Cántico a la muerte

pumuki

Poeta asiduo al portal
Sus cuchillos se clavaron en mí
hirientes de pena, agonizantes de muerte
jalonan mis venas y mis arterias, la sangre arde
la hemorragia me viste con un traje carmesí.

Las lágrimas tiñosas amargas
resbalan sobre mi lóbrega cara
dejando tras sí un curioso meandro suicida
que se lanzaba por debajo de la barbilla.

Lloraba cera la tenue vela
desconsolada y solitaria candela
que prende mis penas y mis ansias
borrando tras su paso mil sonrisas.

Seccionaba en silencio las miradas
de las retinas mortuorias y vidriosas
el alma arrepentida y consumida
de la que se confiesa en esta poesía.

Ardían con bullicio los puñales malos
en el efervescente e inmundo Tártaro
casa de las almas perdidas años
atrás en la historia del pecado.

Cráneos llenos de pesado vacío
olor a podrido y viejo frío;
huesos frescos por el rocío
enterrados allí desde hace siglos.

Puerto abandonado en la niebla
atracan sus barcos en la negra marea
pescadores fantasmas van a la faena
en un pequeño barco de madera.

Los pasos lejanos del tiempo aprietan
y nadie nunca los recuerda,
la madre de los fines celestiales espera
en un lugar donde el horizonte cesa.

El minutero agoniza, el segundero sangra
por nariz, oídos, uñas, ojos y boca;
el pañuelo de la consolación implora
que, por fin, se pare el transcurrir de las horas.

Sangría humana, holocausto de pueblo
que mata de melancolía mis versos
como los emparedados judíos
malparados pero bendecidos.

Hecatombe, cataclismo, catástrofe;
pests y hambruna, falta de fe.
Dáctilo y espondeo, acentos del elegante
que llaman a la muerte galante y valiente.
 
Un poema que te hace vivir cada dolor como propio por las bien logradas imágenes que has dibujado en el. Triste cántico a la muerte, pero exquisitamente elaborado, me gustó mucho venir a leerte.
Estrellas y un beso
 
Imagenes escritas con una pluma fria...
El dolor impregnado en cada verso,
sufrimiento que has hecho parte de ti...
Las punzadas de la muerte que se acerca lentamente.
Muy buenos versos,un placer leerte.
Saludos.

NOTA: La muerte solo es el comienzo.
 
Sus cuchillos se clavaron en mí
hirientes de pena, agonizantes de muerte
jalonan mis venas y mis arterias, la sangre arde
la hemorragia me viste con un traje carmesí.

Las lágrimas tiñosas amargas
resbalan sobre mi lóbrega cara
dejando tras sí un curioso meandro suicida
que se lanzaba por debajo de la barbilla.

Lloraba cera la tenue vela
desconsolada y solitaria candela
que prende mis penas y mis ansias
borrando tras su paso mil sonrisas.

Seccionaba en silencio las miradas
de las retinas mortuorias y vidriosas
el alma arrepentida y consumida
de la que se confiesa en esta poesía.

Ardían con bullicio los puñales malos
en el efervescente e inmundo Tártaro
casa de las almas perdidas años
atrás en la historia del pecado.

Cráneos llenos de pesado vacío
olor a podrido y viejo frío;
huesos frescos por el rocío
enterrados allí desde hace siglos.

Puerto abandonado en la niebla
atracan sus barcos en la negra marea
pescadores fantasmas van a la faena
en un pequeño barco de madera.

Los pasos lejanos del tiempo aprietan
y nadie nunca los recuerda,
la madre de los fines celestiales espera
en un lugar donde el horizonte cesa.

El minutero agoniza, el segundero sangra
por nariz, oídos, uñas, ojos y boca;
el pañuelo de la consolación implora
que, por fin, se pare el transcurrir de las horas.

Sangría humana, holocausto de pueblo
que mata de melancolía mis versos
como los emparedados judíos
malparados pero bendecidos.

Hecatombe, cataclismo, catástrofe;
pests y hambruna, falta de fe.
Dáctilo y espondeo, acentos del elegante
que llaman a la muerte galante y valiente.

Hay Pumuki que me dieron hasta escalofrios realmente senti ese cantico a la muerte perplejo en mi vaya manera de escribir me he quedado admirado por tu poesia este canto a la tristeza tan maravilloso saludos poetisa y besos.
 
