emiled
Poeta adicto al portal
Canto a la poesía
Un humilde homenaje
I-
Si pudiera, con humildad e inocencia,
guardar en los recuerdos de tu delicada belleza;
¡Sería como Febo, dios poeta y músico,
pero tú serás como el sol que irradia esta hermosa mañana!
Por las tardes, cuando el sol otoñal
aún brinda en los campos sus celestiales luces,
eres tú como una alocada y espléndida estrella
que animas grácilmente la grisácea bóveda.
Y después, cuando el sol se oculta entre las brumas
y da paso a la luna, igual a ti en belleza,
recorres feliz la ciudad como si un campo fuera;
como si el mundo estuviera hecho para tu dulzura.
Y así, recostada en la mas lejana estrella te veo,
y hacia la Tierra me envías un fulgor de otoño.
A veces te escondes en tu graciosa desnudez;
y eres como una niña caprichosa, yo un pájaro risueño.
Y pasan los días, se suceden las mañanas,
pero al verte nunca varían los cantos de las aves.
Porque es tu rostro como una esfera irradiante;
y a tu belleza le sonríen las tardes y las albas.
Es el sólo hecho de antaño de verte pasar.
¿Cómo explicar en pobres palabras, en poemas grises
maltrechos, y en versos pretenciosos,
tu belleza tan espléndida, digna de ángeles?
No importa que no seas para mí, estrella del alba;
Sigue tu curso, como un río que desemboca en el mar.
¡Si eres hermosa, como aquella estrella alejada,
como el mismo sol en la elevada y hermosa primavera!
II-
Cuando estrepitoso se arrebuje el mar entre nosotros,
y cuando se extinga el fulgor último del cielo,
¡Mi esperanza, belleza tan lejana! Pensaré en ti;
Y el viento, envuelto en dicha, sonreirá a lo lejos.
Un humilde homenaje
I-
Si pudiera, con humildad e inocencia,
guardar en los recuerdos de tu delicada belleza;
¡Sería como Febo, dios poeta y músico,
pero tú serás como el sol que irradia esta hermosa mañana!
Por las tardes, cuando el sol otoñal
aún brinda en los campos sus celestiales luces,
eres tú como una alocada y espléndida estrella
que animas grácilmente la grisácea bóveda.
Y después, cuando el sol se oculta entre las brumas
y da paso a la luna, igual a ti en belleza,
recorres feliz la ciudad como si un campo fuera;
como si el mundo estuviera hecho para tu dulzura.
Y así, recostada en la mas lejana estrella te veo,
y hacia la Tierra me envías un fulgor de otoño.
A veces te escondes en tu graciosa desnudez;
y eres como una niña caprichosa, yo un pájaro risueño.
Y pasan los días, se suceden las mañanas,
pero al verte nunca varían los cantos de las aves.
Porque es tu rostro como una esfera irradiante;
y a tu belleza le sonríen las tardes y las albas.
Es el sólo hecho de antaño de verte pasar.
¿Cómo explicar en pobres palabras, en poemas grises
maltrechos, y en versos pretenciosos,
tu belleza tan espléndida, digna de ángeles?
No importa que no seas para mí, estrella del alba;
Sigue tu curso, como un río que desemboca en el mar.
¡Si eres hermosa, como aquella estrella alejada,
como el mismo sol en la elevada y hermosa primavera!
II-
Cuando estrepitoso se arrebuje el mar entre nosotros,
y cuando se extinga el fulgor último del cielo,
¡Mi esperanza, belleza tan lejana! Pensaré en ti;
Y el viento, envuelto en dicha, sonreirá a lo lejos.
:: jijiji.. yomi yomi!! ::
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