Bartleby - el alegre
Poeta recién llegado
Canto a la vida
El amor que se comparte,
el amor que no nace,
la vida es hermosa,
es extraña, es confusa,
los latidos de mi corazón
están acelerados,
el vino, la cocaína, la cafeína,
el solsticio de invierno
que atraviesa el ecuador
de mis sueños frágiles
y calientes, tengo
la sensación de ser un tigre
de bengala que trota
alrededor de un arrecife
y bebe junto a las cañas altas.
Que será de los países donde anduve,
de los mercados y de la mujer
con la que tenía de la mano,
¿habrá cumplidos sus sueños?
¿Se habrá vuelto loca como Medusa?
Una lágrima que no cae al suelo,
que se desliza por el pecho
y deja cicatrices, una noche dura,
donde te rompen el corazón
y te roban el dinero de los bolsillos,
las farolas tipo Vincent Van Gogh,
el silencio de alguien que
te pide guardar silencio
por que quiere dormir su último sueño.
Ya está muerto.
Muerto como el Estado.
Muerto como el espíritu de guerra.
Muerto como el que se despierta solo
en su lado de la cama
y sin sueños.
La vida mística, misteriosa,
de aguas continentales,
de un sol de primavera,
de generaciones intermitentes
e interminables,
quien no lee no sabe,
quien no camina no corre,
quien no ve el cielo no sabe de distancias.
Estamos cerca amor mío,
alma de fuego, corazón de oro
subrepticio en los riachuelos,
tu rostro dulce olor a menta suave,
y algarrobos sin aroma de dureza,
te amo,
te amo por qué te encontré
y te tuve y te fuiste.
La felicidad se alimenta de dolor
y luz y muchos pasos,
muchos años y mucha juventud.
La mitad de mi vida la he pasado
borracho y triste,
con libros, como diría mi padre,
no sirven de nada,
pensando en que es el amor,
como se sentirá,
hasta que llegó y se siente muy bien.
Vale la pena todo,
vale la pena la vida.
El amor que se comparte,
el amor que no nace,
la vida es hermosa,
es extraña, es confusa,
los latidos de mi corazón
están acelerados,
el vino, la cocaína, la cafeína,
el solsticio de invierno
que atraviesa el ecuador
de mis sueños frágiles
y calientes, tengo
la sensación de ser un tigre
de bengala que trota
alrededor de un arrecife
y bebe junto a las cañas altas.
Que será de los países donde anduve,
de los mercados y de la mujer
con la que tenía de la mano,
¿habrá cumplidos sus sueños?
¿Se habrá vuelto loca como Medusa?
Una lágrima que no cae al suelo,
que se desliza por el pecho
y deja cicatrices, una noche dura,
donde te rompen el corazón
y te roban el dinero de los bolsillos,
las farolas tipo Vincent Van Gogh,
el silencio de alguien que
te pide guardar silencio
por que quiere dormir su último sueño.
Ya está muerto.
Muerto como el Estado.
Muerto como el espíritu de guerra.
Muerto como el que se despierta solo
en su lado de la cama
y sin sueños.
La vida mística, misteriosa,
de aguas continentales,
de un sol de primavera,
de generaciones intermitentes
e interminables,
quien no lee no sabe,
quien no camina no corre,
quien no ve el cielo no sabe de distancias.
Estamos cerca amor mío,
alma de fuego, corazón de oro
subrepticio en los riachuelos,
tu rostro dulce olor a menta suave,
y algarrobos sin aroma de dureza,
te amo,
te amo por qué te encontré
y te tuve y te fuiste.
La felicidad se alimenta de dolor
y luz y muchos pasos,
muchos años y mucha juventud.
La mitad de mi vida la he pasado
borracho y triste,
con libros, como diría mi padre,
no sirven de nada,
pensando en que es el amor,
como se sentirá,
hasta que llegó y se siente muy bien.
Vale la pena todo,
vale la pena la vida.