra vez me voy por las ramas, será el trasnocho, para mi es un poema de una
gran profundidad, lleno de vivencias, de sentimientos en conflictos, en fin, un poema para
leer y releer. Gracias por otro gran momento de lectura. Besitos apretados en tus mejillas.
 
que hermoso poema rescataste Anita...en esa época no leía tanto ¿será por eso que me lo perdí? ...
¿donde andarás Dani?...
Ojalá hayas encontrado eso que buscabas...
me encantó! que va...mucho más... me atrapaste ! la tristeza gotea por cada palabra...
 
Porque siento que ya he leído este poema y se que no, pero tengo esa sensación, lo siento familiar, se que pasaré varias veces por acá, que gustare mucho tiempo de la historia que se desgrana, que se hace palpable entre las letras, tan familiar, tan mágico, intimo como cotidiano, yo he vivido estas cosas, he perdido estos momentos en otros momentos de mi vida, siento que otros no entienden lo que te digo, no es fácil de explicar, pero vos lo vas a entender, las palabras del final repetidas tantas veces como necesarias, el poema del cangrejo ermitaño; como especular espejo de este otro poema, haciéndose ecos, mandase sus señales brujas entre ellos. No sé Daniel, es una sobredosis de poesía, jeje voy a tener que descansar un poco, desde que empecé a publicar mis últimos poemas en el portal ( dicimbre2020-enero2021) siento que ha sido un subidón de emociones que se me han hecho difíciles de controlar hasta en mi trabajo. igual es algo hermoso estar a flor de piel con la poesía. Te prometo que voy a volver a comentarte mejor este poema que tiene viva propia. Un abrazo.
 
Última edición:

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba