Sira
Poeta fiel al portal
Cánticos de sirena
Así es;
puedo escucharlos.
Todavía puedo oír
tus distantes cánticos.
Escucho tu voz de sirena
que, acariciante y artera,
aún me susurra durante
mis largas noches en vela.
Y me pregunto a menudo,
con sorna marrullera,
cuando desaparecerá
este dolor sordo y agudo
que me abruma y anega
junto a tus cantos venenosos.
Qué resurgimiento tan curioso...
¿Será que acaso quieres saberlo,
aun después de tanto tiempo,
mi agridulce amor perdido?
¿Seguro que deseas oírlo
a pesar de todo lo sucedido
de mis labios secos y heridos,
mordaces y desdeñosos?
No te perdoné entonces
y temo que ahora tampoco.
Ya que el precio a pagar
por aquel pedazo de mi alma,
irremisiblemente perdida y abatida,
jamás podrás compensarlo;
ni con todas tus triviales,
falaces disculpas vacías.
Así es;
puedo escucharlos.
Todavía puedo oír
tus distantes cánticos.
Escucho tu voz de sirena
que, acariciante y artera,
aún me susurra durante
mis largas noches en vela.
Y me pregunto a menudo,
con sorna marrullera,
cuando desaparecerá
este dolor sordo y agudo
que me abruma y anega
junto a tus cantos venenosos.
Qué resurgimiento tan curioso...
¿Será que acaso quieres saberlo,
aun después de tanto tiempo,
mi agridulce amor perdido?
¿Seguro que deseas oírlo
a pesar de todo lo sucedido
de mis labios secos y heridos,
mordaces y desdeñosos?
No te perdoné entonces
y temo que ahora tampoco.
Ya que el precio a pagar
por aquel pedazo de mi alma,
irremisiblemente perdida y abatida,
jamás podrás compensarlo;
ni con todas tus triviales,
falaces disculpas vacías.
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