Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Canto porque la vida se muerde la lengua,
porque el tiempo siempre llega tarde
y las promesas caen como hojas en otoño,
frágiles, vacías, hermosas en su caída.
Canto porque amar es una revolución secreta, porque tu nombre es una plegaria
que recito entre las sábanas rotas del insomnio.
Porque el corazón nunca pregunta,
solo salta, golpea, se rompe y vuelve.
Canto porque somos polvo con memoria,
porque el olvido nos hace humanos
y la memoria nos llena de espinas.
Canto para llenar los vacíos,
para pelearle a la muerte su abrazo frío.
Canto porque el dolor sabe a café amargo
y la alegría es un puñado de monedas gastadas que tintinean en el bolsillo de la esperanza.
Canto porque la vida no sabe detenerse,
porque a pesar de todo, el sol insiste en salir cada mañana, como si no supiera
que a veces no tenemos fuerzas para mirarlo.
Canto porque callar sería traición,
porque cada palabra es una grieta en la soledad, y cada verso, una mano tendida.
Canto porque tú,
aunque estés lejos,
siempre vuelves en el eco de mis cantares.
porque el tiempo siempre llega tarde
y las promesas caen como hojas en otoño,
frágiles, vacías, hermosas en su caída.
Canto porque amar es una revolución secreta, porque tu nombre es una plegaria
que recito entre las sábanas rotas del insomnio.
Porque el corazón nunca pregunta,
solo salta, golpea, se rompe y vuelve.
Canto porque somos polvo con memoria,
porque el olvido nos hace humanos
y la memoria nos llena de espinas.
Canto para llenar los vacíos,
para pelearle a la muerte su abrazo frío.
Canto porque el dolor sabe a café amargo
y la alegría es un puñado de monedas gastadas que tintinean en el bolsillo de la esperanza.
Canto porque la vida no sabe detenerse,
porque a pesar de todo, el sol insiste en salir cada mañana, como si no supiera
que a veces no tenemos fuerzas para mirarlo.
Canto porque callar sería traición,
porque cada palabra es una grieta en la soledad, y cada verso, una mano tendida.
Canto porque tú,
aunque estés lejos,
siempre vuelves en el eco de mis cantares.
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