Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Recuerda,
cuando te canses de caminar por las calles, huyendo de tu casa y tus esposas,
recuerda que tienes un cita en la mañana detenida de mañana,
juntarse conmigo en la penumbra será una hermosa fantasía y su golpe final un abrazo rojo, eterno compañero de mi sangre.
Lo llevaré conmigo cuando aterrice en otros mundos,
y busque tu cara en mis naufragios,
otras naves dilatadas me muestren mil caminos,
tus senderos.
Cuando estés cansada de buscarme,
te espero en el café de tus recuerdos,
en la mitad de otra mañana detenida,
austera,
repleta de silencios,
negra como tus ojos, enrojecida por mis celos y mi rabia,
no tenerte es el castigo, los infiernos,
tu capa nebulosa acaricia otras noches y yo estallo,
y confronto tus caminos,
amortajada.
Por eso,
ni el silencio,
ni tus padres,
ni el silbido lejano de los trenes,
ni los hijos, ni sus padres,
ni el temor,
ni la leche ni los panes,
ni el salvaje repertorio de tus gritos,
ni aullar en terreros sacrosantos,
lograrán redimirte de mis besos,
ni salvarte de mi furia encarcelada,
estarás cansada de olvidarme,
pero nunca podrás resucitarme,
después de matarme para nada.
cuando te canses de caminar por las calles, huyendo de tu casa y tus esposas,
recuerda que tienes un cita en la mañana detenida de mañana,
juntarse conmigo en la penumbra será una hermosa fantasía y su golpe final un abrazo rojo, eterno compañero de mi sangre.
Lo llevaré conmigo cuando aterrice en otros mundos,
y busque tu cara en mis naufragios,
otras naves dilatadas me muestren mil caminos,
tus senderos.
Cuando estés cansada de buscarme,
te espero en el café de tus recuerdos,
en la mitad de otra mañana detenida,
austera,
repleta de silencios,
negra como tus ojos, enrojecida por mis celos y mi rabia,
no tenerte es el castigo, los infiernos,
tu capa nebulosa acaricia otras noches y yo estallo,
y confronto tus caminos,
amortajada.
Por eso,
ni el silencio,
ni tus padres,
ni el silbido lejano de los trenes,
ni los hijos, ni sus padres,
ni el temor,
ni la leche ni los panes,
ni el salvaje repertorio de tus gritos,
ni aullar en terreros sacrosantos,
lograrán redimirte de mis besos,
ni salvarte de mi furia encarcelada,
estarás cansada de olvidarme,
pero nunca podrás resucitarme,
después de matarme para nada.