Me ha encantado tu poema, pumuki. Muchas metáforas lo hermosean, dando una prueba de la gran creatividad y calidad poética que tienes. Felicidades. Ha sido un placer leerte. Besos.
 
Sus cuchillos se clavaron en mí
hirientes de pena, agonizantes de muerte
jalonan mis venas y mis arterias, la sangre arde
la hemorragia me viste con un traje carmesí.

Las lágrimas tiñosas amargas
resbalan sobre mi lóbrega cara
dejando tras sí un curioso meandro suicida
que se lanzaba por debajo de la barbilla.

Lloraba cera la tenue vela
desconsolada y solitaria candela
que prende mis penas y mis ansias
borrando tras su paso mil sonrisas.

Seccionaba en silencio las miradas
de las retinas mortuorias y vidriosas
el alma arrepentida y consumida
de la que se confiesa en esta poesía.

Ardían con bullicio los puñales malos
en el efervescente e inmundo Tártaro
casa de las almas perdidas años
atrás en la historia del pecado.

Cráneos llenos de pesado vacío
olor a podrido y viejo frío;
huesos frescos por el rocío
enterrados allí desde hace siglos.

Puerto abandonado en la niebla
atracan sus barcos en la negra marea
pescadores fantasmas van a la faena
en un pequeño barco de madera.

Los pasos lejanos del tiempo aprietan
y nadie nunca los recuerda,
la madre de los fines celestiales espera
en un lugar donde el horizonte cesa.

El minutero agoniza, el segundero sangra
por nariz, oídos, uñas, ojos y boca;
el pañuelo de la consolación implora
que, por fin, se pare el transcurrir de las horas.

Sangría humana, holocausto de pueblo
que mata de melancolía mis versos
como los emparedados judíos
malparados pero bendecidos.

Hecatombe, cataclismo, catástrofe;
pests y hambruna, falta de fe.
Dáctilo y espondeo, acentos del elegante
que llaman a la muerte galante y valiente.

Disfrute deslizarme por tu escrito; La Muerte mi prenda amada, la que me hace vibra si llega de madrugada.

Es el simbolo de la trasendencia e inmortalidad y parese paradoja pero los mortales no lo entiende, solo los vampiros inmortales como yo lo entendemos.

no es tragedia la muerte, es nuestra bien amada.

placer lerte y lindo escrito llene de sangre y reclamo.

Felicidades, te seguire leyendo.
 
Sus cuchillos se clavaron en mí
hirientes de pena, agonizantes de muerte
jalonan mis venas y mis arterias, la sangre arde
la hemorragia me viste con un traje carmesí.

Las lágrimas tiñosas amargas
resbalan sobre mi lóbrega cara
dejando tras sí un curioso meandro suicida
que se lanzaba por debajo de la barbilla.

Lloraba cera la tenue vela
desconsolada y solitaria candela
que prende mis penas y mis ansias
borrando tras su paso mil sonrisas.

Seccionaba en silencio las miradas
de las retinas mortuorias y vidriosas
el alma arrepentida y consumida
de la que se confiesa en esta poesía.

Ardían con bullicio los puñales malos
en el efervescente e inmundo Tártaro
casa de las almas perdidas años
atrás en la historia del pecado.

Cráneos llenos de pesado vacío
olor a podrido y viejo frío;
huesos frescos por el rocío
enterrados allí desde hace siglos.

Puerto abandonado en la niebla
atracan sus barcos en la negra marea
pescadores fantasmas van a la faena
en un pequeño barco de madera.

Los pasos lejanos del tiempo aprietan
y nadie nunca los recuerda,
la madre de los fines celestiales espera
en un lugar donde el horizonte cesa.

El minutero agoniza, el segundero sangra
por nariz, oídos, uñas, ojos y boca;
el pañuelo de la consolación implora
que, por fin, se pare el transcurrir de las horas.

Sangría humana, holocausto de pueblo
que mata de melancolía mis versos
como los emparedados judíos
malparados pero bendecidos.

Hecatombe, cataclismo, catástrofe;
pests y hambruna, falta de fe.
Dáctilo y espondeo, acentos del elegante
que llaman a la muerte galante y valiente.

Muy buena descripcion para la muerte mas que un cantico es la forma que toma la muerte ante tus ojos ...
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba