Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
CANTO A UN NIÑO QUE LLORA.
Ya no le baña la cara
el agua del rocío
que son lágrimas de mares
por un amor sentido.
Se le encoje el corazón
y sus ojillos marrones
se nublan de pasiones
de lo que no ha vivido.
Y con la luz del alma
alumbra el camino
que le devuelva al recuerdo
de la prima que le robo el sentido.
Reza un fandango su pena
se lleno el aire de encanto
al remanso de una guitarra
le brota de la boca un canto:
Porque venía yo soñando
al verso por unos luceros
de ojos tiernos, amor colgado
y en el mecer de la luna
se me fue durmiendo el llanto.
Al llorar por mi querer
te despertará el día
que de río bañe tus pies
y digas:
Aquel enamorado
de amor
al jardín de mí planta
me está regando.
Que se quedo el cariño mío
prendido en tu fuente, al alba
bella el torrente que amamantaba
la locura de su amorío.
Niño llorando
vagabundo de caminos
en el destino, a tierra y estrella,
te estás muriendo por ella.
Y le pide al divino
que sino le ha querido
por lo menos
que no le eche en el olvido.
Pañuelo es la noche
secante el aire apresa
la ilusión que quedó presa
en la boca sin su beso.
Si al corazón te llega
que no te llegue por bulerias,
es fandango de pena
de la pena del alma mía.
Juan José Marin.
Ya no le baña la cara
el agua del rocío
que son lágrimas de mares
por un amor sentido.
Se le encoje el corazón
y sus ojillos marrones
se nublan de pasiones
de lo que no ha vivido.
Y con la luz del alma
alumbra el camino
que le devuelva al recuerdo
de la prima que le robo el sentido.
Reza un fandango su pena
se lleno el aire de encanto
al remanso de una guitarra
le brota de la boca un canto:
Porque venía yo soñando
al verso por unos luceros
de ojos tiernos, amor colgado
y en el mecer de la luna
se me fue durmiendo el llanto.
Al llorar por mi querer
te despertará el día
que de río bañe tus pies
y digas:
Aquel enamorado
de amor
al jardín de mí planta
me está regando.
Que se quedo el cariño mío
prendido en tu fuente, al alba
bella el torrente que amamantaba
la locura de su amorío.
Niño llorando
vagabundo de caminos
en el destino, a tierra y estrella,
te estás muriendo por ella.
Y le pide al divino
que sino le ha querido
por lo menos
que no le eche en el olvido.
Pañuelo es la noche
secante el aire apresa
la ilusión que quedó presa
en la boca sin su beso.
Si al corazón te llega
que no te llegue por bulerias,
es fandango de pena
de la pena del alma mía.
Juan José Marin.
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