Quinto Brena
Poeta adicto al portal
Invulnerables paredes.
Medianoche densa.
Tu, el recuerdo incendiado de mis ojos,
canalizando una espera larga,
agónica, sudorosa.
Tras las cortinas esta la calle
hambrienta de gentes como siempre.
Yo, impaciente, Esperando.
Impaciente te busco,
pero las horas me escaldan la espera.
No llego a ser aún, mujer,
el amigo de tus entrañas.
Sólo viene incesante,
la sacudida de los perros en la calle,
desgarrándose a mordidas,
amándose de diente y sangre.
Sólo viene incesante,
el vacío de nuestro banco en el patio,
la ausencia de tu calor en mi cama.
La muerte. Alguien dice.
La hoguera, la aridez,
el polvo saliendo de la hornaza.
Mis ojos mirando recelosos,
ansiosos de beber la llama humeante,
de cada ceniza ardiendo.
Mis ojos resecos de mirarte en cada forma,
cansados de amarte,
y amarte.
Medianoche densa.
Tu, el recuerdo incendiado de mis ojos,
canalizando una espera larga,
agónica, sudorosa.
Tras las cortinas esta la calle
hambrienta de gentes como siempre.
Yo, impaciente, Esperando.
Impaciente te busco,
pero las horas me escaldan la espera.
No llego a ser aún, mujer,
el amigo de tus entrañas.
Sólo viene incesante,
la sacudida de los perros en la calle,
desgarrándose a mordidas,
amándose de diente y sangre.
Sólo viene incesante,
el vacío de nuestro banco en el patio,
la ausencia de tu calor en mi cama.
La muerte. Alguien dice.
La hoguera, la aridez,
el polvo saliendo de la hornaza.
Mis ojos mirando recelosos,
ansiosos de beber la llama humeante,
de cada ceniza ardiendo.
Mis ojos resecos de mirarte en cada forma,
cansados de amarte,
y amarte.
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