Velvet Drop Of Blood
Poeta recién llegado
Como un tronco que se queda a la deriva.
Al que le salieron demasiadas ramas,
ramas que no deberían.
Que es hogar y guarida de las extrañas criaturas que escupe la vida.
Con un centro hueco, añejo y húmedo al que le obligaron a llamar vida.
Esclava de un tiempo que lo avejenta,
prisionera en una cárcel hecha de sueños que no sueña,
rodeada de paredes tapizadas de colores que no puedo ver,
de aromas impregnados en el aire que no puedo oler…
y alejada de la fina caricia olvidada en las cloacas de la vida,
caricia que nunca podré volver a sentir.
Atormentada con mirar el cielo que nunca alcanzaré,
condenada a besar la tierra en la que algún día me podriré.
Y así camino, arrastrando una sombra que a veces la olvido,
que se esconde… que huye porque sólo gusta salir de noche.
Me llevan un par de pies que juntos caminan,
que me arrastran, me navegan, me naufragian…
por el largo y oscuro sendero de la vida.
Tengo dos manos que me salieron algún día,
con ellas puedo escribirle a la vida
y a ratos reprocharle el que siga ahí todavía.
Tengo dos ojos que miran, pero hace tiempo ya prefiero cerrarlos e imaginar
qué sería.
Soy el vacío cascarón de un huevo que empolló la vida,
tal vez un rey sin su respectiva reina,
la llave defectuosa incapaz de abrir el cajón de la alegría,
el paisaje en una casa de un hombre que carece de vista,
un recién nacido sin el pecho de su nodriza,
me veo formada en una larga fila en la que prometen caricias…
y así permaneceré, esperando a que me termine el pintor,
que ha muerto sin ponerme sonrisa.
Al que le salieron demasiadas ramas,
ramas que no deberían.
Que es hogar y guarida de las extrañas criaturas que escupe la vida.
Con un centro hueco, añejo y húmedo al que le obligaron a llamar vida.
Esclava de un tiempo que lo avejenta,
prisionera en una cárcel hecha de sueños que no sueña,
rodeada de paredes tapizadas de colores que no puedo ver,
de aromas impregnados en el aire que no puedo oler…
y alejada de la fina caricia olvidada en las cloacas de la vida,
caricia que nunca podré volver a sentir.
Atormentada con mirar el cielo que nunca alcanzaré,
condenada a besar la tierra en la que algún día me podriré.
Y así camino, arrastrando una sombra que a veces la olvido,
que se esconde… que huye porque sólo gusta salir de noche.
Me llevan un par de pies que juntos caminan,
que me arrastran, me navegan, me naufragian…
por el largo y oscuro sendero de la vida.
Tengo dos manos que me salieron algún día,
con ellas puedo escribirle a la vida
y a ratos reprocharle el que siga ahí todavía.
Tengo dos ojos que miran, pero hace tiempo ya prefiero cerrarlos e imaginar
qué sería.
Soy el vacío cascarón de un huevo que empolló la vida,
tal vez un rey sin su respectiva reina,
la llave defectuosa incapaz de abrir el cajón de la alegría,
el paisaje en una casa de un hombre que carece de vista,
un recién nacido sin el pecho de su nodriza,
me veo formada en una larga fila en la que prometen caricias…
y así permaneceré, esperando a que me termine el pintor,
que ha muerto sin ponerme sonrisa.