Tamiz
Poeta recién llegado
He de avisar que en mi tierra,
a la Catrina de Merche
se le llama “La Canina”
y, allá por Semana Santa
la sacamos a pasear…
y, claro, como es natural,
pues...le acabamos cogiendo
cierta familiaridad.
Así, cuando leí a Merche,
mi Catrina asi quedó
es hora que os la presente:
No sabía yo que Catrina,
además de un huracán,
tambien era... la canina!
El día que me la encuentre
me tendré que conformar,
porque, aunque no me conforme,
a ella lo mismo le da
y a mi... me va a dar igual.
Pero mientras llega el día...
¿qué habláis de conformidad?
Si la veo allá lejos...
dejad que cruce la calle
me vuelva, o doble la esquina...
Dejad que ponga distancia
entre mi cuerpo y Catrina.
Si ha de venir por mi calle...
mejor que pase de largo
que tropiece y se desmonte,
o caiga en la alcantarilla.
Merche ya la toreó
y la dejó sin orejas...
quizá si yo la toreo
le corte la rabadilla,
que lo que es el rabo no.
Que tarde mucho en venir
o no acuda a visitarnos,
a cualquiera de nosotros,
la pensativa canina.
Ahí está, ahí os la dejo,
más no fiéis de su aspecto
pensativo y melancólico,
se le ha visto más de un salto
a por uno que miraba,
mientras un trueno sonaba:
“¡Ea, un turista menos!”
a la Catrina de Merche
se le llama “La Canina”
y, allá por Semana Santa
la sacamos a pasear…
y, claro, como es natural,
pues...le acabamos cogiendo
cierta familiaridad.
Así, cuando leí a Merche,
mi Catrina asi quedó
es hora que os la presente:
No sabía yo que Catrina,
además de un huracán,
tambien era... la canina!
El día que me la encuentre
me tendré que conformar,
porque, aunque no me conforme,
a ella lo mismo le da
y a mi... me va a dar igual.
Pero mientras llega el día...
¿qué habláis de conformidad?
Si la veo allá lejos...
dejad que cruce la calle
me vuelva, o doble la esquina...
Dejad que ponga distancia
entre mi cuerpo y Catrina.
Si ha de venir por mi calle...
mejor que pase de largo
que tropiece y se desmonte,
o caiga en la alcantarilla.
Merche ya la toreó
y la dejó sin orejas...
quizá si yo la toreo
le corte la rabadilla,
que lo que es el rabo no.
Que tarde mucho en venir
o no acuda a visitarnos,
a cualquiera de nosotros,
la pensativa canina.
Ahí está, ahí os la dejo,
más no fiéis de su aspecto
pensativo y melancólico,
se le ha visto más de un salto
a por uno que miraba,
mientras un trueno sonaba:
“¡Ea, un turista menos!”
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